Cultura

La última y nos vamos

Por: Juan José Lara Ovando

México, Reino Unido, Taiwán, Suecia-Dinamarca y Francia son los países de donde proceden las últimas seis películas que cerraron la 55 Muestra Internacional de Cine. Dos veces suena el nombre de nuestro país aquí, y cuatro veces entre 18 películas resulta inusitado, pero lo mejor de ello es que todas las ocasiones se vio muy bien, lo cual resulta todavía más maravilloso; aunque hay una cinta un poco menor que las demás, se sostiene en el nivel promedio y resulta más que aceptable en esta tercera y última entrega sobre la Muestra 55.

Después de la excelente cartelera de la semana anterior -como ya comentábamos-, en esta el nivel difícilmente se podría mantener igual; mas, aun con eso, sostuvo el interés a lo largo de la semana, que inició con Las horas muertas, segundo filme del mexicano Aarón Fernández, cuya película anterior Partes usadas (07) llegó a tener exhibición comercial y éxito de crítica, además de que incluyó una de las últimas apariciones del joven actor Alan Chávez (+). Si bien es uno de los filmes menos elogiados internacionalmente, obtuvo un reconocimiento de valía en la sección En construcción, del Festival de San Sebastián (13), por lo que fue cofinanciada por España y Francia. La historia es muy simple y disfrutable: en un pequeño motel de la costa veracruzana, un chico queda a cargo de la administración, pues su tío -el patrón- tiene que viajar. En el hastío de las tardes y con tan poca ocupación, se detiene a observar lo que sucede con los huéspedes, entre ellos una chica (que trabaja en la zona temporalmente), quien -a su vez- tiene que esperar por largas horas a que llegue su novio, que suele atrasarse por el trabajo o su familia. Juntos empiezan a matar las horas de espera y surge una relación que ambos saben que sólo puede ser pasajera. Sin intención de crear drama ni crear una situación histriónica, la película nos hace reflexionar, sin sujetarnos a valoraciones, respecto a la forma en que surgen las relaciones en medio de la nada.

Barberian sound studio llamada extrañamente (como lo es la película, extraña), La inquisición del miedo es, coincidentemente, también la segunda película del director británico Peter Strickland; mas, a diferencia de la anterior, nos muestra cómo se manipula al espectador y se le provoca miedo. La historia recrea el cine de terror de las películas italianas de los 70, lo que se llamó el cine giallo, que tuvo por mayor representante a Dario Argento y su clásico film Suspiria (77). Era un cine muy sencillo pero muy sorpresivo, creado casi todo a base de posproducción en estudio. Eso es lo que vemos en esta cinta, en la que un sonidista inglés es contratado para trabajar en la filmación de una película en Roma. El motivo de la cinta es que pone ante nuestros ojos cómo se manipula -pero en ello muestran las diferencias culturales entre italianos e ingleses- la forma de hacer cine, las técnicas utilizadas y el infierno que se crea en un set. Es de lo menor de la Muestra, pero no cabe duda que nos deja un poco en qué entretenernos.

Perros perdidos es el filme más reciente del laureado y reconocido Tsai Ming-liang (¿Qué hora es allá, 01 y El sabor de la sandía, 05) y ganadora del Gran premio del jurado del Festival de Venecia (13). También es un filme muy extraño, pero a la vez muy bello; es muy visual, casi contemplativo, con escenas verdaderamente extensas, pero que no cansan. Se convierte casi en una obra plástica que podría exponerse en un museo. En la cinta, por la ciudad de Taipei deambula una familia que vive en la calle, inmersa en la pobreza que, más que extrema, es marginal. Sin esperar solución alguna y sabiendo que las cosas no van a cambiar, tampoco son capaces de generar una emoción a alguien, aunque tal vez sí entre ellos. La propuesta narrativa del director está bien lograda pero difícilmente puede ser recuperada al grado que él mismo manifestó, al decir que no podrá filmar otra cinta como ésta, que no interesa a los estudios, ni productores. Lo que sí podemos decir es que se trata de un filme único y bello.

¡Somos lo mejor!, La cinta más reciente del director sueco Lukas Moodyson, está lejos de ser lo mejor de su producción, pero sí es una cinta fresca y disfrutable sobre la efervescencia adolescente. A inicios de los 80, en Estocolmo, un par de chicas de secundaria se declaran punks y quieren crear su banda musical; la película cuenta esos avatares, que en verdad son adorables, pues su energía es devastadora, nada las detiene y usan su cultura de manera arrojada, pues no tienen la más mínima idea de lo que llegan a decir; sin embargo, su fuerza hace que vayan avanzando en lo suyo, lo que incluye la adhesión de una tercera integrante. Disfrutable por lo juvenil, incluso más que por la época.

Los canallas, que vuelve a un punto muy alto a la Muestra y prepara su cierre, es la cinta más reciente de la prestigiada directora francesa Claire Denis, y que -como todo lo de ella- es demoledora: cuenta una auténtica pesadilla que sólo tiene por salida la venganza. Un capitán naval se da de baja para atender a su hermana y sobrina (la primera, viuda; la segunda, en un psiquiátrico después de vagar desnuda en medio de la calle) luego que su padre se suicida; el motivo: una deuda con un socio vengativo. ¿Dónde atacará el capitán? En lo que más quiere el enemigo: su amante y su hijo. Una cinta verdaderamente visceral, alejada de convencionalismos. El panorama de todos los personajes es desolador y el temple de la directora, duro y genial, como siempre.

 

El cierre va por parte de la cinta más reciente (la tercera, después de Temporada de patos, 04, y Lake Tahoe, 08, ambas ganadoras del Ariel a Mejor película) del director mexicano Fernando Eimbcke, también muy premiado nacional e internacionalmente. Como siempre, Eimbcke vuelve a hacer constar que no se necesita una gran historia, sino pequeñas anécdotas que pueden convertirse en buenos guiones contados con naturalidad; eso hace que esta historia mínima se llene de encanto solamente con las cuestiones anodinas que suceden en las vacaciones de una madre y su hijo en la playa, personajes que pasan del aburrimiento familiar al deseo del crecimiento y la pérdida de la inocencia, cuando aparece una adolescente que también está despertando a la sexualidad. De los tres personajes, uno sale sobrando y la colisión resulta dolorosa. Una disfrutable, jocosa y bella cinta en la que parece que ingresamos a las interioridades de los personajes, tal como nos sucedió a nosotros cuando nos enamoramos por primera vez. Muy merecedora del Premio al Mejor director en San Sebastián (13) y un excelente papel del cine mexicano.


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