Cultura

Las sexy comedias del cine mexicano

Por: Juan José Lara Ovando

A Paula Klein y Manuel Basaldúa por darme la oportunidad de referirme a este tema

Seguramente ha escuchado del cine de albures o del de ficheras, posiblemente llegó a ver títulos de películas como: Los verduleros del amor o tal vez, Futbol de alcoba o en su caso, Las calenturas de Juan Camaney o ya de perdis, Picardía mexicana, La pulquería o La corneta de mi general, es decir, la cultura popular en su mínima expresión, pero divertida y sobre todo, candente tanto en la amistad, el barrio, como en el trato cotidiano, incluido el amor y el sexo, todo ello expresado a través de la riqueza del lenguaje, de un modo simple y festivo, nada elegante.

A mucha gente le causaron pena estos títulos y desdeñaron ese tipo de cine, lo que era muy razonable ya que artísticamente tenía muy poco valor y su objetivo era meramente comercial, se trataba de un producto ligero, sencillo y espontáneo, se filmaba en dos o tres semanas con un presupuesto mínimo, casi siempre en locaciones exteriores (no en estudios) y con un reparto conformado por dos grupos, el principal era un equipo de actores de comedia, fundamentalmente de extracción teatral, muchos de ellos provenientes de las carpas; el segundo grupo estaba conformado por vedettes, es decir, actrices que lucían por mostrarse en una actividad como el baile, la cantada o el sketch cómico acompañadas de su figura envuelta en pocos paños o sin ninguno. El primer grupo estaba compuesto de hombres y el segundo de mujeres.

De estos dos grupos que componían el reparto, el principal era el de actores ya que en ellos se sostenía la trama, el segundo grupo era un acompañamiento, aunque no podía existir una película de este tipo faltaban ellas. Pero eran los actores los que daban vida a estas cintas, que en mucho trataban historias de machos que independientemente de la actividad que tuvieran: cantineros, borrachos, boxeadores, cuates del barrio, marchantes del mercado, mariachis, albañiles, burócratas, profesores, léperos, mafiosos, ladrones, pandilleros, niños popis, padrotes, meseros, homosexuales, travestis o cualquier otro bueno para nada, en lo que sí se distinguían era en el sexo, todos eran maestros haciendo el amor y competían en conquistas a pesar de su falta de galanura. Imagínense a Alfonso Zayas, el galán por excelencia en estos filmes, aunque le competían muy de cerca: Rafael Inclán, Alberto “El caballo” Rojas, Luis de Alba, Manuel “El flaco” Ibáñez, Eduardo de la Peña “El mimo”, Raúl Padilla “Chóforo” y por si fuera poco hasta René Ruiz “Tun tun” y Agustín García “Borolas”, que en realidad lo que no tenían de galanes lo tenían de improvisadores y nunca les faltaba cuerda para sacar adelante escenas con guiones simplones o prácticamente sin ellos.

Lo que caracteriza a una obra cinematográfica –a nivel general– es que cree un lenguaje, una forma de expresión, para ello requiere dos cosas mínimas: un guión y un montaje. Las sexy comedias no contaban con ninguna de las dos, su guión era meramente un argumento, es decir, una idea general y el montaje era muy pobre, las películas se grababan de corrido, repitiendo muy pocas escenas por lo que se construía poco. Además, si los actores eran sobresalientes para este tipo de trabajo, las mujeres aportaban muy poco a nivel de actuación, las líneas de Lyn May o La princesa Lea, de Rossy Mendoza, Claudia Cardinal y hasta Maribel Guardia eran terribles (mejor verlas y que hablaran poco), tal vez por eso se destacaron Angélica Chaín y Sasha Montenegro, mínimamente podían leer entonaditas sus líneas. Por supuesto las mejores actrices eran las que se salvaban del rol tradicional de sufridas y hacían lo mismo que los hombres, ser valedoras y disfrutar de la vida, aunque eso se remitía solamente a Carmen Salinas “La corcholata” y Maribel Fernández “La pelangocha”.

Las sexy comedias son las películas que imperaron en los años 80, la década más pobre en la historia del cine mexicano (y tal vez en todo), no era un cine de ficheras (éste se caracterizó solamente por dos filmes: Bellas de noche y Las ficheras, ambas de Delgado, del 75 y 77) por lo que no se ubicaba solamente en el cabaret, sino en múltiples lugares populares: las calles, el mercado, la cantina o la pulquería, el barrio, la vecindad, en ocasiones las canchas llaneras, los parques, los gimnasios o baños y hasta la playa (casi imposible, la escuela) y siempre en la ciudad de México, ocasionalmente en algún sitio fronterizo o en Acapulco. El director más prolífico y posiblemente de más brillo fue Víctor Manuel “El güero” Castro, además de Agustín Martínez Solares (menos efectivo que el anterior).

Los juegos de palabras o albures son pieza fundamental y eso al paso de los años les da cierta validez, pues no se ven tan groseras, ni tan vulgares sino ingeniosas. Su intención fue divertir y lo lograron, pues fuera del presupuesto oficial que asignaba Margarita López Portillo a la producción del cine, las sexy comedias lograron ser taquilleras y llenar por última vez esas viejas y gigantes salas de más de mil o hasta dos mil butacas, por lo mismo ocupan un lugar en la historia del cine mexicano, hoy las puede ver en la televisión en horarios nocturnos, no las deseche por inercia, chéquelas, muchas valen la pena y a casi 30 años de distancia tal vez ya no tengan la clasificación de churros, que entonces se les dio.

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