Cultura

Las voces de los ausentes claman justicia

En México los periodistas no mueren por fuego cruzado, los asesinos van a su casa por ellos. Como dice el narrador del filme: En México es más peligroso investigar un asesinato que cometerlo.

Protejamos al otro para protegernos

Víctor López Jaramillo

Héctor, Alicia, Juan Carlos, Leobardo, José Gerardo, Gumaro, Edgar Daniel, Cándido, Luciano, Edwin, Salvador, Jonathan, Javier, Filiberto, Juan José, Maximino, Miroslava, Ricardo, Cecilio, Carlos Alberto, Jesús Adrián, Aurelio, Agustín, Pedro, Salvador, Elidio, Samira, Manuel Santiago, Francisco, Moisés, Anabel, Reynel, Marcos, América, Aurelio, José Joaquín, David Alonso, Eduardo, Juan Heriberto, Juan Manuel, Adrián, Rubén, Edgar, Juan, Filadelfio, Gerardo, Ismael, Armando, Abel Manuel, Jesús, Jazmín, Moisés.

En tres años, 49 periodistas asesinados por su labor. Las cifras de México superan las de los países que están en guerra. ¿Acaso México también lo está? Entre 2015 y 2018 se asesinaron a los protagonistas del documental ‘No se mata la verdad matando periodistas’. Ellos denunciaron en vida la violencia del país que carece de Estado y su muerte confirmó la podredumbre que carcome México.

No fueron accidentes sino asesinatos con un motivo en común: callar las voces que se atreven a ser críticas en una nación donde no se quiere hablar de la guerra del narcotráfico, de la corrupción de los gobernantes; en fin, de cualquier cosa que resulte ser incomoda. En México te matan por ser periodista, por escribir la verdad.

El documental se presentó este 7 de junio en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UAQ, día establecido en 1951 por el presidente Miguel Alemán Valdés para “celebrar” la libertad de expresión; en los hechos, era un día para que los medios aliados del sistema recibieran su mal habido “chayote”.

En el día donde el mito de la libertad de expresión se ve ensombrecido por seis asesinatos de periodistas en lo que va del año, se evidencia que no existen motivos para congratularse.

El filme, cuya producción estuvo realizada por Ojos de Perro vs la Impunidad, es una respuesta y un grito de “¡Ya basta!”. El hartazgo de muerte se siente, se vive y se teme.

La estructura de la cinta es clara: los testimoniales de los periodistas que hablan sobre la persecución y la censura que viven en distintos estados del país, las amenazas, torturas y levantamientos que conforman la cotidianidad y muestras del trabajo que realizan en medio de balaceras y sentencias de muerte declaradas.

Es un estado de guerra contra la prensa mexicana. Avanza la cinta y cada uno de los protagonistas deja de aparecer para dar paso a la crónica de su infame asesinato. Los autores intelectuales: el crimen organizado, los políticos corruptos y cualquiera que se incomode con la letra o la imagen crítica.

Algunos de ellos, como Rubén Espinoza, presienten su muerte. En su imaginario, escapa a la capital donde ni la austeridad ni el bajo perfil lo salvan de la mano de los asesinos, de quien ejecuta la orden y del autor intelectual.

En este país los periodistas no mueren por fuego cruzado, los asesinos van a su casa por ellos. Como dice el narrador: En México es más peligroso investigar un asesinato que cometerlo.

Las voces de los que ya no están claman por justicia, su trabajo cuenta la historia del periodismo que les costó la vida.

Como periodistas se debe seguir con la escritura, hay que sacar la nota, publicar la fotografía, proteger a los compañeros y alzar la voz. La verdad no muere con el periodista, la verdad permanece en las letras, en las imágenes que siguen la historia.

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