Cultura

Laudería en el INBAL: mitos y realidades

Por: Joaquín Antonio Quiroz Carranza

PARA DESTACAR: La Escuela de Laudería del INBAL, parece una isla fija en el tiempo y el espacio, un nicho donde se teme a la innovación, a la investigación científica y las grandes áreas de oportunidad parecen no importarles a sus funcionarios.

La construcción de instrumentos musicales clásicos, denominada en México laudería, es un oficio cuyas técnicas fueron importadas de Europa durante los procesos de colonización de la Nueva España. En 1524 se fundó la primera escuela de artes y oficios del Nuevo Mundo difundiéndose las formas y procedimientos europeos para la construcción de instrumentos musicales.

En la actualidad los constructores de instrumentos populares, como la jarana, aprenden generalmente de forma tradicional, probando e incorporando maderas, resinas, colorantes y fibras de origen local, mientras que en la Escuela de Laudería del INBAL se profundiza el modelo de enseñanza Prusiano, la repetición de planos y procedimientos definidos en la Europa del siglo XVIII, sin mayor creatividad e innovación.

La Escuela de Laudería del Inbal, como se mencionó en Tribuna de Querétaro número 796 (29 de junio 2016), presenta fallas de diversa magnitud, por su parte el inmueble que ocupa, el cual se arrenda a un particular, tiene deficiencias significativas en las condiciones de seguridad e higiene; por otra parte hay incumplimiento en las funciones sustantivas de su profesorado.

Esta situación deriva del desinterés por lograr una mejora continua. Así, mientras que en otras instituciones de educación superior de México se brega por innovar e integrar el caudal de propuestas pedagógicas de vanguardia, la Escuela de Laudería se encuentra sumergida copiando las técnicas y procedimientos europeos del siglo XVIII.

Los grandes constructores de instrumentos musicales clásicos como Guarnerí de Gesu, Stradivari y otros, lograron su maestría gracias a que se atrevieron y arriesgaron, innovaron e investigaron las características y propiedades de materiales locales y foráneos, desarrollaron nuevas técnicas y formas, logrando la construcción de instrumentos musicales de gran calidad tonal, belleza y durabilidad.

Pero, la Escuela de Laudería del INBAL, parece una isla fija en el tiempo y el espacio, un nicho donde se teme a la innovación, a la investigación científica y las grandes áreas de oportunidad parecen no importarles a sus funcionarios locales y centrales, así como a la mayoría de sus profesores y alumnos.

La calidad tonal, la belleza y durabilidad de un instrumento, no es algo que surja al azar, o que pueda dejarse a la “iluminación”, es el resultado del conocimiento científico de las propiedades anatómicas, físicas, mecánicas y acústicas de las maderas, de las técnicas constructivas y de las características de los materiales que contribuyen a la preservación de la madera y de su acabado.

La Escuela de Laudería adolece los problemas de la educación en México, pero potenciados por la inoperancia de sus funcionarios locales y centrales, quienes prefieren no moverse, para, como se dice en el argot político, “salir en la foto” y conservar sus empleos.

La mayoría de los profesores de esa institución no cumplen con las funciones sustantivas de los docentes en la educación superior: enseñanza, investigación, difusión y vinculación, y los alumnos no son estudiantes, es decir no estudian y por ende no construyen conocimiento significativo, dando como resultado que su nivel de egreso no cumple lo requisitos de una licenciatura sino los de un oficio artesanal.

De la Escuela de Laudería, han egresado algunos buenos lauderos, mismos que reconociendo las fallas estructurales de la institución han buscado nuevos horizontes de formación para poder contribuir significativamente con la Laudería mexicana, pero ellos están fuera del modelo oficial, y probablemente hubieran sido buenos aún sin cursar la licenciatura en laudería, es decir el impacto de la Escuela de Laudería del INBAL sobre los índices de creación artística en México no son significativos, y sí se decretara su clausura no representaría ninguna pérdida para el ambiente cultural de nuestro país.

Los instrumentos musicales, construidos en la Escuela de Laudería a lo largo de sus casi 30 años de existencia, no tienen una presencia significativa entre los músicos y orquestas de México, tanto del sector público como privado, siendo los de origen chino, europeo y norteamericano, los que prevalecen en el mercado. Incluso, algunos de los maestros de la Escuela de Laudería que comercializan instrumentos musicales prefieren importarlos de China, darles retoque e incorporarlos al mercado como si fueran de autor.

La Escuela de Laudería del INBAL se encuentra en crisis, porque su director, Jorge Alejandro Díaz Martínez y su secretario académico, Mariano Medina Gómez, carecen de los conocimientos y las virtudes necesarias para la gestión de recursos, a la directora del INBAL, María Cristina García Cepeda y los subdirectores correspondientes, no les importa profesionalizar a la escuela.

Los profesores, en su mayoría, no son colaborativos ni innovadores, sino que basan su quehacer en la repetición y en el trabajo manual individual, y los alumnos, seleccionados mediante un proceso totalmente deficiente, no manifiestan ningún interés en mejorar su desempeño académico.

Para contribuir al crecimiento y desarrollo de la laudería mexicana y que deje de ser oficio para convertirse en una disciplina científica, en necesario profesionalizar la Escuela de Laudería, que su personal directivo y docente realicen las funciones sustantivas de un institución de educación superior: enseñanza, investigación, gestión y vinculación, y los alumnos dejen la arrogancia y el desprecio hacia el estudio, para trascender en la construcción de conocimiento científico aplicado en la construcción de instrumentos musicales tradicionales y clásicos.

Si esto no es posible desde el sector público, entonces, siguiendo las pautas neoliberales, seguramente se promoverá la privatización de la escuela para buscar su eficiencia económica.

Fuentes consultadas

Joaquín Antonio Quiroz Carranza y Citlalli Cantú Gutiérrez. Editores. 2015. Los sonidos de la madera: los árboles de México y su aplicación en la creación de instrumentos musicales tradicionales y clásicos. Editorial Plaza y Valdés. P. 199.

 

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