Cultura

Lizzo, víctima de un problema recurrente: la cultura de odio

¡Benditas sean las redes sociales! La apertura de espacios digitales como Facebook, Instagram, Twitter y TikTok nos han permitido, a través de la modernización tecnológica, expresarnos de manera libre en cada uno de nuestros perfiles. Es nuestro espacio, en donde gracias al efecto de la viralidad y los algoritmos nuestros mensajes son transmitidos al público, en dónde interactuamos y, de alguna manera, encontramos personas afines a nuestro pensamiento. No obstante, como todo, estos espacios tienen su otra cara, un lado filoso. Y es que es inevitable pasar por alto el evento desagradable que vivió Lizzo, una artista que recientemente lanzó el tema Rumors junto a la rapera Cardi B, pero no fue sobre eso de lo que se habló esta semana, sino de los miles de comentarios hirientes que recibió Lizzo en un live, lo que al final la llevó a romper en llanto.

Es sorprendente que en pleno 2021 las personas le sigan exigiendo a las mujeres de la industria musical un tipo de cuerpo que se ajuste al molde de los estereotipos de belleza. Ya de por sí es difícil para Lizzo lidiar con sus inseguridades, con el racismo y sexismo que la ha acompañado desde los inicios de su carrera como para tener que aguantar, de igual forma, mensajes de odio criticando su peso, su complexión e incluso su personalidad.

Y es que esto no es algo que le haya pasado exclusivamente a Lizzo, pero verla llorar de frustración fue la gota que derramó el vaso. Lo dejamos pasar cuando Billie Eilish fue víctima de Bodyshaming después de haber sido fotografiada sin su habitual ropa holgada. Y también dejamos que las burlas apedrearan a Camila Cabello por no tener un vientre plano. Y década tras década en la escena musical nos hemos enterado de los múltiples trastornos que se han derivado a causa de la obsesión que tiene la gente con los cuerpos estéticamente perfectos.

Lo que es peor es que a los fanáticos no les basta con exigir un buen show, un vestuario adecuado o el tipo de música que quieren escuchar, sino que además piden que las cantantes sean exitosas, delgadas y jóvenes. Envejecer, engordar y lucir natural es algo que en automático se convierte en un blanco de burlas en esta industria. Porque no pasa nada si Ed Sheeran o Shawn Méndez se mantienen en un mismo género durante toda su vida, porque está bien en ellos. Pero si Ariana Grande o Cardi B se atreven a hacer lo mismo, inmediatamente se pone en cuestión el talento de las chicas y su capacidad de reinventarse.

Como fanáticos de estas mujeres, deberíamos tomar más consideración sobre lo que publicamos entorno a los artistas. Porque nadie está obligado a tener los mismos gustos que la mayoría. Si te gusta o no una canción o un artista, está bien. Puedes comentarlo y argumentar a tu favor. Lo que no está bien es hablar sobre el cuerpo de los demás, o sobre la manera en la que viven su vida. Literalmente fuimos espectadores de un ataque de odio lleno de desagradables comentarios racistas, gordofóbicos y sexistas y, desgraciadamente, no es un evento poco común. Está vez también vimos el peso de las palabras en una persona y creo que eso nos puede hacer un poco más conscientes sobre la manera en la que decidimos opinar. La cultura de odio sigue muy marcada en esos espacios que, como bien dije al principio, nos dan la libertad para hablar sobre cualquier cosa. Y no me retracto, ¡Benditas sean redes sociales!, pero no porque los entornos sean digitales significa que las personas sean menos reales.

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