Cultura

Los descendientes

Por Juan José Lara Ovando

A Emi, a Meche amantes de la cultura hawaiana y bellas bailarinas.

Algunas películas se presentan modestas cuando su producción es pequeña (aunque sea suficiente e incluya un buen actor y técnicos reconocidos). La base de su reconocimiento radica en la calidad, aun cuando no reúna publicidad suficiente para comercializarse de inmediato.

 

El caso de los descendientes es de ese tipo, que ha logrado mantenerse en cartelera principalmente por la buena cantidad de premios a los que ha sido nominada, entre los que ganó el Globo de Oro a la Mejor película de drama.

Su reconocimiento radica en el personal trabajo de su realizador, Alexander Payne, que con una extensa carrera de guionista, aunque relativamente breve de director (sólo tres largometrajes previos y un corto de una cinta de largometraje codirigida) pues en todas ha brillado por manejar algunos elementos, que por supuesto se encuentra en este filme. Ellos son: 1) el manejo del lenguaje como centro de la comunicación, 2) la mirada hacia el interior de los personajes como eje rector, 3) el medio como otro personaje no como contexto y 4) la película convertida de historia en personaje.

En el primer punto, Payne deja claro que es un amante de las palabras, suele llenar el relato de diálogos y de narraciones pero en off. En Los descendientes se enfrenta a un problema de incomunicación: el personaje central, Matt King (George Clooney con gesto y humor sutil), un padre de familia que descubre que su mujer le ha sido infiel, aunque está en coma tras un accidente. Así que deberá lidiar con el conflicto sin posibilidad de réplica. El drama (el hombre que debe hacerse cargo de sus hijas, de su esposa infiel y de una herencia familiar) se adentra en el terreno de los matices, de la ironía y de la comedia de tintes clásicos.

Importa más el tono que el tema, por eso el protagonista comunica a su hija que la madre no logrará salir del coma y que su muerte es ya inevitable. De repente, las palabras y los sonidos cesan: la chica se tira a la piscina y la cámara la sigue bajo el agua, ajena a cualquier retórica.

En uno de sus cortos anteriores, Distrito 14 del filme colectivo París, te amo (06), Payne muestra a una turista estadounidense en la capital francesa, narrando en off lo que hizo y pensó durante aquellos días, hasta que ese torrente de palabras se detiene: la mujer aparece sentada en el parque, el sonido ambiente sube y se produce un instante de magia. La imagen llega a donde el texto se detuvo: destapa el sentir más íntimo del personaje, una escena maravillosa. Como en ese filme, en Los descendientes las palabras dejan a la imagen sola con el personaje, ya sea en la piscina como en el hospital: en un momento de dura intimidad.

Respecto del segundo punto, Los descendientes relata un amargo viaje interior, el de un padre que pelea por reconquistar el afecto de sus hijas, que a la vez, es el de un marido enfrentado a la tragedia y al ingrato sabor de la mentira y, también es el de un terrateniente de cuyo criterio depende el futuro de uno de los últimos paraísos vírgenes de Hawai. Las circunstancias quieren que todos los cabos deban atarse contemporáneamente, y como en la vida misma, el proceso es un camino medio patético y trágico.

El director coloca con maestría los hilos y los desvíos en este penoso, pero formidable viaje. La película se conduce entre extremos con una soltura encomiable, con un impecable equilibrio que se anuda en la garganta mientras arranca una sonrisa en medio del desconcierto coral de padre, hijas y amigo, que vagan por Honolulu y alrededores a tientas, buscando cerrar heridas y acercar posturas para poner punto y aparte e intentar comenzar de nuevo. El trabajo del director es meticuloso, sin proclamas morales directas, logra manejar su material de manera cálida y humana, incluso cuando no se aleja de modos narrativos convencionales.

En los largometrajes previos de Payne: A propósito del señor Schmidt (02) y Entre copas (04), y aquí en Los descendientes, presenta a una persona desubicada que escarba en su presente y su pasado para reencontrarse, para definirse e identificar desde el fondo el lugar que le corresponde en la familia, en la sociedad y en el mundo. Matt King es un antihéroe típico, el común medio americano, un tipo corriente y gris que requiere reconectarse con la vida porque vive ahogado en la rutina, incapaz de tomar decisiones y que hace a un lado el presente.

Nada sobra ni falta en el conmovedor relato, por eso en el tercer elemento, Payne especula con los ecos del pasado en el presente y viceversa, en un Hawai en el que lo ancestral y lo moderno se dan la mano, en medio de un conflicto de intereses entre aristocracias, viejas y nuevas, por el control de la tierra. Hawai es un personaje más, fotografiado con realismo cotidiano para propiciar catalizar emociones, como un paraíso ahogado en contradicciones históricas y ambientales que dotan a la historia de espesor, de una profundidad poco común en el cine estadounidense actual.

Payne es finalmente un director de películas personaje, más que de películas historia, aunque no se aleja de éstas, pero su dedicación a moldear personajes es más ardua que la de redondear las historias, a pesar de que no acostumbra dejar piezas sueltas, pero el vigor de sus filmes radica en los personajes y por ende, requiere de actores profundos que puedan interpretarlos, como ya sucedió con Jack Nicholson, Paul Giamatti y Margo Martindale en las citadas …señor Schmidt, Entre copas y Distrito 14, respectivamente. En esta ocasión Clooney encarna con una composición inolvidable el dilema de ese estremecedor conflicto, en un despliegue emocional cómico-dramático a la altura de los grandes actores. Él es el alma y corazón de este insólito drama de herencias envenenadas, que acompañadas por dos muchachas (Shailene Woodley y Amara Miller, la grande y la chica) que interpretan a sus hijas y un chico amigo de ellas (Nick Krause), conforman un grupo de actores estupendos que van moldeando a sus personajes hasta transformarlos en algo totalmente distinto de lo que presentan al inicio. Vale la pena.

 

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