Cultura

Los europeos nos lavaron el cerebro

Por Rubén Cantor Pérez

El pasado sábado 25 de febrero en el auditorio Fernando Díaz Ramírez de la UAQ, se llevó a cabo la conferencia titulada “Crisis de la cultura al principio del milenio”, a cargo del historiador Germán Ortega, conocido por ser uno de los conductores del programa La dichosa palabra que se transmite por Canal 22.

Una incauta asistente al final de la plática confundió la intención de Ortega y no dejaba de quejarse de que la crisis cultural ha popularizado el aborto, a lo que el conferencista contestó que ese tema tan complejo debe de considerarse en su contexto; que una cosa es que las mujeres se pongan a gritar “¡hay que abortar todas!”, a que sea legalmente permitido en casos particulares. Es decir, no hay que criminalizar el aborto.

 

La crisis cultural de la que hablaba el conductor estaba más enfocada a dos aspectos que entran en contacto: 1) La pérdida de las características representativas de cada etnia y 2) La dificultad de digerir la información en estos tiempos.

Así como entre los cincuenta y sesenta se vivió la Era Espacial, ahora, a inicios del nuevo milenio, estamos en la Era de la Información, donde digerir los datos es lo más complicado. Y Germán Ortega aclaró que información no es lo mismo que conocimiento; tenemos cada vez más acceso a la información, pero no por ello somos más sabios. Tampoco hay que tiranizar a los medios de comunicación, dijo el historiador, “los instrumentos no son buenos ni malos, dependen en manos de quién están y cómo los utilizan.”

Comparó la rapidez de actualización de Wikipedia con la Enciclopedia Británica. En la página de Internet comunitaria algo que se escribe en la mañana, en la noche ya está corregido, en cambio, pueden pasar “hasta 12 años” para que sea publicada la modificación en la Enciclopedia Británica.

Para ilustrar la dificultad que significa digerir tanta información que actualmente recibimos, utilizó la analogía con el sistema digestivo: ¿En cuánto tiempo podrías digerir 50 tacos? De esta forma se crea el contraste entre la Edad Media y el nuevo milenio, mientras que en la primera había hambre de información, hoy en día es al revés, por la gran cantidad de información debemos de aprender a digerir para no colapsar.

Al vernos rebasados por la información tendemos a la ignorancia y la confusión, ambas causas principales de los males del mundo, opinó Ortega.

A repartirse el mundo

Un dato importante dado por el conferencista fue que antes del siglo XVI Europa no sobresalía culturalmente, en otros continentes se desarrollaban avances tecnológicos que en el viejo continente eran impensables. Fue a partir de que despuntaron en el área armamentista, que consiguieron ese liderato que hasta nuestros días perdura, ya un poco disminuido por su crisis económica actual. Con el cañón en la mano, impusieron su cultura.

Nuestra idea de belleza y valor, para los conquistados, se rige por los lineamientos europeos, lo valioso es “lo que se produjo en Europa. Seguimos pensando que lo que se hizo en Europa es lo mejor: ¡Nos lavaron el cerebro!”

Ahí están todos los artistas que han imitado la cultura europea en sus obras, en lugar de alimentarse de sus propios orígenes. Los mismos libros de historia universal, de acuerdo con el conductor, dedican arriba del 90 por ciento de sus páginas a ese continente. A todos los demás les toca menos de 10 por ciento, a pesar de que tienen una extensión territorial mucho mayor y civilizaciones igual de importantes que la occidental.

El mensaje es claro: “estamos completamente lavados del cerebro”. ¿Qué nos queda por hacer? ¿Seguir esa dirección de conquistados perpetuos o dejar de voltear al viejo continente para darnos cuenta de que aquí, en la tierra que estamos pisando, hay cosas igual o más valiosas que lo que se encuentra en Roma, París o Londres? Empecemos a deslavarnos el cerebro pues.

 

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