Cultura

Los ilusionistas

Por: Juan José Lara Ovando

A mi hermosa Meche, que de niña pensaba llegar a ser maguita

La magia es una ilusión que puede generar pasión mientras se mantengan los enigmas. Para los niños puede ser una bella ilusión porque teje los pasos entre el entretenimiento y el descubrimiento, como si fuera un artículo de sueño. Los adultos sabemos que existe un truco, pero mientras no se logre descubrir, mantiene la atención y despierta inquietudes. De cualquier forma la magia es siempre un regalo que maravilla, una sorpresa inesperada que llena de ensueños, crea fantasías y mantiene esperanzas, sobre todo si lo que está en ejecución modifica una realidad y presenta una ilusión.

Lo fastuoso del acto inicial forma esa ilusión, pero lo rudo de las primeras escenas remiten a una realidad en juego, hay una contradicción que golpea y señala que hay un acertijo que resolver que no tiene nada de soñado. “Mientras más cerca mires, más lejos estás de descubrir el truco” es la premisa inicial de la película Los ilusionistas. Nada es lo que parece, que en un par de escenas posteriores (una de ellas hacia el final) reiteran que la magia es un arte para engañar a los demás sin que se den cuenta.

Los ilusionistas crean realidades espectaculares que son difíciles de creer, como desaparecer la Estatua de la Libertad, acto que volvió estrella a David Copperfield. En este caso, encontramos a cuatro magos con diferentes facultades, pero cada uno actúa como solista de su propio espectáculo (uno es ilusionista, otro adivinador e hipnotizador, la chica es escapista y el más joven es acróbata y aprendiz de mago), aunque sea informal y se sostenga del hurto y del chantaje, hasta que se ven involucrados en un proyecto de ilusionismo que los lleva a las ligas mayores: los teatros majestuosos de Las Vegas. Todos son carismáticos y se adaptan muy bien a su brillante show, que en sí, tiene ya una estética de ilusionismo: dinero, lujo, luces, ambiente, prestigio.

El equipo se hace llamar “Los cuatro jinetes” y en un alarde de espectacularidad llegan al derroche robando un banco en París sin salir del teatro de Las Vegas, o sea, el ilusionismo en su máximo esplendor, sólo que a diferencia de Copperfield que volvió a aparecer la Estatua de la Libertad, aquí el dinero del Banco Francés no reapareció, por lo que los detienen y empiezan a vigilar por robo. Este largo preámbulo llama de inmediato la atención del espectador y abre la interrogante sobre lo que va a pasar, sin embargo, desde esta parte quedó marcado algo que no tiene explicación y que va a aparecer constantemente en la historia, como en la mente del espectador que va a ir intentado resolver para a su vez, responder ¿qué hay tras de éstos ilusionistas ladrones?

Ciertamente, como en la magia, hay que intentar alejarse un poquito para mirar de manera más profunda, la película parece decir que la resolución del truco parte de descubrir que no se debe mirar nunca hacia donde indique el mago. Siempre se deja ver en Los ilusionistas que hay un quinto jinete y por supuesto los espectadores lo vimos cubierto por una chamarra con capucha desde la primera escena, así que nos vamos a pasar adivinando quién es, e independientemente de que demos o no, repasamos a todos a lo largo de la cinta: el caza ilusionistas, la detective francesa, el detective que lo despoja del caso, el compañero subalterno, e incluso el detective protagónico o el productor del espectáculo, aunque éste llega a ser desechado a medio camino. Lo cierto es que la atención de la película se va a terminar centrando en eso ¿a qué o quién responden los ilusionistas? Porque es obvio que su camino ya está marcado hacia el robo, y lo que van a hacer es una estafa mayúscula.

El ilusionismo de la película pasa a un segundo término y se centra en un thriller, de hecho los secretos de magia van a ser sustituidos por efectos especiales hechos por computadora, que aunque la mayoría de ellos nos los vayan descubriendo a lo largo de la cinta y son muy interesantes, van perdiendo el sentido de la ilusión por resolver la persecución, así que de enredos y escondrijos llegamos a flashes y explicaciones de trucos. Al final el interés se desvanece y descubriendo al quinto integrante, lo demás sale sobrando, lo que le resta magia a la película y pierde el encanto a pesar de su reparto inmejorable: los cuatro jinetes están bien presentados, encabezados por Jesse Eisenberg y Woody Harrelson, además de Isla Fisher; los detectives Mark Ruffalo y Mélanie Laurent, muy correctos ambos, y los veteranos Morgan Freeman y Michael Caine. Así que el problema no está ahí sino en un guión endeble y un director venido de filmes de acción y ciencia ficción que no parece entender el thriller, Louis Leterrier (El transportador 1 y 2, El increíble Hulk y Furia de titanes) que se queda como mago de fiesta infantil con los trucos descubiertos por feroces niños gandallas.

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