Cultura

Los miserables

Por: Juan José Lara Ovando

Para conmemorar los 30 años de la revolución de junio de 1832, el popular escritor francés Víctor Hugo escribió y publicó su novela Los miserables, que si bien se inscribe en esa revolución, contiene desde la época del Directorio en la Revolución Francesa, es decir, un largo periodo de luchas y contrarrevoluciones (queda en medio la restauración monárquica) que no logran eliminar la pobreza de la población, ni la enorme división de los grupos sociales que se van a ir convirtiendo, durante todo ese periodo, en clases sociales.

Los miserables es una enorme defensa de los oprimidos, los que salen a la luz con las convulsiones sociales porque son parte de ellas. La Gran Revolución los llevó al primer plano, pero en historias como éstas vemos que no estuvieron en ese plano sino subordinados y sobrevivieron por décadas afrontando las distintas situaciones. No obstante eso, el relato gira a través de una historia romántica en la que no sólo se ve el amor sino también el odio, la venganza, la rebeldía y la redención que se construye en base a distintos personajes: Fantine, Cosette, Marius, Javert y Jean Valjean, entre varios más. De hecho la novela se arma en cinco volúmenes, los tres primeros con los nombres de esos tres primeros personajes y el último con el nombre del quinto; el cuarto volumen es sobre la historia de amor entre Cosette y Marius. Dos personajes más son vitales en la novela, por supuesto Javert que aparece a lo largo de toda la obra y el obispo Myriel, que es el que abre la obra en una detallada exposición de la forma en que vive con sólo lo necesario y distribuyendo sus ahorros para los pobres a quienes muestra su amor y les deja la puerta abierta cuando el resto de la sociedad rechaza.

 

 

 

La historia de la película homónima es una versión musical que procede del teatro en la que ha sido exitosísima, lleva 27 años ininterrumpidos en West End, Londres y 25 en Broadway, Nueva York (segundo y tercer espectáculo más importante, respectivamente), aunque se estrenó en París en 1980 y la letra de las canciones se escribió originalmente en francés, creada por los músicos Claude-Michel Schönberg (música) y Alain Boublil (letra). En México, el musical se presentó del 2002 al 2004, apoyada en la versión en español que ya se había presentado en Madrid.

 

Los periodos históricos que se manejan en la película son tres: 1815, 1823 y 1832, es decir, la caída del imperio napoleónico y el inicio de la restauración; el gobierno de Carlos X de Francia, relativo al endurecimiento del absolutismo; y las revoluciones liberales de 1830, con la última etapa de la lucha popular, al ser derrotada dos años después, en junio. Así que la historia va del caos y el sometimiento a la lucha popular.

Ahora no se trata de teatro, Los miserables es una película, desde luego en comedia musical, prácticamente con todas las canciones procedentes de la versión teatral, salvo una y con dos nuevas para la versión cinematográfica, más algunos arreglos para adaptarla y darle vida propia. La película es británica y el artífice es el director, también británico, Tom Hooper, que se ganó ese puesto después de obtener el Oscar hace un par de años por El discurso del rey, pues la producción estaba interesada en filmarla desde hace década y media y se había pensado en otros directores.

Sin embargo, Hooper no tenía ninguna superproducción entre sus tres filmes previos dirigidos, mucho menos se había destacado por su grandilocuencia que es algo a lo que una superproducción musical remite, por eso resulta sorprendente que lo que aporta este director sea monumentalidad, si en el teatro la obra es inmensa, en el cine lo debe ser más. El filme debe ser más impresionante, no solamente para causar impacto sino para ser recordado; por lo tanto debe verse y sentirse como real, debe emocionar y dirigirse directamente a los sentidos del espectador. No se trata de una sesión de historia como de una lección emocional de vida en la que los personajes sobresalen por la forma en que no se rinden para enfrentar situaciones colosales (tanto levantar una carreta como enfrentar un régimen), aunque dejen su sufrimiento y vida en ellas.

Sin duda el mérito de Hooper es ése, ya que gracias a ello logra mantener al espectador durante dos y media horas cuando toda la película es cantada y difícilmente aguantamos una película así. En México no tenemos esa costumbre, la mayoría tenemos que prepararnos para ellas, sobre todo si el filme es largo. Ése es, me parece el logro del director, que la majestuosidad que crea (no hay más que ver la primera escena, aunque también la última, que muestra un lujoso diseño de producción para la secuencia en la que los presidiarios, entre ellos Valjean, arrastran un barco ante la vigilancia de Javert, desde una posición elevada, como autoridad que es y casi como Dios, pues parece simbolizar la ley y la virtud) es para acompañar las emociones y las canciones, no mera escenografía.

Ese sentido colosal me parece que ronda más el estilo de la ópera que del musical y que ése era el estilo que Hooper debió imprimir pues me parece que le iba más. No se si no lo hace porque debía ser una comedia musical pero creo que la película se queda a medio camino y la consecuencia es que la intensidad histórica se pierde, tal vez no el dramatismo porque sus escenas son muy atractivas, sobre todo las de Fantine o la del niño Gavroche o la de la barricada Rojo y negro, algunas de Valjean y de Javert, sobre todo la última de éste, pero a la vez hay muchas escenas que no dicen mucho, su contenido es más bien, bajo (el juicio al falso Valjean; Cosette de muchacha; la boda de Cosette y Marius; la muerte de Valjean). Tiene ritmo sincrónico que nos mantiene atentos pero no argumentativo, decae y sube contrastantemente (la problemática social pasa a un plano secundario, a pesar de la última escena). La ventaja es que tiene muy buena dirección artística (escenografía) con poca coreografía, lo que hace aguantable lo disparejo.

Afortunadamente los dos actores centrales cantan bien: Hugh Jackman proviene del teatro musical y Russell Crowe tiene su grupo de rock (ambos son australianos), aunque me parece mejor Crowe; Jackman se pierde varias veces en sotto voce (parecen diálogos más que estrofas), Anne Hathaway sólo aparece 15 minutos pero está extraordinaria, orienta hacia lo emotivo. La historia de la película es maravillosa; se puede filmar en todo el mundo porque es tremendamente humana, de hecho hay dos versiones recientes, una del 98 del danés Bille August y otra del 95 del francés Claude Lelouch y son bastante buenas, así que no tiene nada que perder y por supuesto mucho que aprovechar si la ve.

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