Cultura

Los muchos mundos de Eduardo Rendón

Por: José Luis de la Vega

Con el propósito de presentar Happy yonkie y otros relatos, de Eduardo Rendón, en El tenampa, emblemática cantina del populoso barrio del Tepetate, escribo esta reseña a las carreras. Lo primero que debo señalar es que los textos fueron publicados en el número 43 de la revista La Testadura (latestadura.blogspot.com), cuyo eslogan es “una literatura de paso”. El número tiene como coordinador editorial a Mario Eduardo Ángeles, está ilustrado por El Pulpo Santo y manifiesta estar fechado en junio de 2013.

Entrando en materia, me encuentro con tres cuentos que llevan por título: A esta hora nunca hay nadie, Escatología hiper-romántica y el que da nombre a la colección, Happy yonkie.

Tras una segunda lectura, advierto que los trabajos responden a la exigencia del género, donde al final se descubre la intensión de cada uno de ellos. Debo decir que noto en ellos una herencia bien asimilada del grupo de escritores norteamericanos conocidos como la generación Beat. Ya se sabe (y sólo cito a los más conocidos): William S. Burroughs, Jak Kerouac, Allen Ginsberg, Gregory Corso, Anne Walman y Lawrwnce Ferlinghetti. Entre los escritores mexicanos, son herederos de la literatura de la onda: José Agustín, Gustavo Sainz, Parménides García Saldaña, y hoy lo asocio con Guillermo Fadaneli, Mauricio Bares y Rubén Bonet, entre otros. Estas referencias, citadas a vuela pluma, nos permiten ubicar la estética que impulsa en sus afanes literarios.

En el primero de los textos, nuestro autor borda sobre las reflexiones de un noctámbulo, quien camina por la ciudad, en esas horas cuando no hay nadie en muchos mundos a la redonda. Cavilaciones de interés humano en las que, como si nada, inserta una fantasía: Los perros se han vuelto vegetarianos: Perros. Ya no hace falta cuidarse de ellos, desde su conversión al vegetarianismo, no necesitan estimular la producción de carne humana a través de los sueños, en donde crean eso que llamamos realidad. Nuestro autor tensa esta idea hasta concluir con: Ahora me queda claro, los humanos sí tenían finalidad: ser carne, carne para los perros. Y ahora que los perros son vegetarianos y sueñan en blandito y jugoso, qué hago yo en la calle, a esta hora en que nunca hay nadie…

El segundo, Escatología… hace honor a su nombre y nos receta una retahíla de lo que su autor se ha comido; para empezar, a sí mismo. Esta minificción (o cuento breve) concluye y se explica con: … y sobre todo, tragarme tu ausencia, es decir, mi soledad.

El que cierra, el más logrado, lleva un orientador epígrafe de Charles Bukowsky (otro autor gringo, de referencia). En este texto, Happy yonkie, Eduardo nos lleva por un tour en la ciudad de Tijuana, que arranca en los burdeles de la famosa avenida Coahuila y termina surfeando en las, no menos famosas, playas de Tijuas. Durante el recorrido, en forma descarnada, nos revela esa parte de la realidad de esta urbe fronteriza, donde caen los velos y se ven los pelos (es un decir). Nuestro autor logra el reto del planteamiento narrativo, y en momentos podemos conocer una parte del alucinante mundo de la prostitución, el vicio y de la “alocada” vida del protagonista.

Se impone señalar el lenguaje empleado en la construcción de estas historias, más allá de modismos y del caló, resulta ejemplar. Se trata de un uso adecuado de las formas y recursos del idioma español, manejados con propiedad y corrección. Cuestión que es de celebrase, sin duda, en cualquier escritor.

Reconozco que estos empeños son una muestra de la constancia de Eduardo y, por lo pronto, me complace recomendarlos ampliamente, en el entendido de que ya estoy esperando su nueva producción y ansioso de su obra. Salud.

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