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Los santos bailan en el festejo de San Miguel Tlaxcaltepec

Las costumbres religiosas y la feria tradicional se retomaron tras dos años para la fiesta patronal de San Miguel Tlaxcaltepec, Amealco, en honor a su patrono arcángel. La pandemia de COVID-19 limitó en fechas pasadas el festejo que se realiza cada año, pero de nuevo en las calles del lugar hubo rezos, música, cohetes y verbena.

El día 28 y 29 de septiembre es la fecha fija en que personas de la comunidad de San Miguel Tlaxcaltepec realizan el festejo a San Miguel Arcángel, santo al que está dedicada la iglesia del lugar. El acto religioso, como en otros lugares del país, implica rezos, procesión y misa.

No sólo eso, comunidades aledañas llevan sus figuras religiosas para “visitar a San Miguel Arcángel en su día de celebración” y también se hace la invitación a localidades de otros estados. Aproximadamente llevaron a 25 representaciones de santos, entre ellos acudieron de lugares de Amealco como San Ildefonso, Santiago Mexquititlán, El Lindero, San Martín, San Bartolomé del Pino, entre otros; y del Estado de México llevaron una figura de San Judas Tadeo.

“Cárguenlo con fe y amor, así no les pesa” se escuchó desde el micrófono del sonido, mientras los cargueros —personas que tienen la tarea de alzar la figura en la visita y son designados por la asamblea, por selección de un excarguero o por voluntad, según las costumbres de la zona— les toca levantar a los santos y hacer movimientos de baile al ritmo de la música, pues se cree que así se refleja el ambiente de celebración.

En la feria aguardan las mujeres que hacen tortillas de maíz nativo a mano, las cuales acompañarán la variedad de comida a la venta; también tienen gorditas y guajolotes. Como postre o antojo hay frituras, nieves y helados, pan, camotes en distintas presentaciones y bebidas preparadas. También hay venta de artesanías de la comunidad y juegos mecánicos.

En el quiosco de San Miguel Tlaxcaltepec, se montó un museo comunitario, ahí había piezas prestadas por vecinos de la comunidad, para compartir y exponer conocimientos; tuvieron desde un cinturón en forma de víbora para guardar monedas, una lonchera equipada con un radio adentro que se usaba cuando la gente se iba al campo, una plancha de fierro que se calentaba con fuego para después alisar la ropa y otros artículos.

Entre las personas y vendedores, platicaban que, en comparación a otros años, la feria a San Miguel tuvo menos concurrencia, pero que de igual manera lo importante en la comunidad fue que se pudo retomar la celebración.

Katia Santoyo

Estudiante de la licenciatura en Sociología de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales en la Universidad Autónoma de Querétaro. En proceso de la formación conjunta socióloga en periodismo. Reportera de Tribuna diario desde enero de 2022.

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