Cultura

Los superhéroes

 

Por: Juan José Lara Ovando


 

El Caballero de la Noche asciende es el estreno fuerte del cierre de la período vacacional, así como lo fue El sorprendente Hombre Araña del inicio, es decir, aquélla en agosto y ésta en junio-julio. Lo curioso del caso es que los estrenos importantes de la temporada son de cómics, ya hemos referido aquí la importancia que éstos tienen en el cine en la última década, pero ahora nos muestran que han dejado atrás a las películas de animación y de comedia juvenil, que son comúnmente las fuertes de estos períodos.

 

A nivel de producción son también las películas más relevantes, son las más costosas y de mayor tecnología. Los efectos visuales, sonoros y de edición son esenciales y claves, pero están intentando dar un paso cualitativo, que no sólo eso sea lo medular, sino que el guión tenga un alcance cualitativo, es decir, que la historia también se vuelva esencial, no porque no lo hayan sido, sino por darles una notoriedad más humana, no exclusivamente de superhéroes, de modo que al cumplir este papel también cumpla el rol de personas con conflictos y angustias como cualquier otro en su forma de vida, no sólo cuando la ciudad se ve asolada por malhechores.

El sorprendente Hombre Araña tiene de entrada algo en contra: que apenas la década pasada, entre 02 y 07, vimos una trilogía del personaje y ahora se nos plantea una mirada que intenta ser distinta del mismo personaje. Podríamos pensar que con Batman, sucede algo similar, ya que hace dos décadas hubo una serie de cinco películas (entre 89 y 97), sin embargo, la etapa actual ya tiene dos películas previas (05 y 08) y se construyó con un perfil distinto, como se le titula ahora, El Caballero de la Noche, no tanto como El Hombre Murciélago de los cómics, lo que le da mayor ventaja y credibilidad a este último.

El sorprendente Hombre Araña repite la misma historia que ya vimos, que aun cuando en los cómics no es extraño volver a los orígenes de cuando en cuando, dado los sucesos o personajes que van apareciendo, ahora nos encontramos exactamente con la misma historia, salvo algunos cambios que en la anterior trilogía fueron apareciendo disgregados en distintas películas y aquí aparecen incluidas de forma más unitaria en la primera parte, como es el caso de su novia del colegio (que comúnmente ha sido omitida en las versiones fílmicas) y su papá policía que intolerantemente está en contra del superhéroe (que apareció en la tercera película). Sin embargo, como el antecedente de la trilogía es muy reciente y se encuentra muy fresca, la actual versión parece alterar la historia del origen del personaje, a la cual aquí se le da más profundidad (y más tiempo) pero menos peso en el rol de los abuelos y la casa, su comprensión queda poco clara.

Así va sucediendo con toda la película, que se alarga tratando de dar explicaciones dejando subtramas sin cerrar y aportando menos escenas de acción incluso cuando están mejor trabajadas para parecer más creíbles, sobre todo cuando salta por los aires y se columpia como arácnido. Con buenos elementos de realización, pero sin lograr aportar algo nuevo porque la profundidad en el tema sin cuestionar o adicionar lo previo de manera sustancial al tema no lleva más que a la repetición, que aun con calidad digital no provee originalidad, en eso el director Marc Webb, con muchos antecedentes en el video musical, pero pocos en largometraje queda a deber.

El caso de Batman, El Caballero de la Noche asciende, como de toda la trilogía de este personaje, dirigida en su totalidad por el astuto y creativo Christopher Nolan, es todo lo contrario desde el inicio de la serie cuando cuestiona y va a los orígenes de un personaje forjado en la creación de su identidad desde su juventud temprana, reinventado a su personaje para trasladarlo al mundo real.

Con dos antecedentes notables, sobre todo, la segunda parte, Batman, El Caballero de la Noche, Nolan construye al personaje desde el olvido, en la soledad de una mansión que va dejando de serlo, al tiempo que la fortuna de Bruce Wayne se va perdiendo, al igual que su personaje de Batman, que ha estado guardado por ocho años hasta que un explosivo terrorista que lleva a la ciudad al caos y la destrucción atribuyéndole sus acciones a Batman, lo obliga a regresar sacándolo de la depresión en la que se encontraba.

Batman es aquí un hombre como cualquier otro, que lucha contra la violencia, que cae prisionero, que es terriblemente golpeado y que debe ingeniárselas para escapar. El rol de hombre-héroe es más claro que el de superhéroe porque de él dependerá el futuro de la ciudad, pero el superhéroe todopoderoso está ausente ya que el mismo Batman no es invencible, aunque nunca deje de luchar, ni se dé por vencido.

El discurso anticapitalista que se pone en el villano que instiga a la población a luchar contra la explotación neoliberal, insistiendo que sean ellos mismos quienes impartan justicia, le da un sentido verosímil al filme (aunque ya en la película anterior había usado el director y guionista un discurso post-Torres Gemelas y neoautoritario, también en boca del villano, El Guasón) por las contradicciones socio-políticas y los enemigos que piensan y sostienen su actuación en una razón de peso social, no en meras venganzas personales, aunque al final deje ver que también en los malvados existe demagogia, que eso no es exclusivo de los políticos.

Con una andanada de secuencias memorables en las que las batallas campales son casi inéditas, nadie sabe quién las va a ganar, y con dos clímax que se logran conjugar muy bien, uno a la mitad de la película y el otro hacia el final; con actores que logran brillar como malvados (una Gatubela, aunque no se llama así, con presencia fascinante y un enemigo con el rostro cubierto pero que logra convencer de su maldad) y que están fuera del estereotipo; los efectos técnicos son vastos e impecables. Un final perfecto para una trilogía verdaderamente buena, aunque la parte más notable y el malvado más logrado me sigue pareciendo que está en la segunda parte.

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