Cultura

Melodías clásicas sirven de tentempié

Por Sergio Alberto Cortés Ronquillo

Pocas nubes difuminadas en el cielo tapan el sol que aún brilla en lo alto del cielo, un brillo que se confunde con el del Centro Histórico de la ciudad.

 

El clima es estupendo para transitar por los museos, calles e iglesias. Parejas, familias, grupos de amigos, todos caminando y disfrutando un día más en este lugar considerado Patrimonio de la Humanidad.

 

Al llegar al Jardín Guerrero se pueden ver, en los rededores del mismo, puestos donde venden de todo: dulces, gomitas, calaveras de azúcar o chocolate, máscaras, maquillaje, disfraces de cualquier índole, sin embargo imperan las cosas relacionadas con Halloween y al Día de Muertos.

 

Frente a la delegación Centro Histórico se ve un escenario que está a más de un metro sobre el nivel del suelo, dos baterías en la parte trasera del mismo; al frente sillas con atriles y micrófonos; una gran lona blanca en la que hay aproximadamente 500 sillas negras plegables para los espectadores; grandes bocinas y un letrero en la parte derecha del escenario que dice: Sexto Festival Universitario “El otoño en la cultura”.

 

Hay gente sentada en las sillas, aproximadamente la mitad del cupo total está ocupado. Otras personas pasan de largo en las zonas laterales del jardín que está protegido con mallas blancas y elementos de seguridad con camisas blancas y pantalón de mezclilla.

 

Los músicos se encuentran sentados en las sillas afinando sus instrumentos musicales, la gente camina, platica, observa, especula, observa, algunos vienen, otros van, algunos se sientan, otros se levantan.

 

Los niños juegan y corren alrededor de la fuente, comen sus calaveras de chocolate o azúcar. Los padres les compran algodones de azúcar o algún recuerdito para ellos mismos.

Acordes de canción Eleanor Rigby entusiasmaron a los espectadores

La presentadora anunció la interpretación de dos movimientos de una sinfonía de Pyotr Ilyich Tchaikovsky al mando del director Jesús Almanza. Música clásica de uno de los más grandes sinfonistas de todos los tiempos.

 

Al comenzar con el primer movimiento, la gente guarda silencio, sin embargo, el ruido que hay evita que el inicio sea apreciado por completo.

 

Sin embargo conforme va avanzando la melodía los músicos comienzan fuerte y rápido una melodía que logra hacer que la gente comience a viajar en una fantasía de aventuras y descubrimiento.

 

Al finalizar el primer movimiento, la gente aplaude al director quien hace una pequeña reverencia a su público.

 

El segundo movimiento comenzó, los altos y bajos en la melodía eran como una marea, un océano de emociones y sensaciones excitantes y deslumbrantes. Las notas musicales parecían bailar en el aire, en la imaginación de las personas, las cuales parecían hipnotizadas con las notas y movimientos del director.

 

Una pasión extraña emana del director hacia los músicos, y de los músicos a los espectadores, es algo realmente extravagante y fuera de lo común, una unión colectiva en lo hermoso de la creatividad de una mente como la de Tchaikovsky.

 

La agudeza de los violines mezclada con la gravedad de los chelos lograba crear un ambiente de armonía musical.

 

Luego apareció en escena el solista Ramiro Martínez Piña, con quien comenzaron con el tema Eleanor Rigby de Los Beatles. Esto animó a los espectadores.

Eleanor Rigby, melodía que en la versión original tiene este tipo de toques clásicos, ahora, convertido en un tema clásico, lo hace aún más auténtico que antes.

 

Después, los sentimientos de tristeza, nostalgia, tragedia incluso, que tiene la canción Yesterday, se combinaron con esos tonos de guitarra eléctrica y lentitud en sus notas.

 

Se tocaron temas de Los Beatles, siete en total, en los cuales emociones inundaron el Jardín Guerrero, no sólo a los espectadores que estaban sentados, también a todos los que alcanzaban a escuchar la música. Este evento terminó con la canción Penny Lane.

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