Cultura

Miss bala

Por Juan José Lara Ovando


En diciembre de 2009 fue arrestada en una redada contra narcotraficantes, Laura Elena Zúñiga Guisar, entonces todavía Miss Sinaloa e igualmente Señorita Iberoamérica de ese año. El caso llamó mucho la atención por dos razones; primera, la vinculación entre los narcos y las mujeres bellas, principalmente las reinas de belleza, que a pesar de reunir fama, belleza y dinero a su alrededor, pueden ser deslumbradas y hasta cooptadas por la riqueza y el poder de los narcotraficantes a los que les gusta presumir a sus mujeres como si fueran un trofeo, aunque las consigan a la fuerza, a base de amenazas y coacción o las conquisten con muchos dólares; segunda, el aumento constante de mujeres asociadas a las actividades de los narcotraficantes a distintos niveles, dirigiendo el menudeo de la droga, las relaciones públicas para blanquear el capital, la administración de la empresa familiar y transportando la droga de un país a otro.

 

Con la referencia de ese caso, pero sin basarse en él porque no sigue aquella historia sino que crea otra, el director Gerardo Naranjo realiza su tercera película, llamada Miss Bala (las anteriores son Drama/Mex, 03 y Voy a explotar, 08). En ella, la chica se llama Laura Guerrero, vive con su padre y su hermano, se dedican a la venta de ropa usada y tiene el sueño de llegar a ser reina de belleza para salir de la pobreza y disfrutar de su vida.

 

Desde luego las aspiraciones de Laura por ser reina de belleza se van a cumplir y se convertirá en Miss Baja California, pero desde que inicia su camino hacia ello se va a ver cercada por bandas criminales que la inmiscuyen y acorralan, por la información que puede tener, porque les es útil y por su belleza, en el mundo de violencia y terror desatado por el narcotráfico.

 

El mundo que se retrata en la película deja sin habla, sobre todo por lo apegada a la realidad, que no es más que oscura, densa y angustiante. Sin embargo, Miss Bala no es una película de acción por lo que no se refleja en ella la destrucción criminal masiva, es decir, las persecuciones, castigos y ajusticiamientos. Si en algo se distingue el objetivo de la película es en enfatizar lo que se presenta como retrato de lo que padece la sociedad mexicana, narrado desde el punto de vista de la víctima, tras la ola de violencia que se vive desde 2006, y que ha visto morir a más de 36 mil personas relacionadas con la ilegalidad (dato de noviembre de 2010), como se cita al final del filme, hoy sabemos que ya van 45 mil.

 

Los primeros diálogos de Miss Bala son, quizá los únicos, que se perciben de manera tranquila. Es Laura la que (a pesar de que su padre le advierte de los peligros de aspirar a reina de belleza) asegura no pasará nada. “Confía en mí, apá”, dice. “¿A qué hora regresas?”, cuestiona el hermano menor de la protagonista. Ella no responde. Entonces la trama toma un tono oscuro, tan negro que, en algunas escenas, el director deja que el sonido guíe al espectador y que la mente lo lleve a donde deba. No obstante, a partir de ahí se visita al crimen como algo patético, como algo gris, producto de la ignorancia, que nos mete hasta circunstancialmente en ello, porque no es algo a lo que no se aspira, simplemente entre morir (de hambre o asesinado) y seguir viviendo en las condiciones que sea, se dificulta salir de eso.

 

Eso es lo que presentan Naranjo y su coguionista Mauricio Katz, una exposición para intentar provocar en la sociedad una reflexión y no una apología al narco, por lo que se aleja de estereotipos. Miss Bala no es una película de denuncia sino un cuestionamiento sobre el tipo de sociedad que vivimos y que somos. A Laura todo el tormento que vive se le presenta circunstancialmente, ella no provoca una sola situación, sin embargo, parece que ya estamos dentro de un círculo del crimen del que no podemos salir. Eso es lo notable de la película y por eso ha llamado tanto la atención en escenarios internacionales. No hay violencia explícita, ningún personaje aspira cocaína o toma droga alguna, tampoco hay torturas ni decapitados, lo cual la aleja, a nivel de exposición, de El infierno (Estrada, 10). No obstante, las tomas son directas (plano secuencias) con elementos mínimos que no sabemos qué va a suceder en la siguiente escena, no podemos predecir y se empieza a formar un misterio que imprime cierto miedo e impotencia en el espectador.

 

Filmada en Aguascalientes, con sólo un par de escenas en Tijuana, donde se sitúa el relato, pero asegura que los capos le pidieron una cuota por uso de suelo a cambio de protección y seguridad, y que le dieron un celular para que se comunicara con ellos, en cambio en Aguascalientes no tuvo que pedir permiso a nadie, pero le llamó la atención que filmó en plena calle una balacera y la gente ni se inmutó, como si fuera una escena diaria a la que están acostumbrados, eso es lo fuerte de esta guerra que estamos viviendo, la indiferencia de la sociedad.

 

Miss bala cuenta con actores poco conocidos, los estelares: Stephanie Sigman (Laura), la vio Naranjo en un comercial de champú y la buscó porque le daba el tipo que buscaba; Noé Hernández (Lino, el capo narco) en cambio ha actuado para Naranjo, es el actor de R-100, el cortometraje incluido en la película Revolución, su trabajo anterior.

 

La mayor parte del reparto tiene esa procedencia, salvo Irene Azuela y Miguel Couturier, que aceptaron apoyar a Naranjo en esta empresa, pero le da más realismo, como si se situara entre la ficción y el documental. Vale la pena, no se la pierda, ha sido premiada en Japón, otorgando a Naranjo y Sigman premios por dirección y actuación femenina, también representará a México en el Oscar y en los Goya (España). La ventaja es que no saldrá dolido del cine, pero probablemente si pensando las condiciones en que estamos viviendo.

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