Cultura

Museo Regional: 85 años no pueden explicarse sin Germán Patiño

“El Museo Regional es un punto obligatorio de visita tanto de embajadores, empresarios, presidentes, como del público en general. Siempre ha sido un escenario político, artístico de primera importancia”, sostuvo Guadalupe Zárate Miguel, investigadora del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) sobre el recinto que este año cumplió 85 años de existencia.

Ubicado en el antiguo convento de San Francisco, el Museo Regional de Querétaro es una de las construcciones virreinales más significativas de México; un recinto fundamental para el Estado y uno de los primeros museos que se establecieron y tienen continuidad. En 1895 se inauguró el Museo Patio, primer museo queretano, con la primera colección histórica.

Dicha colección pasó en 1936 al nuevo Museo de Querétaro perteneciente a la Secretaría de Educación Federal. En 1939 fue se integró al INAH como Museo Regional de Querétaro, tal y como lo conocemos hasta nuestros días.

La historiadora subrayó que el regional de Querétaro fue de los pocos museos que existían en el país a inicios del siglo XX, lo que atribuye a la labor de un personaje fundamental dentro de la historia queretana: Germán Patiño. Las colecciones del museo pudieron integrarse y acrecentarse en varias vías, una de ellas proviene de la Escuela de San Carlos en Ciudad de México, donde Germán Patiño tuvo la oportunidad de seleccionar una colección para el Colegio de Bellas Artes.

Con la llegada de la Revolución el proyecto se tuvo que rehacer y el acervo se conjuntó con piezas que Germán Patiño consideró que estaban en peligro o en abandono. Patiño se convierte en un salvador del patrimonio que es principalmente heredado de la época colonial. “Entonces vamos a tener un museo que va a ir integrando sus colecciones de una manera muy natural, es decir, los objetos seleccionados muestran los cambios de la sociedad y de los criterios académicos”, sostuvo.

Zárate indicó que Germán Patiño no sólo tuvo gran relevancia dentro del establecimiento del museo, sino también dentro de todo lo que es el Centro Histórico de Querétaro, tenía gran reconocimiento en el centro del país y, gracias a eso, pudo rodearse de gente que lo apoyó en todo momento. “Como lo conocemos hoy, Querétaro no existiría si no fuera por gente como don Germán Patiño. Él es impulsor de la primera ley local de protección al patrimonio cultural. Yo creo que no ha habido otro personaje de esa relevancia”, enfatizó, aunque recalcó que también quedan las huellas de Eduardo Loarca y Manuel Oropeza.

San Francisco, punto 0

“El museo está instalado en el Convento de San Francisco, lugar designado por los caciques otomís y los franciscanos, para ser el punto cero de la nueva población. Es un lugar con una profunda significación religiosa, histórica, cultural y urbana”, manifestó Zárate, doctora en Historia por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

En el siglo XIX la secularización dio como resultado que el convento pasara a ser de utilidad pública para la educación y la cultura, porque –ante todo- el principal objetivo del museo es fungir como institución educativa.

Destacó que después de ser convento, el museo tuvo varios usos. Durante las invasiones, fue ocupado por ejércitos tanto liberales como conservadores. Luego de esto, en la época porfiriana se convirtió en el Colegio Pío Mariano. Durante la Revolución mexicana sirvió como cuartel militar, para luego ser ocupado como bodega, vecindad y, finalmente, museo.

De fusilamientos y salvoconductos

Durante la visita al museo, se hace un recorrido por varias salas, cuyo objetivo es narrar la trayectoria histórica que abarca desde las manifestaciones culturales precolombinas, la etapa virreinal, la Independencia y la Reforma hasta la Revolución.

Guadalupe Zárate compartió que para ella uno de los documentos más valiosos que alberga el museo es un mensaje a Germán Patiño, impulsor del museo: “Para mí uno de los documentos más importantes es un pequeño escrito en un papel sencillo donde está de puño y letra de Federico Montes; un salvoconducto que le da a Germán Patiño para que pueda retirar las obras de arte de las iglesias y conventos, para ponerlas a salvo”, señaló.

Al mismo tiempo, destacó que esto es de suma relevancia, dado que siempre se ha dicho que los carrancistas “hicieron y deshicieron” el patrimonio, sin tener en cuenta que ellos también fueron revolucionarios. En este sentido, dentro de las primeras acciones que los carrancistas emprendieron en Querétaro fue la promulgación de un decreto –elaborado por Carranza- para fusilar a los saqueadores de los templos, quedan testimonio de uno de estos fusilamientos en el Jardín Zenea.

Otro de los objetos relevantes que se encuentran dentro del Museo son dos medallas que Benito Juárez otorgó al queretano Rómulo Bautista por su triunfo ante el ejército francés en la batalla del 5 Mayo: “es muy importante apreciar el arte, pero también apreciar estos objetos que son altamente significativos para la historia local”.

El museo, además de contar con una de las colecciones más importantes de todo el país y ser dueño de un enorme tesoro, colaboró en la creación del Museo de Arte de San Agustín, dado que este se inauguró con las colecciones del Museo Regional. Además de que –según señaló Zárate- cuenta con la obra de los más importantes pintores novohispanos y locales.

Asimismo, señaló que es un referente para los mexicanos y para todos los visitantes extranjeros. Y que, ante todo, es una institución educativa y no para turismo, dado que su prioridad son las personas mexicanas, por lo que el turismo en realidad sólo representa una ganancia extra muy aparte de su objetivo educativo.

El reto del futuro

Finalmente, Guadalupe Zárate Miguel destacó que es necesario crear colecciones de la historia social urbana y rural de todo el estado, un reto dado que los objetos físicos pierden presencia en la actualidad: “Muchos documentos oficiales ya solamente son digitales, entonces lo que se entregan son discos, y la tecnología avanza muy rápido, por lo que se tienen que estar actualizando esos archivos para que se puedan leer dentro de 100 años. Entonces el museo no solamente es ver al pasado, el museo también tiene obligación de vislumbrar el futuro y las necesidades sociales del futuro. Y hacer colección es una tarea que INAH, desgraciadamente, ha abandonado”. Para conocer más sobre la historia del recinto y sus colecciones, la investigadora cuenta con dos obras: La historia de las cosas y Los espacios de la memoria. A retrospectiva, la autora sostiene que el museo permitió inaugurar en ella una nueva etapa de su vida profesional: “Ahí aprendí a narrar con objetos, porque eso es la museografía, eso es la curaduría: narrar con objetos. Es lo que va a distinguir al museo de otras formas de exposición y de comunicación”, concluyó.

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