Cultura

¡No nos vamos nada! ¡Qué nos saquen a patadas!

Cadillacs 2015

Por: Rafael Vázquez

El 12 de Noviembre fue la cita. Meses atrás estaba anunciada la fiesta. El escenario lucía pletórico, los invitados, provenientes de los cuatro puntos cardinales tenían el vaho de alegría, las pupilas dilatadas y a mano las bebidas y la comida. Escuchábamos ya muy cerca el carnaval. La algarabía que encendió el español masticado de Tokyo Ska Paradise Orchestra fue la entrada perfecta, los metales al ritmo del clásico de Mario Puzo (The Godfather) elevaron un clamor en la multitud, que con los dientes afilados esperaban al cumpleañero; 32 primaveras de los Fabulosos Cadillacs.

Es difícil ponerse en los zapatos de una banda tan consolidada y con una carrera brillante. No hay quién se atreva a criticar a Vicentico y compañía, sin duda son dignos representantes de Latinoamérica ante el mundo, junto a otros colosos –como los Auténticos Decadentes- formaron un estilo que fusiona la cumbia, el rock, reggae y el ska y encuentra en sus ritmos un sello identitario de la cultura latina.

Sus letras se han comprometido con la realidad que han vivido; Gallo Rojo, León Santillán, Mal Bicho, Desapariciones son sólo algunas de sus letras con un fuerte contenido social y político. Y quizá por eso algunas de sus canciones, musicalmente alegres y estridentes, suele estar acompañada por una militancia dolorosa de una realidad americana mancillada por la desigualdad y la exclusión.

Más de 60,000 personas corearon sus nombres y el inexpresivo vocalista interpretó más de 20 temas que condensaron la producción material de tres décadas. Eso quizá apagó un poco el ánimo de aquellos que sólo tenían un par de temas conocidos en la mente, no obstante, los hinchas de la agrupación argentina, hicieron gala de su devoción y el agradecimiento con la banda y jamás abandonaron, resistieron con interés y cariño aun durante las canciones que sólo pudieron acompañar con silencio.

Hacía ya dos años que no estaban en México -desde el Vive Latino 2013- y el público mexicano no había tenido el gusto de abrazarle, y como se ciñe a un viejo amigo, la acogida fue calurosa. Los vimos viejos, con la faz y los instrumentos marcados por el paso del tiempo y su música contagiada también por la madurez y sobriedad, incluso con menos decibeles de los que hubiéramos esperado. Pero aun así el cariño no faltó.

No escaseó tampoco la pasión y la mística que rodea al grupo; ataviados con playeras futboleras, el público se entregó al igual que se desgarra en el tablón; odas fueron cantadas por miles de fanáticos que lucieron los colores de la Universidad de México y hasta de San Lorenzo (equipo de Gabriel Fernández “Vicentico”).  Sentido también fue el homenaje a Ernesto Sábato, fallecido apenas cuatro años atrás, de hecho el material visual con el que amenizaron las pantallas del evento fueron interesantes; pocas veces se ve a un grupo acompañarse en vivo por los bocetos de un ilustrador gráfico (en este caso el Dr. Alderete) que asistió con su llamativo arte a la estridencia de los parlantes.

Vale mencionar especialmente a uno de los integrantes: al Sr. Flavio. No sólo es uno de los fundadores del grupo, también es compositor, bajista y productor (consentido de bandas como Panteón Rococó). Flavio Cianciarulo es probablemente uno de los mejores músicos en el ambiente. Su capacidad y versatilidad se reflejan, además, en el escenario. Sin duda el tipo es un fuera de serie que rompe con el molde discreto típico de los bajistas de las bandas, el pibe no falló y se distinguió por su entrega y encanto en el escenario; se le vio divertido, disfrutando al público que se le entregó, cantando con la misma pasión de un chico en su garaje, montado en su longboard por el escenario mientras llevaba el compás musical a punto. No debe ser fácil competir con el vocal, pero el Sr. Flavio hizo que Vicentico renunciara a llevarse todos los reflectores.

El cierre fue sin duda muy emotivo, en el escenario lucieron dos caras nuevas que tendremos que recordar; Florián y Astor, hijos de Vicentico y el Sr. Flavio que son probablemente los nuevos rostros que veremos abarrotando estadios y foros, ojalá haya Fabulosos Cadillacs para la posteridad.

La multitud salió alegre e inconforme… Ya se había retirado la banda cuando aun el público entonaba a viva voz “Yo no me sentaría en tu mesa”, melodía icónica y grito de guerra que hermana a cualquier seguidor de los Fabulosos.

Termino con un suspiro la crónica. No se puede tener suficiente de una banda de la que siempre se espera tanto.

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