Cultura

No se olvida

Por: Juan José Lara Ovando

El movimiento estudiantil del 68 y concretamente la matanza del 2 de octubre o noche de Tlatelolco es el acontecimiento político social más comentado en México durante las últimas cinco décadas, incluida en la que sucedió. A eso se debe que se hayan realizado más de una treintena de películas, la mayoría documentales, entre las que se encuentran

, la clásica El grito (López Aretche, 71), Primer cuadro (Menéndez, 81) y Tlatelolco: las claves de la masacre (Mendoza, 07), además de algunas de ficción como Rojo amanecer (Fons, 90), Canoa (Cazals, 75) y por estrenarse todavía, aunque ya en etapa de postproducción, Tlatelolco de Carlos Bolado.

Otras luchas estudiantiles como la del jueves de corpus, de junio del 71 es reflejada en El Bulto (Retes, 91) y Ángela Morante, ¿crimen o suicidio? (Estrada, 77), igual que en otras películas más. Cercanas a éstas se encuentran películas sobre luchas sociales como las sindicales de los setenta en Días de combate y Cosa fácil, ambas de Gurrola del 79; sobre la guerrilla de Ciudad Madera, Chihuahua, La manzana de la discordia (Cazals, 68), sobre la guerrilla en México, Meridiano 100 (Joskowicz, 77) y sobre la guerrilla de Lucio Cabañas en Guerrero, La guerrilla y la esperanza: Lucio Cabañas (Tort, 06); sobre perseguidos y desaparecidos políticos, Cementerio de papel (Hernández, 08); sobre jóvenes que ven la posibilidad de rebelarse, El cambio (Joskowicz, 76) y Bandera rota (Retes, 79); la rebelión femenina, Mujeres salvajes (Retes, 77); la organización de los pescadores, en la clásica Redes (Zinnemann y Gómez Muriel, 44); la lucha campesina en Santa Gertrudis o La primera pregunta sobre la felicidad (Groix, 76), Etnocidio sobre El Mezquital (Leduc, 76) y Jornaleros (Maldonado, 77); la organización campesina en la también clásica El brazo fuerte (Korporaal, 58), entre muchas otras películas y muchos otros temas. Algunas de las citadas aquí son documentales, ellas son: La guerrilla y…, Santa Gertrudis…, Redes, Etnocidio… y Jornaleros.

Entre todas ellas alcanza un nivel propio, El lenguaje de los machetes, que se articula tomando como base la lucha de los campesinos de Atenco con sus protestas que dieron forma a través del Frente del Pueblo en Defensa de la Tierra y que enfrentaron al estado mexicano que intentó imponer la construcción de un aeropuerto alterno de la ciudad de México desde 2001 y alcanzó su punto de quiebre en 2006. Con ese contexto que es recogido en una secuencia del filme se construye un drama centrado en el disgusto social por parte de una pareja de novios de estilo de vida under-hippie, a la vez dedicados al arte, que planea cometer un atentado e inmolarse en contra del sistema, tomando como meta, combatir la Virgen de Guadalupe, o sea, atentar contra un símbolo que representa la universalidad del mexicano.

Eso es lo interesante de la película, que hace una denuncia social que no se nota pero sí pesa. En realidad, pocos se dan cuenta que se trata de Atenco, si no tienen el antecedente, por lo que esto sólo sirve para ubicar la historia de la pareja en un contexto social. De ahí en adelante la película trata una historia de amor de dos desubicados que han querido construir su propia alternativa y no lo han logrado (cada uno por su lado). Afortunadamente la película no trata de encasillarnos en la pareja de enamorados como apasionados y activistas, porque tal vez hasta hubiera prejuiciado al mejor espectador. Así se evitó maniqueísmo de los personajes como encarnaciones burdas de la justicia e incluso héroes de intenciones puras y convicciones firmes que al volverlos modelo de comportamiento se vuelven insípidos e inverosímiles.

Ubicada en la ciudad de México, donde las locaciones dejan de ser evidentes y permiten dejar de lado el glamour, Ray y Ramona forman una pareja marginal, invisible por todos lados, salvo cuando sale a la calle y se vuelve masa al integrarse a la multitud. Ray escribe y registra la realidad (Atenco) en su cámara de video, hasta que lo golpean. Su naturaleza es estática y parece inmerso en un círculo vicioso que sólo tiene su cabo inicial en una familia clasemediera y semipudiente. Por su parte, Ramona es una mujer de acción, compositora, guitarrista y cantante de un grupo de rock infraurbano, fiel a sus convicciones, aguantadora y excesiva a la que las drogas no destruyen, sino que son su devenir cotidiano o su breve escape. Ella sí es activista, va a la marcha del 2 de octubre, a la que por supuesto, Ray, no va.

Los personajes, como la historia, distan de ser los de …Y tu mamá también (Cuarón, 01), no se exploran a sí mismos, sino se sitúan en el mundo en el que viven, lo que les da sentido y validez, porque tienen independencia por más marginados que sean. Se mueven en el mundo, no en su mundo. Aquí los personajes se unen a través del atentado, eso es lo que vale la vida para los dos, el problema que viven es su propia existencia y ante ello la película solamente se puede desanudar porque así como son los que gritan de llanto, decepción, tristeza y muerte mientras cantan furiosamente, están manifestando su sello antiautoridad y mostrando su pesimismo a lo institucional, como hoy día tantos jóvenes que no tienen un porvenir y han dejado de creer en todo.

Dirigida como ópera prima por el escritor de cuentos mexicano, nacido en Kenia y estudiado en Estados Unidos, aunque formado en la UNAM, Kyzza Terrazas, que tiene la fortuna de escribir un guión con palabras a veces inentendibles para dejar ver la inseguridad de comprender mensajes porque tal vez lo que nos dicen las instituciones no podemos entenderlo. Los personajes viven en un mundo de frases hechas a las que no toman demasiado en cuenta, su centro es emocional, su esencia es el autoengaño y la inconsistencia, nunca dejan de ser elusivos, evaden todo para no parecer falsos ni mecánicos como los discursos familiares y las consignas políticas.

Interpretada por la cantante de rock Jessy Bulbo y por el artista plástico Andrés Almeida, prácticamente en sus primeros roles en cine, pero logran llenar de instinto y naturalidad sus actuaciones, Terrazas crea una película que toca de una manera diferente y real (además de cruda) la forma en que viven hoy los jóvenes, nada desligados de lo que sucede a su alrededor, pero con desvaloraciones más fuertes en su interior. Vale la pena.

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