Cultura

Noche de lluvia en primera fila con Alejandra Guzmán

Por: Miguel Ángel Rodríguez Vivas

Comenzó a llover de forma intensa alrededor de las siete de la noche. Treinta minutos después, la lluvia seguía cayendo. Fuera de la Plaza de Toros de Provincia Juriquilla estaban los asistentes que esperaban entrar a un gran concierto; tuvieron que esperar tres años para que volviera a suceder.

La mujer que se presentaría esa noche había pasado por momentos difíciles. Había colocado, después de la adversidad y los problemas de salud, su última producción discográfica en los primeros lugares de popularidad: “La Guzmán en Primera Fila”. Esta vez, la gira promocional llegaría a Querétaro el 21 de junio.

El público iba llegando poco a poco. Sin embargo, los organizadores del evento impedían la entrada, no contaban con que la lluvia provocaría que la logística se viera alterada. Los que estaban fuera podían disfrutar de un buen trago y música dentro de una carpa blanca que parecía que se iba a quebrantar por el fuerte viento y la lluvia que asolaban a la ciudad.

Otros tantos se encontraban desesperados en las filas que se habían formado pensando que, así como otros eventos en la ciudad, este se cancelaría, ahora no por una mala organización, sino por el clima que no estaba a su favor.

Se podía observar en la explanada del estacionamiento como los ríos de agua salían por un extremo de la Plaza. La gente se resguardaba debajo de los paraguas o impermeables de color azul y negro que se habían disparado en costos: 30 pesos por una simple bolsa de plástico extendida… el comercio informal se veía beneficiado por la adversidad del clima.

Comenzó la desesperación. Había llegado la hora pactada, los más de 3 mil asistentes se encontraban en la parte exterior del recinto taurino, llovía poco y de pronto comenzaba de manera más intensa para después volver a cesar, la incógnita era la misma: ¿se realizaría el concierto?.

Fue hasta las 9:00 PM cuando las puertas se abrieron, la mayoría de los que ingresaban estaban empapados de pies a cabeza. A los fanáticos parecía no importarles la lluvia, portaban sus playeras de los clubs de fans o algunos discos, con la esperanza de que la cantante pudiera firmarlos.

El espectáculo debe continuar

El recinto que recibiría el concierto comenzó a llenarse. Poco a poco, las localidades se fueron ocupando. En la parte alta de la plaza de toros se veían sombrillas de varios colores y gente que se protegía del frío.

Abajo, las sillas en el ruedo estaban empapadas, los pies de los que caminaban se encontraban mojados y llenos de arena. No había alguna protección o piso artificial. A la gente parecía no importarle, no faltaba aquella mujer que llevaba zapatos o botas de tacón.

Pasaron los minutos. Las pruebas de sonido se hicieron presentes, había problemas: no se escuchaba una bocina o no servía alguna luz, los técnicos corrían de un lado a otro sobre el escenario, trataban de dejarlo seco, sin rastro de agua. Pero la lluvia no terminaba de caer.

Probaron un micrófono que colgaba en el centro del escenario alumbrado en forma de cruz por una luz roja, parecía que no funcionaba y decidieron subirlo nuevamente. El primer número del concierto debía continuar sin importar que su atracción principal no estuviera preparada, esa donde la cantante tomaba el micrófono que colgaba del techo y lo aventaba, así sucedía en la gira; un número planeado y repetido tantas veces en movimientos exactos que hoy tendría que cambiar.

La lluvia se entrega a la Guzmán

Cerca de las 11 de la noche, las luces se apagaron y la música ambiental para pasar el tiempo fue interrumpida. Había llegado el momento de comenzar, la lluvia parecía dar tregua a los asistentes.

Un video proyectó parte de la vida de Alejandra Guzmán antes de que grabara su última producción. No importaba el número de cirugías por las que había pasado tras un procedimiento estético mal aplicado, cantidad que superaba los discos publicados por ella. En el video se le veía con una emoción que contagiaba a los asistentes, mientras en el fondo sonaba un tema que decía “Libre como el viento y un mundo por andar…”.

Las pantallas se apagaron, la lluvia disminuía. El frío y el agua encharcada comenzaron a ser olvidadas, no importaban las desavenencias o que fuera más tarde de lo previsto. El primer acorde de la guitarra comenzó a sonar, un corazón color rojo latía en la pantalla central, la gente comenzó a gritar de la emoción, la Plaza de Toros Juriquilla se estremeció.

De pronto, una silueta apareció en el fondo del escenario, moviéndose con agilidad. Una luz alumbró hacia donde estaba esa silueta. Un grito se hizo presente, no importaba que supieran previamente que ella se encontraba ahí: Alejandra Guzmán, con micrófono en mano, comenzaba a cantar el primer tema de la noche: “Quiero amarte sin explicaciones… Sabes cómo robarme un millón de pasiones”, frases de la letra de “Como Ladrones”.

Alejandra Guzmán apareció en el escenario para brindar una noche inolvidable, sin importar la lluvia ni el frío. Se entregó como cada noche, con esa pasión en cada acorde, cada palabra y frase. Se le veía radiante, agradecía a los asistentes haberla esperado.

La lluvia parecía calmarse, era como si hubiera decidido detenerse en el momento en el que comenzara el concierto. Una noche de lluvia en primera fila con Alejandra Guzmán.

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