Cultura

Nominadas

Por: Juan José Lara Ovando

El sueño americano es para nosotros los latinoamericanos un progreso en la forma de vida, lograrlo implica mejorar. Para los norteamericanos no existe otra forma de vivir más que esa, es su estilo de vida y es universalmente único, o sea, que no sólo les pertenece a ellos sino que debe ser adoptado por cualquiera, porque al ser el mejor, no existe otra manera de vivir.

Las películas que ahora se comentan muestran lo contrario, que difícilmente esa puede ser la mejor manera de vivir y que no es única, aún más, presenta falta de sentido, locura, degradación, abuso, burla y miedo, entre varias cosas más que denotan una crisis cultural, que puede ser más devastadora que la económica.

Las películas El lobo de Wall Street y Capitán Phillips conjugan una alegoría a la tentación y el error. La primera es la personificación de la soberanía de lo plástico, la exageración de un mundo que no tiene otro sentido que tomarlo y dirigirlo como se le quiera porque lo único que importa es quedarse el dinero para gastarlo en puro desenfreno. Sabina criticó en una de sus canciones a Cristina Onassis al decir que era tan pobre que sólo tenía dinero; Jordan Belford, el susodicho lobo de esta película, es algo similar, el joven aprendiz de corredor bursátil recién casado y de origen humilde que se deslumbra con las enseñanzas de un excéntrico maestro que lo pone en el campo de la ilegalidad y la ambición. El chico aprende rápido que lo único que se debe poseer en este mundo es el dinero porque es el que abre las puertas al paraíso del desenfado. Va a aprender todos los caminos que llevan al dinero a través del fraude para disfrutarlo en sexo y drogas; por supuesto, en todo lo que significa buena vida: auto carísimo, mansión, yate, helipuerto, esposa para lucir, una compañía bursátil, millones de dólares en la banca suiza para volverse a cerrar en sexo y drogas.Tiene todo pero importa sólo para estar bien y disfrutar de más sexo y drogas.

La segunda, Capitán Phillips es una película sobre decisiones y desencadenantes, a pesar del título no trata tanto de la persona sino de la situación, ya que el personaje tiene poco trasfondo (o contexto, no sabemos nada de él)pero refiere una situación que se vuelve más compleja que la de la cinta anterior, al menos por la forma de tratarla con ausencia de maniqueísmo, ya que sería muy fácil presentarla como una gringada, esa es la primera sorpresa. Los gringos son los capturados en altamar y los que, francamente, se mueren de miedo, por lo que están a la deriva de lo que los piratas somalíes decidan. El dicho capitán de la marina mercante tiene que esforzarse para que el secuestro de su carguero se resuelva con el menor costo posible ante la desesperación de su tripulación escondida y la inexperiencia de los secuestradores ante una situación inusitada. Lo que se pone en juego es la protección de unos y otros y lo que representan ambos para sus países, sus trabajos y sus familias. Todo lo contrario a El lobo…no hay excesos, aquí todo está medido, no hay afanes aleccionadores, ni se dice quiénes son los buenos y cuáles los malos, el espectador es que contempla y, en su caso, juzga.

Las películas se deben a excelentes directores. De El lobo de Wall Street es nada menos que Martin Scorsese, el más elogiado de los directores norteamericanos que vuelve a sus temas muy americanos y excesivos, desde El príncipe de las calles (73), Taxi driver (77) y Toro salvaje (80) hasta llegar a Buenos muchachos (90) y Casino (95), es decir, el mundo de la mafia, la violencia y el poder en el ámbito de las calles sobre los que muestra un conocimiento profundo y experiencia inagotable, pero aun así no es su mejor película, queda bastante atrás de las cinco mencionadas, principalmente de las dos últimas a las que se asemeja mucho aunque no se trate de la mafia sino de Wall Street, nada más que los trata de manera similar, como el mundo de la corrupción, el dinero y el poder.

No es la mejor, porque aunque Scorsese no utiliza moralejas, el filme no se puede quitar esa impresión nunca. No se condena al personaje por el tipo de vida que lleva, al contrario, puede resultar agradable; se muestra una parte del mal en lo ético, representado por la bolsa; se hace énfasis en el poder de seducción delo malo y su parecido con la belleza, pero el ambiente orgiástico provoca náusea y llega al mal gusto al preparar un largo final totalmente predecible y sin presentar algo nuevo. La narrativa de Scorsese es como siempre impecable, todo está bien conducido pero su manejo es hacia afuera, al exterior; el interior de los personajes es más débil. La bella actriz Margot Robbie encanta por su belleza, pero no es la Sharon Stone de Casino, que le daba fuerza dramática a las escenas domésticas, que aquí carecen de fuerza y se exceden en gritos. Al igual Jonah Hill, es un socio pequeño ante el Joe Pesci de Buenos muchachos, sumamente atropellado para no robarle cámara a Leo DiCaprio que muestra escenas soberbias como su regreso a casa drogado en su auto o la venta de acciones vía telefónica desde una oficinita, pero ante una actuación tan larga mantiene un ritmo disparejo.

Capitán Phillips se debe al director británico que filma en Estados Unidos, Paul Greengrass que como en Vuelo 93 (06) y Domingo sangriento (02), además de las dos secuelas del caso Bourne, vuelve a hacer interesante una historia de aparente poco interés, ahondando en puntos que reflejan el momento concreto del suceso. La película es un thriller que va llevando a la desesperación del espectador, en lugar del apasionamiento, que sería lo esperado. La explicación de esto es que la historia relata las malas decisiones tomadas que van llevando a la exasperación porque hay una persecución pero no viajan a ninguna parte, ni se mueven del mar en ningún momento. Tampoco se toman decisiones ni acciones definidas, nunca sabemos lo que están pensando ni lo que van a decidir (tanto el capitán como el secuestrador), no anticipan nada, siempre resulta una sorpresa lo que hacen por lo que los espectadores se vuelven navegantes de aguas desconocidas donde intentan dilucidar algo.

Filmada en estilo documental, con cámara en mano, granulado y gotas de agua que salpican el lente vamos avanzando paso a paso con escenas cortas, breves diálogos, muchos gestos y breves miradas, marcados por la excelente actuación de ambos personajes interpretados por Tom Hanks y Barkhad Abdi, el primero aumentando la intensidad hasta materializarlo totalmente con sus actos, presencia, gestos y frases sin levantar la voz y, el segundo por su naturalidad, nunca se ve esfuerzo, su rostro potente no deja ver cuáles serán sus reacciones, una verdadera sorpresa. Los dos están nominados al Oscar por sus actuaciones. Dos críticas al estilo de vida americano, una estrambótica, la otra mesurada, pero magníficas ambas, aunque alcanzar premios no será fácil, ninguna de las dos es tan significativa para Hollywood, eso si, no son buenos productos.

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