Cultura

Otro sexenio perdido para la cultura

Por: Abelardo Rodríguez

El sexenio de José Calzada Rovirosa en lo que respecta a la política cultural nos remite a la grisura insípida y estéril de todo su gobierno. Un “nadar de a muertito” como método burocrático. Pero antes de entrar en materia, es necesario tener un poco de memoria.

El Instituto Queretano para la Cultura y las Artes, nació como respuesta del Estado queretano a una iniciativa que presentamos como comunidad artística en 2003. Esta iniciativa proponía la ciudadanización, o más bien dicho, la democratización, del entonces Consejo Estatal para la Cultura y las Artes, como un órgano autónomo y descentralizado; con presupuesto propio y con facultades para crear la política cultural a partir de las propuestas de la sociedad en su conjunto. Para ello contamos con el apoyo de la Comisión Estatal de Derechos Humanos de Querétaro, a la cabeza de la cual estaba Bernardo Romero, pues solo a través de ella podíamos presentar una iniciativa de ley. Durante todo un año organizamos tres foros, en Querétaro, Cadereyta y Jalpan, en los cuales participaron la mayor parte de los artistas queretanos. Ya previamente, en 1997, cuando organizamos un foro similar, la maestra Guillermina Bravo había propuesto una ley de cultura para el estado. Retomando su propuesta, nos pusimos colectivamente a diagnosticar nuestra propia situación como creadores y trabajadores del arte y la cultura, y a proponer soluciones a la problemática que enfrentamos y sufrimos en carne propia día a día. Sin embargo, los diputados de ese momento, en especial Jaime Alcocer en su calidad de presidente de la Comisión de educación, cultura y ciencia de la LIV Legislatura del estado, si bien nos escucharon y recibieron de manera protocolaria nuestra iniciativa de ley, al final de cuentas pergeñaron otra propuesta que nada tenía que ver con nuestros planteamientos y revolcando a la misma gata, nos dieron el Instituto Queretano para la Cultura y las Artes, IQCA, a cambio del Consejo Estatal ídem. Más de lo mismo. De esta manera se cerró, considero que definitivamente, la participación ciudadana en cultura. Lo que se haga de ahora en adelante, es y será por fuera del Estado y sus podridas instituciones.

 

Laura Corvera directora del IQCA de 2009 a 2015, inició su sexenio con una denuncia de las manejos mafiosos en las convocatorias y otorgamientos de becas y financiamientos del Instituto, que presentó públicamente el poeta Luis Alberto Arellano, en un texto que publicó el periódico digital Diálogo queretano, en 2010, y del cual citamos lo siguiente: “En el rubro Música el jurado (el maestro Francisco Núñez, amigo y mentor de Laura Corvera) otorgó cinco apoyos y tres fueron para estudiantes de la escuela que dirige. El mayor problema fue Literatura, Miguel Aguilar Carrillo fue jurado y le otorgó el único apoyo a Separata, la magnífica revista que dirige Federico de la Vega. ¿Problema?: Miguel es parte del consejo editorial de la revista y las bases de la convocatoria explicitan que no debe presentarse un proyecto en el que los jurados formen parte”. Y terminó su sexenio con la misma denuncia, ahora presentada por la escritora Romina Cazón. Por lo que el primer resultado de su gestión es el favoritismo y la trampa de un grupo afín al gobierno y la propia Corvera. En la parte intermedia de su gestión, lo que más se cacareó fueron las obras públicas de rescate del ex-convento de Santa Rosa de Viterbo, convertido en Centro Estatal de las Artes, el Teatro Alameda y el Teatro Metropolitano, pero estas obras se gestionaron desde las administraciones pasadas y a la actual sólo le tocó inaugurarlas, sin ni siquiera poder darles un eficiente uso, pues los tres recintos mencionados son “elefantes blancos”, sub-utilizados y comercializados a partir de un esquema de alquiler similar a los salones de fiesta. No se crearon nuevos teatros, ni centros culturales u otra infraestructura. Durante esta administración, el IQCA no sólo no promovió la cultura en los 18 municipios, sino que reconcentró sus actividades en unas cuantas cuadras del Centro Histórico. Ni siquiera podemos decir que en las colonias y barrios de la ciudad sepan de la existencia de un Instituto Queretano de la Cultura y las Artes. A lo que se redució básicamente fue a financiar unos pocos festivales internacionales en dos o tres plazas céntricas, como parte de un proceso rampante y nocivo de convertir la política cultural en promoción turística. A esto responde la “festivalitis” a nivel global y el gobierno queretano no podía quedarse inmune de esta peste de privatizar los espacios y la vida pública y de privilegiar los negocios turísticos y de entretenimiento trivial, a costa de los dineros públicos supuestamente dedicados a la cultura y a la educación de la sociedad.

 

Por el lado de Instituto Municipal de Cultura también hay que hacer un poco de memoria. Este Instituto se creó durante el gobierno municipal del priista Jesús Rodríguez (1997-2000), y en su acta de creación contemplaba un consejo ciudadano, constituido por artistas y promotores culturales, con carácter directivo, es decir, para decidir la política cultural de este organismo. Pero esta instancia realmente de avanzada nunca se aplicó y se fue degradando rápidamente, primero a consejo consultivo y luego desapareciendo totalmente en las subsiguientes administraciones panistas. Durante la gestión de Rolando García (2000-2003) se suscitó un movimiento en defensa de la Casa de Cultura “Ignacio Mena”, ante el intento del gobierno municipal de convertirla en sede del Instituto Municipal de Cultura, es decir, cerrar los talleres, el teatro y el salón de danza, para abrir oficinas para burócratas, contraviniendo la voluntad del doctor Ignacio Mena, quien la donó al pueblo queretano para su desarrollo cultural. Este movimiento lo encabezaron la entonces directora de la Casa de Cultura, Mónica Cadena y el maestro Julio César Cervantes. De 2006 a 2009, en la gestión de Manuel González Valle, este órgano, ya dependiente de la Dirección de Desarrollo Social Municipal, se degradó aún más, dejando de pagar a artistas queretanos y proveedores culturales más de 9 millones. De 2009 a 2012, ya bajo la gestión del también panista Francisco Domínguez, no cambió esta situación de empequeñecimiento económico e insignificancia política en el Instituto de Cultura Municipal.

 

(continuará)

 

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