Cultura

Otro sexenio perdido para la cultura (segunda parte)

Por: Abelardo Rodríguez

 

De 2012 a 2015 regresó el PRI al gobierno municipal de Querétaro, con el también gris, opaco e intrasendente Roberto Loyola Vera, quien puso de director del Instituto Municipal de Cultura, el IMC, al antrópologo José Antonio Macgregor, quien también pasó sin pena ni gloria, nadando “de a muertito” como sus jefes. Macgregor llegó a Querétaro, proveniente del DF, en 1990 a dirigir la Unidad Regional de Culturas Populares, tocándole operar el “adelgazamiento” de esta institución creada en 1985, tanto en personal como en presupuesto (hace algunos años llegó a tener un presupuesto anual de 200 mil pesos, el cual le llegó 8 meses tarde). Después pasó alrededor de 15 años en el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, el CONACULTA.

De retorno a Querétaro, durante su gestión a la cabeza del IMC, comenzó con el ritual ya vacío de un foro de consulta ciudadano, el cual estuvo vacío también de propuestas, a excepción del maestro Manuel Oropeza Segura, quien propuso que se declarara la vocación de los teatros queretano como recintos culturales. Es decir, blindarlos para que en el futuro, quizá más próximo que lejano, no terminen convertidos en oficinas o estacionamientos, y para que tengan las prerrogativas legales para contar con apoyos económicos. Sin embargo, pese a ser la única propuesta seria que se le presentó, el titular del IMC no la tomó en cuenta. Poco después de este forito, Macgregor anunció una política cultural centrada en las colonias y los barrios populares de la ciudad, pero el esquema fue “hacer más con menos dinero”, por lo que no pasó nada. Los talleres, proyectos y acciones que se realizaron fueron a parar al olvidable y anecdótico inventario del “archivo muerto” de la burocracia municipal. Tampoco se equiparon las Casas de Cultura Municipal, ya no se diga que se creara una más. De hecho desde hace más de 20 años no se construye un centro cultural en las colonias populares de la ciudad, pese al gran crecimiento urbano y poblacional del municipio queretano. Ni siquiera la “joya de la corona” de las casas de cultura, la “Ignacio Mena”, mereció “una manita de gato”. Al contrario, su deterioro se acrecentó, pues su foro teatral, “La caverna”, hecho a mano limpia por jóvenes teatreros, quienes también pusieron el dinero para construirlo, fue desmontado por la falta de mantenimiento, a pesar de ser uno de los espacios más usados por la comunidad teatral. Ni para eso le alcanzó al IMC. Ni para eso sirvió Macgregor.

Pero para lo que si hubo dinero fue para los eventos y productos culturales que interesan al gobernador, a los presidentes municipales y algunos funcionarios del primer círculo del poder, como al jefe de asesores de José Calzada, Juan Antonio Isla, quien fuera Secretario de Cultura y Bienestar Social, de 1985 a 1991. Sólo pondré dos ejemplos para no abrumar al lector. El primero son los libros lujosos y costosos hechos para que el gobernador los use como obsequios a unos cuantos, y que contrastan con la pobrísima producción editorial que hubo en el sexenio, entre lo que se destaca el “Cátalogo de artistas queretanos”, hecho con las patas, incompleto, sin investigación y sin respeto para los creadores, pues a algunos de ellos les cambiaron hasta el nombre. Un cátalogo que más de artistas queretanos, parece más un cátalogo de Avón. El otro ejemplo son las chambas culturales que se les da a amigos, como las que se le dio a la empresaria cultural Dora Guzmán, quien con sus espectáculos “multimedia” cobra al erario público cifras millonarias, pagando en centavos a los artistas que participan en ellos y hasta pichicateándoles la paga. En 2014, esta señora fue denunciada por artistas zacatecanos por defraudarlos, pues su participación en el espectáculo conmemorativo de “la toma de Zacatecas por Pancho Villa”, fue pagado , sino mal recuerdo, con 300 pesos, bajo el supuesto de un bajo presupuesto para el mismo. El problema se suscitó cuando se enteraron que Dora Guzmán cobró cerca de 4 millones de pesos y haciendo cuentas llegaron a la conclusión que el costo total de la producción no rebasaba el millón de pesos. Esta información se dirimió en las redes sociales y puede verificarse. Esta “bolsa” especial para los proyectos culturales del gobernador en turno se creó cuando menos desde el sexenio de Enrique Burgos y se ejerce de manera discrecional, sin transparencia ni rendición de cuentas. A esta monserga hay que añadirle que también los diputados federales pueden ejercer recursos públicos para aplicarlos a los proyectos culturales que ellos solitos deciden, según sus intereses clientelares y particulares y sin tampoco rendir cuentas.

Como puede verse a simple vuelo de pájaro, la política cultural en Querétaro es un fiasco. Sólo el Museo de la Ciudad, a cargo de Gabriel Horner y el Museo Histórico de la Sierra Gorda, a cargo del incansable Junípero Cabrera, siguen funcionando y resistiendo la degradación institucional, gracias a la labor porfiada, inteligente y hasta heroica de sus titulares y sus reducidos equipos de trabajo. Pero ya llevan 18 años al frente y su ciclo ya termina ¿qué va pasar en estos espacios en donde se ha refugiado durante tres sexenios la comunidad artística queretana? Para acabarla de amolar, las reformas nefastas de Peña Nieto ya nos alcanzaron con el embozamiento del CONACULTA en una Secretaria de Cultura, la cual arrancará próximamente con un recorte de 3 mil millones de pesos para el 2016 y en donde se materializa la privatización intensiva de las creaciones y espacios culturales. ¿Que esperamos de las nuevas administraciones? Francamente nada.

 

{loadposition FBComm}

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba