Cultura

Paquidermos

Por Juan José Lara Ovando


De entre las muchas aproximaciones que el cine ha llevado a cabo al mundo del circo, Agua para elefantes viene a sumarse a la vertiente más melodramática del tema, aquella que encontrara su estandarte en la ampulosa, fastuosa e incluso, interesante superproducción El mayor espectáculo del mundo (del célebre DeMille, 52) y sucesoras como Trapecio (Reed, 56): en común tienen el triángulo amoroso, las pasiones que fluyen en los protagonistas como el espectáculo lo hace bajo la carpa, el gusto por formalismos más tradicionales que desviados. Descartados, pues, los microcosmos grotescos que van de Fenómenos (Browning, 32) a la reciente Balada triste de trompeta (de la Iglesia, 10) o las miserias ambulantes como Noche de circo (Bergman, 53) y La strada (Fellini, 54); descartada también cualquier nota de humor, como Una tarde en el circo (Buzzell, 39) todo ello a costa de un show que el cine sólo se representa a través de su decadencia o desde la nostalgia por los días mejores.

 

Partiendo de la novela supervendida de Sara Gruen, este tercer largometraje de Francis Lawrence demuestra lo ya visto en Soy leyenda (07), su anterior trabajo: brillantez técnica y esmero estético al servicio de una impersonalidad pasmosa, de cine que raya en el tedio y abunda en tópicos de manual, en el que vemos una vez más, el arquetipo de flashback del anciano que recuerda los años más emocionantes de su vida, durante la Gran Depresión.

 

En el caso que nos ocupa, el mimo visual de esas enésimas memorias contadas entre el adormecimiento, se preocupa de transmitir la fascinación por cada rincón circense desde el preciosismo, la luz meticulosa que incide en cada plano con la sensación de la preparación milimétrica, sin posibilidad a la suerte. Todo parece estar dispuesto, al detalle, para que la maravilla sea plena y constante, aunque el realizador olvide que la pasión y el vínculo emocional, ya sea entre los amantes, entre los amantes y la elefanta o, entre el espectador y todos los anteriores, pasan por algo más que el virtuosismo a merced de la función.

 

Película pesada y sin capacidad para la sorpresa, Agua para elefantes muere en su propia monotonía académica y en su romance de cartón, sin carisma. En esto, algo tienen que ver unos Robert Pattinson y Reese Witherspoon indecisos entre la contención y la inexpresividad, empeñados en encontrar una química que en ningún momento llega a parecer siquiera probable. Y, algo menos, un Christopher Waltz que después de ganar el Oscar (Bastardos sin gloria, Tarentino, 09) se ve esforzado en especializar su renovada carrera en villanos que van de lo monstruoso a lo patético, de lo magnético a lo repulsivo. Así que aquí su papel de August, el tiránico, posesivo y alcohólico encargado del circo que explota y sacrifica a todos (animales y personas del circo) hace sufrir caricaturescamente.

 

En la novela parece que hay un atractivo, que corren paralelas las historias del viejo y del circo, lo que crea una inquietud en el lector de cómo se unen y hasta quiénes son los personajes, cuestión que se resuelve al final del texto, pero eso en la película no existe, sabemos desde el principio que el viejo que cuenta la historia es el joven veterinario del circo Benzini, por lo que el factor sorpresa se ha eliminado y la historia se vuelve lineal.

 

Una cinta que puede cumplir con entretener (dados todos sus elementos de producción, entre los que se cuenta la música de James Newton Howard) pero poco emotiva, con un guión convencional y nada original, con una cuidada puesta en escena y un buen trabajo de producción, todo para contarnos la historia de la bella y la bestia circenses, y de cómo se rompió el hechizo (la ilusión del circo) gracias al beso de amor verdadero de un joven intruso y a la colaboración de una inteligente elefanta que bebía agua, con un poco de alcohol de vez en cuando, tal vez para aguantar los golpes de su colérico capataz. No nos queda más que finalizar recuperando el chiste de que la cama y el elefante se parecen en que los dos son paquiduermas, que en esta película si se cumple. Lástima por el elefante.

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