Cultura

Preguntas

Por: Jorge Antonio Torres

¿Usted qué piensa de las instalaciones universitarias tomadas por estudiantes? ¿O de docentes bloqueando carreteras federales?

 

Abrir una columna con dos interrogantes que pueden contraponerse en sus respuestas puede ser arriesgado, especialmente cuando ya hemos sido bombardeados por los medios de comunicación (abiertamente comprados y desfachatadamente expuestos por su comprados “cruzado”) para que la población se encargue de generar un juicio poco informado. Sin embargo, el requerimiento de principio es más sencillo y por lo cual cambiaremos las dos preguntas por otras nuevas:

¿Usted qué piensa de la educación en México? ¿Paga o pagó su propia educación o de algún familiar cercano a usted?

 

De las respuestas que pueda generar en cada uno de los lectores desconozco mucho y poco a la vez. Si usted lee regularmente el Tribuna de Querétaro y/u otras publicaciones estatales y nacionales, impresas y digitales, ajenas a las grandes cadenas de comunicación, forma parte de un reducido número de mexicanos que no es víctima del asalto mediático. Tiene una amplitud de opinión que le permitirá discutir sobre el tema sin que en su argumento se encuentre de por medio la voz de un López Dóriga. Prenda el canal que quiera a la hora que quiera, el señor López está 24/7 en todas sus versiones.

Y es por eso que me atrevo a pensar que usted considera que la educación es LA CLAVE para resolver las problemáticas que aquejan al pueblo mexicano, tan distante al “México” de la “Cruzada contra el Hambre” o el “Pacto por México. Espero no me deje mentir.

Lo que desconozco de la respuesta a la primera pregunta es la forma en la que usted considera la educación.

Mucho se habló en el gobierno de Fox de acercar la tecnología a las aulas. Y muchos aplaudieron la iniciativa. Clap clap desde la “clase política”. Pero cuando se trata de poner las manos a trabajar, resulta que hay escuelas en la República que a “duras penas” cuentan con tres paredes y un techo para trabajar. Ya no se diga de pizarrones. Maestros con voluntad pero con poco o nulo material para educar a niños de escasos recursos, nulo transporte y mínima alimentación.

Pero en cambio la “clase política”, en el sentido inverso y ciego que le caracteriza, pretende emprender una “Cruzada contra el hambre”. Yelmos copetudos para reconquistar Jerusalén y olvidarse de que en las tierras de donde parten los cruzados también hay hambre y algunos están dispuestos a convertirse en Robin Hood.

Y al final, resulta ser que la gente empieza a reaccionar, aunque no sé si de la forma “correcta”. Los maestros en Guerrero y los estudiantes en la UNAM, a mi parecer, son dos manifestaciones de un mismo mal, que es la falta de atención a la educación pública en México.

Lo jóvenes todavía apostados en las oficinas de la Rectoría de la UNAM llevan el rostro tapado porque ingresaron destruyendo unos vidrios. No mentiré: yo también me taparía el rostro temiendo represarías. Los que asisten a manifestaciones y se tapan el rostro lo hacen por el mismo miedo a ser reconocidos y reprimidos, y por lo cual resulta coherente que la “clase política” quiera criminalizar este acto de miedo y reserva de la vida privada. Recuerde usted, estimado lector, que ya han criminalizado otros aspectos de la vida, como el negarse a legislar sobre la decisión para abortar.

Lo que se pone en juicio (mío y suyo) es la resistencia al diálogo y la nece(si)dad por parte de la “clase política” de involucrarse en un ámbito cubierto por la Autonomía, ofreciendo la entrada de la policía en Ciudad Universitaria. Recordemos la última entrada de la policía a las instalaciones de la UNAM: Represión del Movimiento estudiantil de 1968.

Quiero creer que las autoridades universitarias sabrán resolver el conflicto, con sus diferentes puntos de vista.

Respecto de los maestros guerrerenses, no esperaría menos que una respuesta generalizada por parte de la sociedad, para manifestar el hartazgo que muchos expresamos hacia este sistema “democrático” y “representativo”.

Y es que no podemos negarlo: la política partidista en México es un espectro que ha manejado el rumbo del país gracias a que la mayoría del pueblo se ha negado a des-alienarse de la voluntad de la autoproclamada “clase política”. El llamado “Pacto por México” nos recuerda que no importan los colores, las siglas, los supuestos estatutos de los distintos partidos con registro en el Instituto Federal Electoral. TODOS LOS PARTIDOS SON IGUALES. Las declaraciones de Miguel Ángel Osorio Chong, Secretario de Gobernación, al salir a la defensa de todos los partidos no hacen más que asegurar que todos van por el mismo bando.

(Un recuerdo más antes de irnos: los partidos políticos reciben dinero de gobierno federal, que a su vez recibe dinero por NUESTROS impuestos. Algo de lógica podría decirme que los partidos políticos gastan con NUESTRO dinero, por lo cual son NUESTRAS cosas.)

Dejo esta columna a disposición de su opinión.

Además opino que se debe de respetar la libertad de expresión en los medios de comunicación (DEMOCRATIZACIÓN DE LOS MEDIOS), legislarse adecuadamente sobre los derechos indígenas (MARICHIWEU AMÉRICA LATINA), evitar que los grandes capitales se involucren en nuestras elecciones y con nuestro petróleo, dejar de disfrazar el fraude electoral desde los medios (#1DMx) y permitir la autogestión y autodefensa de los pueblos. #YoSoy132.

 

 

@AntonioTorresA

antoniotorresanaya@gmail.com

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