Cultura

Proelia: Música desde la “Otra Banda”

El grupo celebrará el viernes 15 de marzo un concierto para conmemorar su primer año de existencia

Por: David Eduardo Martínez Pérez

Hacia el barrio de la llamada ‘Otra Banda’ se mueve mucho el cotorreo. Ya sea en la estación de trenes o en alguno de los centros culturales que también operan como vecindades, es común encontrar a alguien que actúa o toca algún instrumento.

 

La calle Marte, que divide avenida Universidad entre el tramo lleno de restaurantes y el barrio por excelencia, también es testigo de ese furor cultural que se respira en la Otra Banda.

La única reja despintada que tiene la Universidad Marista se ubica frente a dos edificios que a simple vista parecieran un local y una casa cualquiera. Basta con que uno se atreva a tocar en la casa para echar por la borda esa suposición.

Ese lugar, tan anodino a simple vista, es una fábrica de sonido donde ensayan dos chicos altos y delgados; Proelia, dicen que se llaman.

Lo primero que llama la atención en ese estudio es la cantidad de cuadros que cuelgan de las paredes. Cuesta pensar que sus dueños sean sólo músicos, podrían ser perfectamente pintores o cualquier otro tipo de artista.

Entrevistados, manifiestan que sus influencias las toman tanto del metal de Iron Maiden como la música hecha con cucharas y juguetes, de CocoRosie.

El grupo, que el viernes 15 de marzo celebrará un concierto para conmemorar su primer año de existencia, se caracteriza por tocar melodías “alternativas” y experimentar en la composición de sus piezas musicales.

Aunque iniciaron como Deth Proof –en referencia a Tarantino– los integrantes del grupo cambiaron de nombre y de concepto a comienzos del año pasado.

De acuerdo con Eduardo Aboytes, quien además de componer se desempeña al frente del teclado y la batería, el cambio de imagen tuvo muchas razones que fueron desde la dificultad que tenían para que pronunciaran bien su nombre en las presentaciones, hasta el estilo de la música que tocan.

“Cuando empezamos nos llamábamos Deth Proof por la película de Tarantino, la única diferencia es que no usábamos la “a” en “Death” por cuestiones de derecho de autor (…) al igual que la película, nuestra música era un poco más violenta y era fundamentalmente metal, no incursionábamos en otros géneros”, explica.

Con un nombre que sólo puede hacer alusión al arte, Diego Rivera Cepeda, guitarrista y vocalista de la banda, señala que no sólo han cambiado de género musical, sino que han dejado de hacer covers para dedicarse a su propia producción.

“En algún momento hicimos muchos covers. Nuestros homenajes iban para Iron Maiden, The Strokes, Muse. Pero ya casi no, como Proelia hemos realizado muchas composiciones propias y ahora tratamos de jugar más con el sonido, incluso desde nuestros ensayos. Hemos utilizado hasta corcholatas para hacer percusión”, presume con orgullo.

Músicos multidisciplinares

Un gato aparece bajo la batería, como surgido por generación espontánea. Es como si los chicos realizaran experimentos de alquimia para sacar gatos de sus notas musicales. Diego lo levanta y lo acaricia, luego lo deja en suelo y prosigue con su explicación.

Dice que no son artistas de una sola disciplina, por el contario, les gusta jugar con las posibilidades que otorga esa frontera difusa entre literatura, teatro y composición musical. Lo mismo le han dedicado canciones a Rulfo que a los cadáveres exquisitos, poemas ideados por André Bretón como municiones para el movimiento surrealista.

También les gusta el performance. Eduardo lo corrobora orgulloso. No hay una sola presentación en la que no hayan realizado algún acto bizarro para obligar al público a abandonar esa zona de confort bautizada como cuarta pared.

Por ejemplo tocar con cobijas encima. A pesar de los accidentes, la banda nunca se detiene al momento de ofrecer espectáculo combinado con canciones.

Aunque dicen ser apolíticos, se enorgullecen de aportar sentido crítico con sus letras y desalentar “la apatía” en la que vivirían envueltos muchos de quienes inician sus vidas.

Eso sí, para ellos es imperdonable faltar a los ensayos o cancelar presentaciones. Por eso tienen dificultades para encontrar colaboradores constantes dentro de la agrupación.

De vez en cuando tocan con alguna otra persona, pero la mayor parte del tiempo ellos hacen todo el trabajo.

Aunque los dos estudian siempre encuentran una oportunidad para ensayar y componer. Eduardo dice que lo hacen dos veces por semana en sesiones totalmente diferentes. En una ensayan de manera formal, apegándose a pentagramas y pistas que ya se saben y en la otra se dedican a “jugar” y experimentar nuevas melodías.

Su mente musical es tan abierta que incluso permiten que niños se acerquen a colaborar, como Enrique, un chico de nueve años que tocará con ellos en próximas presentaciones.

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