Cultura

Quiero jugar como “la Pelé”

Por Juan José Lara Ovando

El futbol femenil en México parece ser muy reciente, pues la Superliga (prácticamente la primera división de futbol femenil del país) apenas inició en 2007, de modo que las competencias internacionales en las que hemos visto participar a nuestras muchachas (que muchas de ellas proceden de las ligas estudiantiles estadunidenses), se han apoyado más en el amateurismo que, en este caso, representa todo el esfuerzo y el coraje (corazón) con el que juegan estas chicas que en el respaldo de la propia Federación Mexicana de Futbol (Femexfut), que siempre las ha tenido en un segundo plano, como si consideraran que gastan más en apoyarlas que en obtener un beneficio por sus participaciones.

 

Apenas en 1999, la selección femenina de México asistió a un mundial respectivo de la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA) y ahora, en 2011, lo logró hacer por segunda ocasión, consiguiendo sus primeros dos puntos y luchando por pasar a una segunda ronda (perdieron ante Japón, que a la postre resultó campeón mundial). Dichos mundiales se realizan desde 1991 (seis hasta ahora), pero previamente hubo un par de campeonatos mundiales femeniles, que no aparecen en registro oficial porque no los organizó la FIFA y no existían ligas profesionales como ahora.

En esos campeonatos mundiales amateurs, realizados en Italia 70 y México 71, las jugadoras mexicanas lograron un excelente papel y ganaron el tercero y segundo lugar respectivamente. En el segundo perdieron la final ante Dinamarca por 3-0, pero levantaron el ánimo por el futbol femenil, que algunos jugadores de entonces como Enrique Borja y Carlos Reinoso se encargaron de enfriar al señalar que no era un deporte para mujeres, lo que la Femexfut no se encargó de aclarar o negar, de modo que quedaron en el olvido jugadoras tan valiosas como Alicia Vargas, “la Pelé”, María Eugenia Rubio, “la Peque” (hermana de Sergio Rubio, jugador del campeonísimo Cruz Azul), Silvia Zaragoza, “la Borjita”, entre otras.

Todavía, “la Pelé” es considerada en los registros estadísticos de la FIFA, la tercera mejor jugadora de la historia en la Concacaf, después de las norteamericanas Mia Hamm y Michelle Akers, y empatada en ese puesto con la también norteamericana Julie Foudy. Es decir, que como “la Pelé” no ha habido otra jugadora en México, ni Maribel Domínguez, “Marigol”, única jugadora que puede presumir de profesional e internacional mexicana.

Jugar como “la Pelé” es un reto para cualquier jugadora mexicana, aunque para los no conocedores sea una completa desconocida y para la Femexfut casi una grosería, pues en esta institución se ha alentado más la figura de Marigol, pues aquélla aseguró que ellas estuvieron a punto de ganar un campeonato mundial, cosa que para los hombres, con todo el apoyo que tienen, están lejos de lograr, lo que provocó que las marginaran y olvidaran.

En ese sentido, la película Jugando con el destino o Quiero jugar como Beckham tiene muchas semejanzas con lo arriba comentado pues trata de una minoría racial, la pakistaní, que pide ser respetada por una cultura distinta, la británica, pues ahí encontramos la historia de Jessminder (Parminder Nagra), una joven de aquel país fascinada con el futbol que fantasea con una carrera profesional de ese deporte, tapiza su cuarto con afiches de la superestrella del balompié David Beckham y contradice las costumbres de su género (no le gusta ir de compras, cascarea con un grupo de chicos y hace dominadas con una lechuga en la cocina). Jessminder es una excepción en su comunidad porque tampoco ve en el matrimonio su realización personal, como sí lo hacen su hermana (a punto de casarse), su madre y las mujeres ancianas de su familia con costumbres ancestrales que trasladan con ellos, como en este caso a Birmingham. Su proyecto está en el futbol.

 

Juliette Paxton (Keira Knightley), es una chica inglesa que juega en un equipo y se hace amiga de Jessminder después de verla jugar y que se encuentra en la misma situación: le apasiona el deporte, se viste con ropa poco femenina y también es blanco de señalamientos de su propia madre, quien la cree lesbiana por esas tendencias deportivas. La historia de ambas jóvenes es la del desafío a sus familias, pero también es un llamado contra el prejuicio y el racismo, que se toca con sutileza (los indios llaman “goreh” a los ingleses y Jessminder se ofende cuando alguien la llama “paki”).

 

El relato tiene también su lado romántico y amistoso en el triángulo interracial inglesa-irlandés-india y varias situaciones cómicas entre sus protagonistas que sirven para aligerar los temas difíciles (la discriminación a los homosexuales y la sujeción a las convenciones sociales para no ser mal visto, por ejemplo). El futbol está presente todo el tiempo y da agilidad a la trama con escenas de entrenamiento y juego de los equipos femeninos que combinan tomas ágiles con fusiones de música bhangra-funk como si se tratara de un videoclip. La cinta también permite ver algunas tradiciones prenupciales indias, que contrastan con estas modernas y liberadas jóvenes que se atreven a transgredir sus costumbres, ya sean ancestrales o recientes, a través del futbol.

 

Dirigida por una directora de origen pakistaní, Gurinder Chadha, en 2002, con actores poco conocidos, con un planteamiento étnico pero una idea muy juvenil, basado en actuaciones e ideas frescas, con poco presupuesto y una firma independiente, y con una mirada hacia la cultura y la conciencia colectiva a través de algo muy simple como el futbol, pero practicado por mujeres, vuelve a esta cinta merecedora de elogios, nos hace recordar al futbol femenil que merece todo nuestro respeto y es un buen homenaje a quienes luchan por conseguir algo para los suyos, como esas jugadoras del mundial del 71 o el equipo Querétaro que ha logrado llegar a la Liguilla.

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