Cultura

Raymundo: su vida en acordes

“Corazón de roca” y “Amorcito corazón” son sus canciones favoritas

Por: Miguel Tierrafría

Unos cuantos acordes y la canción ‘Corazón de roca’ es entonada a unos pasos de la Fuente de Neptuno, cerca del Jardín Guerrero. Raymundo y su guitarra son uno solo al entonar la melodía: “Si te hicieron de roca y no puedes tener corazón”, y el requinteado empieza apoderarse del entre los murmu­llos y el ruido de las calles.

“Realmente vengo aquí al jardín para aprender un poquito más de la guitarra; me gusta interpretar las canciones, tocarlas y cantarlas a la vez, acompañarme yo mismo, y ahora sí que es como un pasatiempo, no es que precisamente yo me dedique a tocar y a cantar, sino que lo utilizo como un relax, para no estarme ahí deprimiendo y todas esas cosas. Es a lo que me dedico aquí con la música”, refirió Raymundo.

Él relató sus inicios en la música; aproxi­madamente desde los 15 años al lado de su padre -de donde viene la querencia por la música y quien le enseñó principalmente a manejar el ritmo- (ahorita) “estoy estu­diando un poquito más, pero siempre me ha gustado, toda la vida desde que tenía 14, 15 años me ha gustado la música ranche­ra, todo eso, pero ahorita últimamente que tengo un poco más de tiempo estoy espe­cializándome”.

– ¿Cuándo comenzó a involucrarse en la música, a tocar la guitarra?

– Empecé a enseñarme por revistas de Gui­tarra fácil, todo eso. Soy más lírico, como le dicen a los que no sabemos de notas, pero de todos modos me ha gustado la música. Mi papá es músico, todavía vive, le gusta mucho tocar el saxofón; él tuvo bandas, tocó en varios pueblos, en fiestas, y me llevaba.

Me enseñó de hecho a llevar el ritmo, me enseñó a tocar la batería, la tuba y ya des­pués, poco a poco, yo me fui enseñando con la guitarra.

Raymundo vive en Santa María Magdale­na en donde, al lado de su padre, tocó en la banda homónima de la comunidad. Platicó cómo es que las nuevas generaciones de la comunidad han continuado la tradición de la banda -hoy llamada la Santamariense- así como el contraste existente entre la gene­ración de él y su padre, y la de los jóvenes.

“Ahorita hay una banda -la que ha prose­guido- se llama banda Santamariense, ya con nuevas generaciones, muy buena ban­da, tocan muy bonito. Hay la generación grande y la generación de muchachos, o sea que son dos bandas diferentes. Y ahí está, la banda sigue tocando”.

Raymundo no sólo se dedica a la música, también al deporte; practicó físicoculturis­mo y participó en distintos eventos repre­sentando a Querétaro. “Me gustó mucho el deporte, de hecho todavía sale algo (señala su bíceps) de conejo, o sea que también lo agarré como un vicio, ahí en tu pobre casa tengo los aparatos: me levanto en la ma­ñana, hago ejercicio y me salgo hacer mis actividades.

“Ahorita estoy pensionado, ya no trabajo mucho, ya recibo mi pensión. El tiempo que me sobra me dedico a tocar la guitarra (toca las cuerdas de su guitarra)”, narró.

– ¿Ha llevado serenata?

– Pues sí, cuando más chavo. Cuando conquisté a mi esposa le llevaba las can­ciones que me sabía, unas rancheritas, co­rriditos. Le gustaban mucho las de Pedro Infante por ejemplo: ella, serenata sin luna, varias, pero ahorita ya se me olvidaron, ya no las he practicado, pero tiene muy bonitas canciones este señor, el ídolo de México.

Me gustaba mucho cantar canciones de él, ahorita como ya estoy cantando cancio­nes diferentes ya como que me voy olvi­dando de esas, pero ahí de vez en cuando sí me aviento unas de él.

– ¿Y con cuál canción conquistó a su es­posa?

– Esa de Amorcito corazón; esa la canta­ba muy bonito. Bueno, todavía se oye en el radio, esas canciones antigüitas muy bonitas. Ya luego de ahí sacaba corridos.

– ¿Qué le genera estar tocando una bala­da, música ranchera, una melodía?

– Pues me genera sentimientos bonitos, recuerdos; quita de estar pensando cosas malas, me quita el estrés, paso mi tiempo muy bonito con la música. Lo que es el deporte y la música es una bendición para la humanidad.

‘Con la música salen aventuras’

Raymundo y su guitarra permanecen sentados donde recordó los tiempos en que la música era sinónimo de aventura. Rememoró la ocasión en que emprendió un viaje rumbo a Acapulco, sin dinero, sin nada, tan solo su vieja amiga la guitarra, su voz, su sentimiento.

“He tenido experiencias, por ejemplo cuando yo quería salirme de la casa así a pasar unos días solo, me iba por ahí a Acapulco, a las costas, a algún pueblo, a tocar en los camiones o allá en la playa pero no me llevaba dinero, me iba con la pura guitarra y de ahí sacaba para mis gastos. Ahora sí que saliendo sí salen (sic) aventu­ras ahí con la música, ya sea que le cantas a personas alguna canción rancherita que le gusta y te empieza invitar a comer y ya te lleva o te vas a echarle serenata a su novia”, describió Raymundo Juárez.

Pero no todo han sido aventuras y expe­riencias positivas para Raymundo: al cues­tionarle alguna experiencia amarga que lo ha acompañó junto con las melodías, un desaire de su primer amor, a quien llevó serenata y sin embargo no cedió.

“Dicen que el primer amor es el bueno y yo sigo recordando a mi primera novia toda la vida, ahora sí que con nostalgia de las canciones que le cantaba, románticas. Y lo amargo es que no me haya quedado con ella; me acuerdo de ella, en mis 16 o 17 años (…) no me quedé con ella por diferentes circunstancias y no (siento) amargo sino simplemente nostalgia”.

Finalmente, al cuestionarle qué canción representaría su vida o su andar en la mú­sica, sus vivencias y recuerdos, Raymundo precisó que la música depende de momen­tos, para él no hay una melodía específica sino que se da por instantes: de alegría, tristeza, melancolía o nostalgia.

“La que más me ha gustado siempre es la de Corazón de roca, ahora sí que todas están bonitas, las rancheritas de Pedro In­fante que cantaba, pero en sí, alguna en especial, no. Todas tienen su significado y creo que todas tienen su momento; todas en un momento dado te llegan, depende del ánimo que andes.

“A veces, si andas deprimido por una novia, te echas unas canciones románti­cas, o si andas alegre pues unas canciones bien alegres, corridos, depende. Todas las canciones son muy bonitas y depende del ánimo que ande la persona, yo a veces an­do triste me aviento unas, se me quita la tristeza con unas románticas y la vuelvo nostalgia”, finalizó con una sonrisa.

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