Cultura

Resaca electoral

Las lecturas del búho

Por: Rubén Cantor Pérez

Twitter: @RuCantor

Han acabado las elecciones, para beneplácito de todo ser viviente. Los que se fueron a vivir al bosque pueden regresar y dar por finalizada su etapa ermitaña; las aves pueden volver a dormir tranquilas, pues sus casas ya no están forradas de esas caras desconocidas y retocadas con harto photoshop; y los chavos de preparatoria pueden dejar de pelearse en las avenidas por 700 pesos a la semana.

Sean abstencionistas, anulistas o de los que les prometieron ciertos privilegios y por eso votaron por el PAN o el PRI, la sensación generalizada es parecida a la resaca de una fiesta en la que no conocían a nadie pero aun así tenían que estar ahí porque prestaron la casa. Querétaro fue un carnaval absurdo en el que cada día se inventaban nuevas mentiras y se cambiaban espectaculares, rojo-azul, azul-rojo, las calles fueron verdaderas sirenas policiacas.

Esta locura subsidiada por los mexicanos, en contra de su voluntad, se puede asemejar a tres universos literarios que en lo personal disfruto mucho, los del regiomontano David Toscana (1961), el italiano Italo Calvino (1923-1985) y el estadounidense John Kennedy Toole (1937-1969). Los tres serían excelentes asesores de candidatos, ya que la sarta de falsedades que ofrecen en campaña los políticos bien podrían antologarse en un libro y convertirse en la gran novela mexicana del siglo XXI.

 

David Toscana

En “Santa María del Circo” (1998), un grupo de cirqueros de poca monta se topa con un pueblo fantasma en el norte del país. Lo que les parece más lógico es renunciar al nomadismo y refundar el pueblo con el nombre de Santa María del Circo (claro homenaje al uruguayo Juan Carlos Onetti. Dato curioso: Toscana decidió dejar la ingeniería y convertirse en escritor a los 30 años después de leer el cuento “Bienvenido, Bob” de Onetti).

Lo absurdo es que deciden adoptar roles sacados del sombrero del mago. Los oficios que desempeñan quedan así: El enano es el cura, la mujer barbuda es la doctora, el hombre bala es el militar, el contorsionista es el esclavo negro, la trapecista es la periodista, la asistente de mago es la afiladora de cuchillos, el mago es el campesino y el hombre fuerte es la puta. Ya con esto se pueden dar una idea de lo que pasará en la novela, la cual es una fuerte crítica a las figuras de poder: la iglesia, la política y el ejército.

 

Italo Calvino

Afortunadamente, la editorial Siruela, reunió tres novelas cortas de Italo bajo el nombre de “Nuestros antepasados”, una trilogía que según Calvino es una representación alegórica del hombre contemporáneo.

“El vizconde demediado” (1952) trata de un vizconde, valga la redundancia, que es cortado en dos por un cañonazo turco. A partir de ese momento, las dos mitades vivirán independientes, cada una seguirá su rumbo y se volverán antagónicas, como una especie de yin y yang, una mita buena y otra mitad mala. Fue la primera incursión del autor en el género fantástico y no tomó restricción alguna.

“El barón rampante” (1957) narra las aventuras de Cosimo Piovasco, quien a los 12 años se sube a un árbol y no vuelve a bajar por el resto de su vida. El capricho viene de una rebelión contra la tiranía familiar, sólo que en vez de durarle unas semanas o meses, como cualquier rabieta, Cosimo abraza su causa y no pisa el suelo nunca jamás. Lo curioso es que incluso arriba de la encina Piovasco participa en la Revolución Francesa y en las invasiones napoleónicas. Una regla llevada hasta sus últimas consecuencias, el tema narrativo que Calvino señaló como su favorito.

“El caballero inexistente” (1959) es sobre un caballero, de nuevo valga la redundancia, llamado Agilulfo. Su particularidad es que es una armadura hueca, como aquellos fantasmas que rondan los castillos medievales. Lucha en las filas del ejército de Carlomagno y consigue robarse el corazón de Bradamante, su enamorada. Todo eso sin tener cuerpo, únicamente con fuerza de voluntad. Una fábula sobre la identidad que corona esta maravillosa trilogía.

 

John Kennedy Toole

Dejé para el último una novela sui géneris que no trata de nada concreto pero que al mismo tiempo muestra con todos sus matices a ese tipo de personas que hace revoluciones sin salir de su cuarto, que ahora somos todos los que usamos las redes sociales como trinchera. “La conjura de los necios” (1980) tiene como protagonista a Ignatius Reilly, un recién egresado de Historia que es un bueno para nada. No trabaja, ya no estudia y dedica sus días a escribir tratados en contra de la humanidad y a comer hot dogs.

En el transcurso de la novela, Reilly llega a trabajar en la fábrica de pantalones Levi’s como archivista, aunque se limite a tirar todos los documentos a la basura, y convoca a una huelga que no termina como él tenía en mente. Después, ya desesperado, atiende un carrito de hot dogs, en donde no vende nada y se come todo. Una obra que divierte y nos hace reflexionar sobre nuestras formas de resistencia.

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