Cultura

Rock por los desaparecidos: ‘El Papá de Ana’

Por: Juan José Rojas

La banda con 20 años de experiencia, canta y denuncia por aquellos desaparecidos y sus familias

Al llegar al estudio suena ‘Desaparecidos’, un punk escrito por Eduardo Frías. Un punk en una noche de tormenta eléctrica y un barrio inundado. El punk se escucha cerca de Santa María. El agua llega casi al metro de altura en la entrada de la colonia, algunos autos parados en el camino. Se oye ‘Desaparecidos’, el punk. Muchos discos se ubican debajo de unos escalones, el audio es preciso y potente. Es ‘El Papá de Ana’: “Escandalo en la prensa nacional, lista de desaparecidos” canta Lalo Frías.

 

La canción hace recordar a la letra escrita por Rubén Blades y retomada por Los Fabulosos Cadillacs. ‘Desapariciones’ sonó en una época en la que los gobiernos de facto apuraban el silencio de los inconformes en Sudamérica, solo que en esta ocasión, Lalo Frías, escribe, se refiere, evoca a los desaparecidos, a los queretanos. La banda ensaya en una casa de la colonia La Aurora. Prepara la presentación de su nuevo disco para el 30 de agosto, Día Internacional del Desaparecido.

Eduardo Galeano, escritor uruguayo, en su libro ‘Los hijos de los días’, narra la historia de dos amigos argentinos que vivieron en la época de la dictadura que encabezó Jorge Rafael Videla. Uno de estos chicos sería trasladado –lenguaje militar- lo que significaba que iba a desaparecer. Ambos tendrían una edad aproximada de 18 años “peligrosísimos terroristas que practicaban la agitación universitaria, estudiantil…”

Uno de ellos se entera de que su mejor amigo va ser “trasladado”, él lo busca para despedirse, entonces el joven al que desaparecerían le dice a su amigo: “Tengo algo que decirte, ¡tengo algo que decirte!… yo nunca hice el amor; y ahora, me van a matar, sin haberlo conocido… ¡yo nunca hice el amor!”.

La llegada a la democracia vio sus primeros avistamientos en el Rock and Roll. No solo en Sudamérica, sino también en México, después del oscurantismo de los años setenta, donde el rock emergió de los suburbios y permaneció en la escena ‘underground’, durante los períodos de Echeverría y Portillo.

‘El Papá de Ana’, busca reivindicar ese rock elemental, el rock que no concede premisas, así lo explica en una de sus canciones: ‘No me ha hecho justicia el rocanrol’. En ningún plano hubo justicia. El 14 de septiembre de 2015, Esaú Ugalde salió de su casa para no volver jamás. Fue reportado como desaparecido, fue asesinado. Esaú fue baterista de la banda, hizo los arreglos de la batería en 12 canciones de las 16 que incluye el disco conmemorativo de los 20 años de ’El Papá de Ana’.

“Este disco tiene una carga emocional. Esaú, joven de 25 años fan del grupo, fue fan del grupo desde niño, lo invitamos a participar con nosotros y él comenzó  a grabar este disco con nosotros, él hizo los arreglos para batería de 12 canciones del disco. El 14 de septiembre del año pasado Esaú salió de su casa y nunca más volvió, fue víctima de la violencia, lo asesinaron. El apoyo de la familia fue muy importante para el grupo, nos ayudó en todo momento a terminar el proyecto que hijo había iniciado” explicó Eduardo Frías, fundador y vocalista de ’El Papá de Ana’.

Las cifras en Querétaro se contradicen, mientras unas organizaciones hablan de 200 desaparecidos, otras exponen a 300. No importa, sea uno o mil. Juan Villoro decía que cada muerte, cada desaparición forzada representa el fin de un destino. El ensayo del 26 de agosto era un homenaje a Esaú y el modo por parte de la banda de honrar su trabajo.

 

Ya les hizo justicia el rock and roll

Favio, George, Raziel como invitado (vocalista de Exilios), Memo Picón, el maestro Alfonso Juárez, Karla y el “piraña” Mandujano ríen, bromean cuando sale Eduardo Frías en televisión… “¿Qué hace Marcos Aguilar ahí?”

“Tratamos de mantenernos como una banda de rock, tenemos anécdotas de todo tipo. Una vez nos apagaron el audio en un concierto porque empezamos a decir cosas de Martita Sahagún. Así, en plena tocada nos cortaron el audio. No hay autocensura”.

-¿Qué decían Marta Sahagún?

(Risas) “No lo podemos decir” exclama Lalo Frías. “¡Dilo, dilo!” ríe George Raziel, bajista de la banda.

“A mí no me gusta, me caga la madre el atún, que chingue a su madre Martita Sahagún” canta la banda. Con nostalgia, Eduardo Frías recuerda cuando empezó con su banda, que un principio se llamó Luna Azul, en compañía del maestro Alfonso y de José González, ‘el Tiger’. No olvida los años en lo que recibió hielazos, el cariño y pasión que Esaú ponía en los ensayos. “20 años y no me he hecho famoso, no me ha hecho justicia el rock & roll”.

Es 30 de agosto, el cineteatro Rosalío Solano comienza a llenarse. Se instala la presentación “Huellas de la Memoria” de Alfredo Casanova, una exposición de 120 zapatos donados por familiares de 120 desaparecidos de todo el país. Antes del concierto, Casanova emite un mensaje a los asistentes. Desde su mirada, “se requiere una reconstrucción del tejido social en un país que tiene 30 mil desaparecidos y 150 mil asesinados”. El artista también pone en ejemplo el caso de Argentina, donde a más de 35 años se sigue investigando y buscando responsables sobre lo que ocurrió durante la dictadura militar de Videla.

En relación a lo mencionado por Alfredo Casanova, a principios de año, viví en Buenos Aires. En el barrio de La Boca me encontré con el colectivo “La Boca Resiste y Propone” que convocaba a una marcha de antorchas cerca de Caminito, en homenaje a los desaparecidos en el barrio durante la época de la dictadura.

Gabriela Heroles colgaba sobre un árbol cuarenta botes, cada uno tapado con un pañuelo blanco que asemeja el modo en el que las Madres de la Plaza de Mayo se identificaban. Ella explicó la situación de violencia que atraviesa el barrio y por ende la conformación del colectivo en el 2014. Al conocer mi nacionalidad exclamó “entiendo perfecto, yo he estado en México y sé lo que se vive allá también”.

Como allá se vivió, “aquí se vive terrorismo de estado”, afirma Casanova y Gabriela Heroles con tristeza lo lamenta. Es por eso que al escenario, el 30 de agosto, en el cineteatro Rosalío Solano, suben los familiares de desaparecidos queretanos, encabezados por Brenda Rangel y con la voz quebrada de la madre de Esaú Ugalde, el músico ausente que cuenta la ilusión de su hijo por ver terminado y presentado el disco.

Se abre el telón, suena e inmediatamente después suena el punk, ese punk  que se llama ‘Desaparecidos’, el punk escrito por Eduardo Frías. El punk de la noche de tormenta eléctrica y el barrio inundado. El punk que se escucha cerca de Santa María, en la ahogada Aurora: “Escandalo en la prensa nacional, lista de desaparecidos”.

Para el cuarto tema, sube al escenario la mujer que dio nombre al grupo. Ana y su padre cantan la obra de Armando Palomas ‘El mutilado’. Sube ‘el Tiger’, sube ‘el ‘Piraña’, sube ‘el Diablo’. No me ha hecho justicia el rock & roll y se le pone ritmo a la noche.

Entre aplausos cierra la noche, algunas lágrimas por parte del público, emotivas miradas de los padres de Esaú, que ven realizado el proyecto que inició su hijo. La satisfacción también irradia a Eduardo Frías…

-¿Te ha hecho justicia el rock & roll?-

-¡Con este concierto, sin duda!

Favio en teclados, Memo en la batería, George en el bajo, Karla corista, Alfonso en la guitarra y Eduardo en la voz… ‘El Papá de Ana’ cree aún el rock contestatario, del cuestionamiento. Se definen amantes decididos del rock & roll, como lo hizo Esaú, quien dejó su voz en blanco y negro, como una huella dactilar, que nadie podrá borrar.

 

 

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