Cultura

Salón Danzombie: de política y otros misterios

La cómica puesta en escena tiene una dosis de corrupción y amarres políticos, cada personaje recurre a toda clase de artimañas y trucos para sobrevivir.

Por: Carlo Daniel Aguilar González

Puesta en escena. Ingredientes: un delegado del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y una joven periodista de radio y televisión, como dos de los actores.

Añada dos personajes extravagantes: un taquero con un arraigado catolicismo en sus genes (que no desaprovecha alguna oportunidad para ‘destilarlo’) y un hombre cuya preferencia sexual tiende a la homosexualidad.

Sitúelos 19 años atrás, en una atmósfera con tufo al ¿viejo? PRI, justo en los momentos previos a la elección de Presidente de la República, cuando el ambiente político estaba enrarecido y prevalecía la corrupción que caracterizó (a) a dicho partido político.

Encierre a los personajes en una discoteca sin alguna posibilidad de escape y póngales como reto sobrevivir juntos al menos una noche.

Por último, proporcione una pizca de misterio al platillo: muertos vivientes que merodean por el lugar.

Resultado: Salón Danzombie.

La obra “ha sido donde más he podido disfrutarme en el escenario, relajarme y reírme de manera natural, y que el público se integre en nuestro juego”, manifestó Olivia Lara Sahagún, periodista de televisión que interpreta el papel de una influyente delegada que se transforma conforme avanza la trama y termina como “sirvienta”.

Para la egresada de la Licenciatura en Comunicación y Periodismo por la UAQ, Salón Danzombie se distingue porque cada personaje se convierte en un pilar fundamental de la obra, además de que a través de la trama el elenco hace crítica social de lo que ocurre en el país.

“Aunque sea una comedia un tanto irreverente, creo que llega también a la crítica social y política de México en el pasado, presente y se intuye un poco del futuro. Abarca con esto diferentes edades y niveles del público. Lo que también la diferencía son los personajes construidos muy particularmente, cada uno fundamental en la historia”.

“El teatro es un espacio en donde todos logramos ser iguales”

Las alusiones a Carlos Salinas, Luis Donaldo Colosio y otros políticos de la época comienzan a aparecer mientras avanza la historia.

El escenario se denomina Salón Danzón, ubicado presuntamente en el primer cuadro de la Ciudad de México.

Una noche ‘convergen’ en el lugar dos jóvenes, la delegada, el taquero, su asistente y un cliente que muere supuestamente por culpa de los tacos que se comió.

La historia es narrada por un hombre vestido de duende, que la mayor parte de trama permanece al margen. Durante los más de 90 minutos, va explicando detalles de los personajes, separa los capítulos y en sus intervenciones camina entre el público mientras fuma una pipa.

Este personaje corresponde interpretarlo a Manuel Naredo Naredo, delegado del INAH en la entidad.

De acuerdo con Olivia Lara, quien además de actriz es reportera, ha ocurrido que el mismo día que por la mañana entrevista a Manuel Naredo, en la noche comparten escenario en Salón Danzombie, situación que consideró como “muy divertida”.

“El teatro es un espacio en donde todos logramos ser iguales”, manifestó.

Lara Sahagún, quien antes del intermedio personifica a una influyente delegada con un particular modo de hablar, mientras que después le toca hacer el rol de una sirvienta a las órdenes del taquero y su asistente, principalmente, señaló que el aspecto que más disfrutó de la obra fue el cambio de roles.

“Me gustó el peso que le dan al poder ya que se vuelve una comedia negra, más irónica. Creo que lo que más disfruté fue el cambio de roles al convertirla en la sirvienta, el contraste es muy interesante.

“En mi papel de periodista imagino esto como el gran sueño de los ciudadanos: aterrizar esa arrogancia y ambición de los políticos a personas comunes”, expresó.

La obra transcurre aderezada con risas, emociones y una que otra muerte de los personajes. También la vestimenta llega a ser clave para entender el clímax y posterior desenlace.

La trama tiene su dosis de corrupción y amarres políticos. En aras de conservar su prestigio y lugar en el escenario, cada personaje recurre a toda clase de artimañas y trucos para sobrevivir por encima del resto.

Al final, el lugar donde se desarrolla la puesta en escena, alejado del Centro Histórico de Querétaro, funge como una fábrica de risas que ‘todavía amenaza’ con dar diversión todo el mes de julio (jueves, viernes y sábados).

“La recomendación del público ha hecho que tengamos que poner sillas de más y eso es muy grato en el teatro, simbólicamente el que no haya un escenario muy arriba del nivel del público abre la confianza y comunicación con éste”, concluyó la actriz.

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