Cultura

Sexteta

Por Juan José Lara Ovando

La semana pasada se celebró el Sexto Festival Universitario “El otoño en la cultura”, auspiciado por la Universidad Autónoma de Querétaro, que entre otras actividades de exposiciones, conferencias y conciertos, incluyó un ciclo de cine denominado “Lo mejor del cine en nuestro festival”, compuesto por seis películas, todas verdaderamente importantes, aunque ninguna es estreno, valen la pena retomarlas y comentarlas.

Las presento por antigüedad, es decir, de la más viejita a la más reciente. La primera es Ojos negros de uno de los más grandes directores soviéticos, Nikita Mijalkov, la producción es italiana-soviética, data de 1987; la segunda es Memorias de Antonia de Marleen Gorris, de Holanda, de 1995, posteriormente; Amèlie de Jean-Pierre Jeunet, de Francia, del 2001 y del mismo año es; El hijo de la novia de Juan José Campanella, de Argentina; la quinta es Las invasiones bárbaras de Denys Arcand, de Canadá, de 2003, y finalmente; El niño con el pijama de rayas de Mark Herman, coproducción británica-estadounidense de 2008.

 

Ojos negros es una película muy elogiada, ganadora de premios en festivales internacionales como entre el público y eventos espectaculares como el Oscar, donde fue nominada como “Mejor película extranjera” y “Mejor actor” a través de Marcello Mastroianni. Basada en tres cuentos de Antón Chejov, entre ellos el clásico La dama del perrito, relata la historia de un arquitecto italiano que en un viaje con un comerciante ruso comenta la historia de su vida entre los placeres aristocráticos y los negocios familiares de su esposa (todavía la diva Silvana Mangano), heredera de un banquero y una historia de amor escondida y no olvidada con una joven rusa (Elena Sofonova) que conoció en un balneario y a quién persiguió toda su juventud. Un precioso viaje a un cine que genera magia con matices románticos, enigmáticos y emotivos.

Memorias de Antonia obtuvo el Oscar a la “Mejor película extranjera”, así como otros premios en Europa. La película se centra en una mirada y una voz femeninas hacia las relaciones de género y la vida misma. Si bien la historia la cuenta Antonia, el relato no es exclusivamente sobre ella, sino sobre toda su prole, en la que predominan las mujeres, así que la línea materna es decisiva en las experiencias de todas ellas, que difieren en edad, educación y orientación sexual, que perturban las expectativas masculinas tradicionales que ven a la mujer como el centro silencioso del universo.

Ubicada de los años 40, durante la Segunda Guerra Mundial en la campiña holandesa, hasta inicios de los 90, ya en las florecientes ciudades modernas, no se enfoca en la opresión, sumisión o silencio de las mujeres, sino en el ejercicio de sus propios cuerpos, mentes y espíritus que les dan poder para ayudarse y recuperarse en la constante búsqueda de vivir la vida.

Amélie es un relato con voz en off de una chica parisina poco común porque creció aislada del resto de los niños, pues su padre (médico) creía que tenía problemas cardiacos ya que sólo la tocaba cuando la examinaba y a ella se le saltaba el corazón de gusto. En ese aislamiento recreó una actividad poco común: arreglar la vida de los demás, interviniendo sin que se den cuenta, hasta que conoce a un chico tan raro y soñador como ella y se da cuenta que lo que le hace falta es construir su propia felicidad. Una comedia romántica con un toque raro pero muy bello. Premiada con el César en Francia, nominada al Oscar, una de las cintas más taquilleras del cine francés y elogiada en todo el mundo.

El hijo de la novia es, inicialmente (en sentido lineal), un odioso porteño que no está contento con nada, que no tiene ideales ni tiempo para nadie, vive metido en su restaurante, carga con un divorcio y se ocupa poco de su hija adolescente, así como rehúye un compromiso mayor con su novia, mas de repente sucede algo que lo obliga a voltear: su padre decidió finalmente casarse por la iglesia con su madre, que padece Alzheimer, después de 40 años de vivir juntos y haberlo procreado. La historia pasa del melodrama a la comedia con diálogos inteligentes, sentido de humor estupendo y una serie de temas que enriquecen el relato, aunque no lo resuelven como la esclavitud del trabajo, los sentimientos ocultos, la dificultad de empatar la ideología socialista con el matrimonio y la búsqueda de los sueños que la convierten en una película enormemente disfrutable. Nominada al Oscar y elogiada como una de las grandes cintas latinoamericanas.

Las invasiones bárbaras es un drama familiar en el que los padres están divorciados y el hijo, que vive en Londres, tiene diferencias con su padre, pero regresa a Montreal, dada la enfermedad de su padre, aunque lo hace para reanimar a su madre. El último tránsito por la vida es visto en esta película de manera suave, con una narración cadenciosa y una mirada profundamente humana que va desdramatizando el relato e ilustrando sobre nuestra condición de vida a la que todos pertenecemos. Además el director va criticando con agudeza temas como: la ineficiencia de las instituciones, la sacralización del dinero, la comercialización del mundo de la droga y los desencuentros generacionales. Ganadora del Oscar y del Festival de Toronto.

El niño con el pijama de rayas narra la vida de un niño que después de vivir en un barrio acomodado de Berlín, es llevado a vivir al campo de concentración de Auschwitz, durante la Segunda Guerra Mundial, su padre es el comandante. Sin embargo él piensa que la gente que vive ahí son granjeros, aún así se aburre pues no hay niños y no tiene con quien jugar, hasta que encuentra a otro niño con quién intercambia su vestimenta, hasta que es confundido y el resultado es lamentable. La historia es agridulce por la dulzura de los niños, pero vergonzosa y cruel, pues deja al descubierto el dolor, la incomprensión y desesperanza del holocausto. Obtuvo algunos premios internacionales y enorme impacto en el público. Buen ciclo, buen cine.

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