Cultura

Sorgo rojo

Por: Juan José Lara Ovando

La semana pasada sorprendió la noticia de que un escritor chino, Mo Yan, casi totalmente desconocido en México, incluso entre escritores y especialistas, principalmente porque no está traducido al español, salvo una editorial española de escasa distribución en Latinoamérica, obtuvo el Premio Nobel de Literatura, el más importante que puede obtenerse en ésa y todas las áreas que se otorga.

 

Por eso resulta bastante extraño que el ganador de un Premio Nobel sea un escritor no publicado y, por lo mismo, no leído en extensos territorios del mundo. Lo peculiar del caso es que es conocido universalmente a través del cine, pues su primera novela Sorgo rojo, fue filmada y resultó un verdadero éxito internacional, ya que se distribuyó en todo el mundo después de obtener el Oso de Oro del Festival de Berlín en 1988. El reconocimiento de la película se refrendó con la crítica de cada país por la cual circuló, entre ellos, México, al cual llegó en la Muestra Internacional de Cine de ese año y posteriormente se proyectaría en la Cineteca Nacional como en circuitos culturales en varios estados, por supuesto, llegó a Querétaro.

Mo Yan es un seudónimo que significa, no hablar (su nombre es Guan Moye), que ha utilizado precisamente como crítica al gobierno chino, que además de vetar la circulación de algunas de sus obras, también lo ha hecho con aquellos colegas suyos que han sido críticos de la sociedad en que viven, no precisamente del régimen político, en el que creció durante la Revolución Cultural maoísta, cuando sus padres le repetían constantemente que no hablara para que no dijera nada inconveniente. Aun así, no escribe literatura política, su obra refleja la vida cotidiana en la región agrícola del norte, Shandong y Xi’an, sin embargo, su precisión en los problemas y personajes de la vida diaria son tan completos que su existencia es autónoma a la presencia del régimen, que es ignorado y muy disminuido en sus relatos, donde sólo existe porque no queda otra, pero no presenta ninguna alternativa. En ese sentido, no es un escritor perseguido, pero sí ha llegado a ser vetado cuando el gobierno considera que su rol es puesto en duda o criticado.

Sorgo rojo, escrita en 1982, fue su primera novela, a partir de ahí ha escrito obras llamadas: La república del vino; Las baladas del ajo; Grandes pechos, amplias caderas; La vida y la muerte me están desgastando; Shifu, harías cualquier cosa por divertirte, y; Rana. Al cine, Sorgo rojo fue llevada por el director chino más reconocido en la historia, Zhang Yimou, sin embargo, fue su primera película, por tanto, cuando la dirigió era un perfecto desconocido, al igual que el escritor e incluso, que el cine chino, que no era tomado en cuenta en ningún lado pues no existía una cinematografía más que de temas locales, fuertemente influida por ideas socialistas, tanto locales como soviéticas y vigilada por el Estado. En pocas palabras, el cine chino era inexistente a nivel mundial y sólo satisfacía el mercado interno con producciones de bajo presupuesto.

Zhang Yimou era un joven egresado de la Academia de Cine de Pekín, donde fue miembro de la llamada Quinta Generación, llamada así por ser de ese grupo, cuando de reestructurada la Academia después de la Revolución Cultural. Dicha generación sería célebre, pues tres de sus integrantes fueron los primeros cineastas chinos reconocidos internacionalmente (Chen Kaige, Adiós a mi concubina y Tian Zhuangzhuang, El papalote azul) además de otros cuatro muy conocidos al interior de su país. Más fue Yimou el primero en poner la atención internacional en la cinematografía china con la historia de Mo Yan. Posteriormente lograría consolidar ese éxito con sus filmes inmediatos: Ju Dou, el amor prohibido (90); La linterna roja (91); Qiu Ju, historia de una mujer (92) y Vivir (94). Después de un par de películas filmaría en 1999, Ni uno menos e inmediatamente después, El camino a casa (99). En el 2000 filmaría una nueva historia de Mo Yan, Happy times (sin título en español) y en 2002, Héroe. Todavía en 2004 tiene otra historia de popular de acción, La casa de las dagas voladoras. Sus películas más recientes son de corte comercial, menores a todas las que hemos citado, pero entre este grupo de películas ganó dos veces el León de Oro de Venecia (Qiu Ju… y Ni uno menos); el Festival de Valladolid y Mejor director en Cannes por Ju Dou…; y varias nominaciones al Oscar como Mejor película extranjera: Ju Dou…, La linterna roja y Héroe.

Sorgo rojo es la historia de un pueblo representado por una joven y un grupo de trabajadores de un trapiche en las décadas de los treinta y cuarenta en el campo chino, lleno de transformaciones sociales que impactan al mundo, pero que no cambian en nada las costumbres de las comunidades rurales. La bella Ju’er (primera aparición de la mítica actriz Gong Li) es todavía una muchacha en desarrollo que su padre, a falta de recursos, vende a un viejo y leproso fabricante de aguardiente de sorgo. Ésa es la única manera que tiene una mujer para incluirse en la sociedad: unirse a un hombre rico. Conducida en un palanquín por un grupo de trabajadores que la trasladan de su casa a la del viejo para casarse, se van sucediendo una serie de sucesos en el camino, que la acercan a los trabajadores, enamorándose de uno de ellos, un hombre bronco e ignorante, pero juguetón y trabajador que también se enamora de ella.

Sin embargo, ambos recrean un mundo de silencio y ansiedades mitigadas ante la presencia del marido. A la muerte de éste, ella toma las riendas de la empresa y consolida un buen negocio con el apoyo de los trabajadores, que viven tiempos felices al igual que el pueblo campesino, sin embargo la presencia del Ejército japonés en la invasión al territorio chino los llena de temor y angustia.

Narrada con lirismo, manejada con delicadeza a pesar de la brutalidad natural de los trabajadores del campo, con una fotografía colorida que ambienta las situaciones dramáticas, narrada con voz en off, por el supuesto nieto de los protagonistas (que llegan a tener un hijo en la historia) y lanzando una mirada aguda a la historia reciente de China en las que hay ataques velados a las tradiciones ancestrales pero absurdas que oprimen a los campesinos, al papel secundario impuesto a la mujer y al clasismo de la sociedad, así como a los invasores japoneses que se muestran con un sentimiento superior al resto del continente asiático. Además sus encuadres bellísimos y su narrativa poética y bien pausada, la vuelven excelente. Como homenaje al autor, se está pasando en canales televisivos, si tiene oportunidad no se la pierda, excelente muestra del cine chino y de las obras del Premio Nobel.

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