Cultura

Susana Harp elogió al público en clausura del Festival

Por Manuel Morales


Era un poco antes de las ocho de noche. La luz del sol se había marchado para dejar los pequeños destellos de la luna y las estrellas que apenas alumbraban aquel cielo despejado.

 

Había mucho movimiento en el Centro Histórico de la capital queretana: padres de familia, en compañía de sus hijos, caminaban tranquilamente visitando las exposiciones que ofrecía el último día del Sexto Festival Universitario “El otoño en la cultura”.

 

Los jóvenes escuchaban y bailaban en los conciertos de música, los papás decían qué libro comprar o qué comer; los niños sumergidos entre disfraces y dulces, maquillados y disfrazados, hacían su tradicional colecta llamada: calaverita o, utilizando algunos el término de Halloween.

 

Se percibía ya el olor de los tradicionales puestos de dulces y chocolates en forma de cráneos, a los que con azúcar de colores colocan el nombre de algún difunto de la familia; las muñecas, los caballos y las máscaras de cartón eran vendidos en el atrio del templo de Santa Clara para así mantener vivas las tradiciones de la cultura mexicana.

 

Cerca de ahí estaba ella, en la explanada de la delegación Centro Histórico, ubicada en el Jardín Guerrero.

 

Su pelo negro, largo y rizado que volaba entre el viento fresco de la noche, su largo vestido negro adornado con un sarape color de rosa mexicano con varios bordados en tono azul, hacía ver su amor por la cultura oaxaqueña y, en general, por la cultura mexicana.

 

Susana Harp, hija de padre libanés y madre oaxaqueña, amante fervorosa de la cultura y tradición mexicana, estaba ahí, preparándose para terminar con el Sexto Festival Universitario “El otoño en la cultura”.

 

Se paró en el escenario detrás de un atril cubierto por una manta blanca con destellos plateados, agradeciendo la invitación a las autoridades que hicieron posible aquel evento y al público que se dio cita para escucharla. Presentó a cada uno de sus músicos.

 

Fueron un poco más de 700 personas, de todas las edades, las que estuvieron en el evento que dio un recorrido al público queretano por la historia mexicana a través de sus interpretaciones; canciones que se escribieron desde 1850 hasta 1997 aproximadamente, mencionó ella.

 

Inició, no sin antes contar la historia, con la canción de “El feo”, compuesta por Demetrio López, con la cual logró acaparar la atención de los asistentes, canción que combinando el español y el zapoteco emocionó al público, que ovacionó este acto.

 

Después interpretó canciones que cautivaron al público, como: “El Caracol”, “La Llorona”, “El Amuleto”, “La canción Mixteca” y “La Sandunga”; fueron de las más aplaudidas por el público presente.

 

Susana Harp contagiaba el amor que tiene hacia México y hacia su cultura. Cada interpretación transmitía una tranquilidad incomparable, con la ternura con la que cantaba y cada vez que agradecía el aplauso, el público se le entregaba cada vez más extasiado: aplaudiendo, gritando e incluso poniéndose de pie en varias ocasiones para demostrar la admiración que sentían por ella.

 


“¡Qué hermoso es Querétaro!”

La organizadora del Sexto Festival Universitario “El otoño en la cultura”, Dora Elizabeth González, secretaria de Extensión Universitaria, acompañada por el secretario académico de la Universidad Autónoma de Querétaro, Guillermo Cabrera López, y el delegado del Centro Histórico, Jesús Arredondo Velázquez, tomaron la palabra para agradecer y dar entrega de un reconocimiento a Susana Harp, debido a su participación en el evento que llegaba a su fin oficialmente en ese momento.

 

Susana lo tomó entre sus manos y lo ofreció a cada uno de sus músicos haciéndoles una pequeña reverencia. Parecía que el evento había terminado, Susana se había despedido del público, pero éste no dejaba de gritar: “¡Otra, otra!”, o gritaban los nombres de las canciones que deseaban escuchar.

 

Entonces, Susana tomó nuevamente el micrófono ante la ovación de los espectadores, “En México tenemos 22 lenguas a parte del español, ¿por qué no mostrarlas?”, dijo, e interpretó una canción a capela en mixteco llamada Tuxa Ndoko”, provocando nuevamente la ovación del público que no se movía de sus lugares.

 

Susana Harp, también emocionada por la aceptación que tuvo ante los queretanos, complació con una canción que el público aclamaba: “Naela”. El público cantaba con ella, ya que ésta los invitaba a hacerlo, y al término el público volvió a levantarse de sus lugares para aplaudir a aquella oaxaqueña que los cautivó.

 

Agradeció la buena recepción que le brindaron, despidiéndose con la canción oaxaqueña llamada “Pinotepa”; en donde levantaba su pequeño sarape rosado y le daba vueltas a su alrededor delicadamente, incitando al público a hacer lo mismo.

 

La mayoría de los asistentes la siguió con bufandas o con las mangas de algún abrigo que llevaban. Provocando nuevamente la ovación del público, que se levantó por última y definitiva ocasión para aplaudirle.

 

“¡Qué hermoso es Querétaro!, ¡qué hermosa es su gente! ¡Gracias!”. Estas fueron las últimas palabras de Susana Harp hacia el público queretano, que se fue contento del Jardín Guerrero.

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