Cultura

Traumas y política, otra cara de la poesía: Alys Conran

Desde su perspectiva, cada género tiene implicaciones propias que engloban lo emocional hasta lo político; del mismo modo que la vida diaria.

“¿Quieres un café?”; “No, mejor un té”. Alys Conran acababa de llegar al hotel, aún con sus cosas en la mano —un bolso, una libreta—, fue conducida hasta la mesa donde sería la entrevista. Las mesas aledañas hacían lo propio: personajes como Peter Florence o U-God respondían docenas de preguntas. Risas y conversaciones larguísimas llenaban la atmósfera del lugar, la cafetera se había vaciado hace rato y eran pocos los periodistas que se mantenían a esa hora de la tarde.

Mientras tomaba su té de manzanilla, Alys Conran sonreía con curiosidad. “No he dado muchas entrevistas”, dice, y a pesar de ello no titubea cuando habla en español; por lo menos hasta que el tema de la poesía sale a flote.

“La poesía me parece que evoluciona más que la ficción, porque puedes escribir un poema que ni tú mismo entiendes. A veces uno escribe cosas que la mente consciente no comprende, pero hay algo ahí, y cuando lo vas editando te cambia: Yo encuentro eso: que la poesía, la práctica de escribir poesía, me cambia y te puedes hasta traumatizar con tu propia obra. No recuerdo quién dijo que leer un poema es un acto traumático. Pues, para mí, escribirlos también lo es; y por eso a veces no tengo el coraje para escribir”, lanza al aire.

Conran no deja de sonreír, pero los nervios se notan en su voz. No se limita a escribir ficción, también ha incursionado en el mundo de la poesía y de la no-ficción. Desde su perspectiva, cada uno de estos géneros tiene implicaciones propias que engloban lo emocional hasta lo político, del mismo modo que la vida diaria.

“Creo que todo lo que hacemos en la vida tiene un aspecto político. Por ejemplo, dónde tomamos el café o cómo nos ganamos la vida; pero, sobre todo, en el escribir hay un aspecto político, porque toda tu manera de ver el mundo entra en tu obra literaria, y ese lente con el que ves el mundo tiene un punto de vista político”.

Una invitación del lenguaje

Alys Conran es del norte de Gales, de Reino Unido: procede de un pequeño pueblo que está viviendo el paso a la urbanización y a la modernidad que caracteriza a este siglo. Aquel escenario es el que la autora retrata en sus dos novelas Pigeon y Dignity. Actualmente es poseedora de la beca de creadores que mantiene el Hay Festival a nivel internacional y sus obras han sido premiadas en su país como algunas de las novelas más importantes de la literatura galesa emergente.

“Soy una escritora que escribe mayoritariamente en inglés, a pesar de ser galés-hablante. El galés manifiesta mi forma de escribir el inglés; creo que es una cosa que enriquece mi inglés: que el galés está ahí, en el fondo”, comenta. La escritora pone énfasis en el papel que juega la lengua en la expresión de ideas y en la concepción del mundo, por ello su primera novela está escrita en ambos idiomas, galés e inglés, sin traducciones de ningún tipo.

“Me costó intentar que una persona que no entendiera el galés siguiera la historia. Yo no traduzco en el libro, pero el contexto hace que se entienda; y los escritores y lectores ingleses me han dicho que es una de las cosas que más les gusta. Es una invitación que atrae a la gente a la cultura de Gales, y eso quería, que fuera una invitación”, señala.

Escribir más allá de la comprensión

La autora también ve en el ejercicio de escribir una salida, una dimensión terapéutica y reflexiva. “Para mí, escribir ficción es una manera de huir de la vida. No sé por qué, pero me parece más fácil escribir ficción, sobre todo emocionalmente. A veces cuesta más escribir cuando escribes, por ejemplo, de tu propia vida; o puede costar mucho y puedes entrar en mucho conflicto cuando escribes sobre una persona a la que quieres. Y puedes evitar esos problemas escribiendo ficción, pero también la poesía me encanta; desde ella entras en el mundo de la metáfora y del lenguaje, el cual está fuera de nuestro control muchas veces”.

En última instancia, la escritora confía en que la literatura puede cambiar las cosas, que puede ir más allá conectando a las personas y a los mundos que estas habitan. “Creo que la literatura nos apropia, nos acerca a la verdad de nuestra vida, nos deja estar un poco más cerca el uno del otro nos ayuda a contemplar cosas que sólo podemos contemplar por medio de la metáfora (…) Hay cosas que no puedes explicar en prosa. Muchas veces la gente pregunta qué significa un poema, yo digo que, si fuera una cosa que se pudiera explicar así, dejaría de ser poema”.

La noche llegó y las entrevistas volaron. Alys Conran se levantó de su lugar hablando un perfecto español, se despidió de todo el mundo y dejó que sus guías la condujeran fuera del lugar. “¿A dónde vamos a hora?”, “Ven te vamos a enseñar un lugar”. Platica mientras anota algunas cosas en su libreta, una pequeña libreta azul.

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