Cultura

Violencia en serio

Por Juan José Lara Ovando

A Víctor, Carlo y Alfredo, colegas de Tribuna de Querétaro y aficionados al futbol que buscan formas para expresarse de él, en esta película hay una propuesta para ello.

Días de gracia es una película mexicana que nos muestra un país despedazado que sólo puede entenderse en la medida que podemos aproximarnos a cada problema que enfrentamos, sólo que eso no nos permite reconstruir algo, pues la cantidad de situaciones tortuosas son innumerables y se obstruyen, dificultando entender a las demás, un verdadero caos.

México es un país fragmentado por la violencia, de esa violencia que se multiplica como todo lo posmoderno que ya no parte de causas típicas como los pleitos, enojos y enfrentamientos, sino que se concentra en las diferencias y las desigualdades que imponen las formas de vida diaria de las sociedades actuales, terriblemente inhóspitas por su delirio competente.

 

En Días de gracia, la transgresión se convierte en criminalidad por lo que el espacio en que se mueve la población carece de toda seguridad, es territorio de nadie. La sensación de soledad sustituye los pocos recuerdos de alguna amistad con la que se podía sobrevivir de la pobreza, la solidaridad no existe, la única posibilidad de sobrevivir a la hecatombe diaria son los días de gracia, la ganancia por exclusión.

Si la escalada de violencia neoliberal inició en el cine mexicano con Amores perros (González Iñárritu, 00) cuando la tensión constante entre los imaginarios nacionalistas y el deseo de proyección trasnacional, la cultura mexicana de fin de siglo se enfrentó a la falta de un centro de gravedad que determinara su postura política, tanto que se acabaron los tiempos del PRI. Esta cultura inestable ha producido en los últimos años nuevas imágenes de violencia que alegorizan el sentido de incertidumbre producido por la caída del estado paternalista y de las ideologías atadas al nacionalismo revolucionario.

El resultado es un reposicionamiento cultural de la violencia, que ha pasado de ser una manifestación marginal a convertirse en el centro mismo de una nueva identidad emergente que comienza a definir ciudadanías e imaginarios en la transición. Por eso encontramos filmes plenos de violencia ante el miedo y la falta de expectativas de la ciudadanía, que es el caso de Daniel y Ana (Franco, 09), Los bastardos (Escalante, 08), Somos lo que hay (Grau, 10), Sin nombre (Fukunaga, 09) o el caso específico de la violencia sistematizada y de enfrentamiento policial como es el caso de El infierno (Estrada, 10), Bala mordida (Muñoz, 09) y Miss bala (Naranjo, 11), en los que se incluye Días de gracia. Por cierto, estas dos últimas participaron en Cannes 2011, como representantes de México y fueron bien recibidas por la crítica internacional.

Sin embargo, hay que reconocer algo favorable a Días de gracia, sobre las tres anteriores, es la más completa y menos evidente de las cuatro, es decir, es la mejor construida, aquí nadie sabe lo que ocurre, que es el punto de partida de las cuatro, pero en esta ocasión estamos dentro de un rompecabezas, ante el que no estábamos desde Amores perros, claro no alcanza la delicadeza de ésta, pero supera a las otras, lo que nos sintetiza una cosa: cada día la violencia alcanza más importancia, no sólo en nuestra sociedad, también en el cine, que está compitiendo por mostrarla de la manera más clara y efectiva, como si configurara una estética de ella.

Aun así Días de gracia no es una película perfecta, su director Everardo Gout asalta la pantalla con una fotografía fabulosa de Luis Sansas y con una banda sonora popular y variada, pero nos da demasiada información sobrante, sólo podemos discriminar la que utilizan los personajes, lo cual ya es una buena tarea, de lado tenemos que dejar la escena inicial de los niños que desnuda, así como muchas otras más, pero Gout sale de los hoyos en los que él mismo se mete en primer lugar porque apostó por todo, por no dejar nada en el tintero, en segundo lugar por un recurso que resultó muy válido: asociar al futbol como algo tan común y popular como la violencia, o al revés, en lo que técnicamente logró algo notable, logra elipsis temporales insertando escenas de tres mundiales diferentes (2002 Corea-Japón, 2006 Alemania y 2010 Sudáfrica) con lo que consigue una tercera explicación: puede abordar un sinsentido con tiempos y espacios paralelos, lo que explica la fragmentación de su discurso como si fuera un caleidoscopio, que es como la violencia se debe intentar entender, al menos esa me parece la propuesta del joven director. Por eso el montaje es también violento, como si fuera una ruleta mecánica en la que se disparan trucos que a veces pueden desorientar, pero que nos meten en la enorme confusión que el tema mismo provoca. En quinto lugar por el novedoso reparto encabezado por Tenoch Huerta (actor que seguramente volveremos a ver), apoyado por Kristyan Ferrer, Paulina Gaitán (Sin nombre), Dolores Heredia, Mario Zaragoza, Carlos Bardem y José Sefami.

Días de gracia está casi perdida o escondida en la cartelera, es difícil encontrarla y ojalá logre permanecer la siguiente semana (ésta en la que lee este artículo), si es así no se la pierda, más que una estupenda película es una propuesta de apostarle al cine para conocer nuestros problemas.

 

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