Cultura

Vive ¿Latino?

Por: Víctor López Jaramillo

El estigma de ser roquero al sur del río Bravo

“Latinoamérica es un pueblo al sur de Estados Unidos”, sentenció hace más de dos décadas el grupo chileno Los Prisioneros. We are southamerican rockers, cantaron también.

 

Vivir con el estigma de tocar rocanrol al sur del Río Bravo fue la marca de nacimiento de las primeras bandas.

Vivir de la imitación, del cover, de anular la imaginación e importar sin arancel las canciones. Así, el High class baby pasó a ser Presumida y Bony Maronie, Popotitos.

Mientras en Estados Unidos el rocanrol era el referente de la protesta juvenil contra un capitalismo al que se le decoloraban los tonos pastel, en México se le trataba de música colonizadora o agente de infiltración comunista.

Las protestas contra la guerra de Vietnam son impensables sin el soundtrack de los Doors, los Credeence, los Rolling Stones y hasta los Beatles. En México, nuestro soundtrack del mortecino otoño del 68 tiene poco rock y mucha sangre.

Música imperialista, decía la izquierda dogmática. Música comunista, le decía la derecha adicta a crucificar y quemar en hogueras a sus enemigos.

La guitarra eléctrica, agente colonizador del capitalismo, gritaban los estalinistas. El cabello largo, decadencia de nuestra juventud, gritaban los derechistas herederos de la inquisición.

Y en México el rocanrol vagó huérfano predicando por un desierto, cantando en hoyos fonquis en espera de mejores tiempos.

Y sin embargo se mueve

Más de cuatro décadas separan al Festival de Rock y Ruedas de Avándaro al Festival Vive Latino. El primer festival fue crucificado. Hasta Carlos Monsiváis dijo que Avándaro había sido un gran momento de colonización mental del Tercer Mundo. Son la primera generación de gringos nacidos en México, acusó el buen Monsi, quien años después se desharía en elogios a ¡Gloria Trevi!

Monsiváis no era el único. Muchos se aterraban más por Avándaro que por el “halconazo” echeverrista.

Sin embargo, el rock hecho en México seguía rodando por instinto de supervivencia. Exiliado de los medios electrónicos por una mentada de madre en la radio mientras Avándaro apenas podía sobrevivir.

Si el rock quería romper los dogmas de la sociedad mexicana, tenía que empezar por romper sus propios dogmas. Javier Bátiz no quería cantar en español porque creía que se oía como Tin Tan. Tuvo que ser Alejandro Lora y su rock con rimas forzadas el que se atreviera y señalara como Babe Ruth roquero para donde había que batear.

Y el rock en México aprendió a cantar en español y con canciones propias. Desde mediados de los setenta a la actualidad, el rock ha pasado por auges y caídas, cada cual con sus matices generacionales.

Lo latino y lo anglo

En el Vive Latino abunda el rocanrol en todas sus variantes y las mulas. Sí, las mulas, una rica mezcla de bolis de naranja (¡oh!, en la ciudad de México le dicen congeladas, pero en Querétaro las conocemos como bolis) y mezcal. Y han tenido tanto éxito que hasta quien fuera vocalista de Maldita Vecindad, Roco, presta su imagen para una marca (El capitalismo ha castigado a quien es uno de los principales detractores del neoliberalismo).

Si el primer festival de Avándaro tuvo como pretexto una carrera de motos, ahora, el Foro Sol, en una de las partes que corresponden a la pista de carreras, es un tianguis cultural roquero. Discos, libros, artesanías, se pueden encontrar en las pistas atiborradas.

Alejado de las supersticiones, el decimotercer Festival Iberoamericano de Cultura Musical Vive Latino, goza de cabal salud pese a la polémica a que se ha enfrentado recientemente por incluir un mayor número de artistas cuya lengua es el inglés.

Así es, paradojas de la historia, si en sus primeros años, el rock original hecho en México sólo era aceptado si era cantado en inglés, ahora, se cuestiona si un festival que lleva en su nombre el adjetivo latino debe admitir cantantes anglos. Pero como el rock no conoce de dogmas, rápidamente la discusión pasa a segundo término cuando los primeros acordes de Blur suenan. A final de cuentas, la música es un lenguaje universal.

Este 17 de marzo, el escenario principal del Festival tiene un toque a ska. De Panteón Rococó a Ska-P y los estelares Fabulosos Cadillacs (quienes no salieron en su mejor noche). El eclecticismo de Nortec cierra el festival.

Sin embargo, lo mejor no sucede en el escenario principal. El segundo escenario, ubicado en el histórico estadio Jesús Martínez “Palillo”, es testigo de la música de Real de Catorce y la enorme voluntad de José Cruz (quien padece una enfermedad que lo obliga a estar en silla de ruedas) para seguir siendo una piedra rodante.

El poema que dedica Real de Catorce a Rita Guerrero (quien falleció hace dos años) arranca más de una lágrima entre los asistentes.

40 minutos son insuficientes para la poesía y el blues de José Cruz quien al caer la tarde se pregunta por qué Jesús perdió la fe.

Después, seguiría Jovanotti y los Silversuns Pickups. De la lengua italiana al inglés. Para terminar con los uruguayos de Cuarteto de Nos, que con rimas cargadas de furia, recuerdan que el rocanrol es esencialmente protesta.

El mundo ha girado, ahora hasta un Papa latinoamericano hay. Y también habemus Festival Vive Latino para rato.

{youtube:https://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=x4mWeSPhYZc}

{loadposition FBComm}

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba