Cultura

Hablar lengua materna es como hablar con Dios

El otomí, incluido en programas de estudios lingüísticos de posgrado.

El doctor Ewald Ferdinand Rudolf Hekking Sloof, investigador holandés que durante dieciséis años ha luchado por el rescate y preservación de la lengua otomí en nuestra entidad, llega apurado a su modesto cubículo en el Centro de Estudios Lingüísticos y Literarios de la UAQ. Pide a su secretaria Licha dos sillas y se dispone a la entrevista. Vamos a hablar acerca del taller de Lecto-escritura en Santiago Mexquititlán, pero Ewald se desvía y va más allá. Entusiasta, con orgullo nos anuncia: “Ya tenemos una nueva Maestría de Lingüística que en una de sus líneas incluye el estudio de las lenguas otomíes”.

Después agrega: “Esta maestría, que comenzara formalmente en agosto próximo y cuyo propedéutico principio el pasado día 8, contempla dos líneas más: Lingüística Teórica, a cargo del maestro Ricardo Maldonado y adquisición de una segunda lengua, a cargo de la propia Margaret Lubbers de Quesada”.

Después del comercial, le pregunto al profesor sobre el curso de lecto-escritura que se imparte en Santiago Mexquititlán, comunidad del Municipio de Amealco. De entrada, explica, a manera de justificación del curso, que “los otomíes posiblemente son descendientes de los habitantes más antiguos del altiplano de México y jugaban un papel muy importante en la cultura tolteca, después fueron humillados y explotados tanto por los aztecas como por los españoles. actualmente, es un grupo etnolingüístico discriminado con una posición socioeconómica y sociohistórica muy baja”.

Explica el Dr. Hekking que con la creación de este taller, dirigido a los otomíes de Santiago Mexquititlán, se espera contribuir a mejorar la enseñanza entre los otomíes y a reforzar la posición de la lengua otomí en dicha comunidad. Algo muy importante, dice, “es que a pesar de la actitud discriminatoria por parte del mundo mestizo, los otomíes no dejan su lengua o no sienten vergüenza por ella, pues este idioma indígena es un medio de comunicación de mucho valor para ellos”.

Para dar una muestra de los resultados del curso, en el marco de la inauguración del Tecnocentro de Autoaprendizaje de Lenguas (TEECAL) de la Facultad de Lenguas y Letras de la UAQ, el investigador del Centro de estudios Lingüísticos y Literarios trajo al moderno recinto universitario la voz de cuatro estudiantes de Santiago Mexquititlán: en primer lugar, Bonito Álvarez García leyó un texto en su lengua materna y más tarde lo tradujo Domingo Lucas Blas y, en segundo lugar, Francisca Alejo Hilario leyó un cuento en otomí y lo tradujo Claudia González Linares, ambas ataviadas con los trajes típicos de esa etnia.

Los escuchaban con atención, desde el Rector Alfredo Zepeda Garrido, hasta el más modesto trabajador de la Facultad, invitados todos a compartir el orgullo del nuevo edificio. El relato lastimero de Benito Álvarez a través de su traductor, Domingo Lucas Blas, fue el que más emoción provocó entre los asistentes, por lo cual lo volvemos a presentar:

“Yo nací entre los pobres honrados otomíes de Santiago Mexquititlán. Al crecer poco a poquito me enseñaron a hablar la lengua materna. Mis padres también son descendientes de los otomíes de Santiago Mexquititlán y ellos siempre me dicen: ‘Dondequiera que vayas, que no te dé pena hablar nuestra lengua, porque eso será la gloria de tu afán’”.

“Yo cuando tenía cuatro años, mis padres me inscribieron en la escuela, para que allí aprendiera otra lengua, el español, pero nunca, nunca voy a dejar de hablar la lengua hñañho. Algunos de mis hermanos dicen: “Me niego a ser hijo de una familia otomí.” Y yo les digo:

““Eso sería que ustedes se desprecian solos.”

“Yo siempre como al ras del suelo, porque así me enseñaron. Mi forma de comer es. Tomar pedazos de tortilla y hacer cucharaditas ‘ y luego meterla en la comida. Las comidas que me gustan son: nopal, carretón, lengua de vaca, becerro y todo tipo de frijoles, caldo de pollo y carne de puerco”.

“Me duermo en el suelo con un petate y unas cobijas, desde que yo nací hasta ahora y no me da vergüenza decirlo”.

“Yo soy un trabajador en el campo en el arado, las palas en las zanjas, el arado para barbechar la tierra, el doble, la escarda, segundar el maíz. Trabajo en desyerbar y abonar. Por eso siempre tengo las manos con ampollas”.

“Yo siempre cuido las crías de vacas, borregos, caballos, pero gracias a mis padres estudié la primaria, secundaria y ahora preparatoria. Y gracias por haber nacido entre los pobres otomíes de Santiago Mexquititlán y me siento muy orgulloso, porque hablar la lengua materna es como hablar con Dios”.Al término de la ceremonia, los muchachos de Santiago Mexquititlán, cumplida la misión, se confundieron entre los universitarios.

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