Cultura

Sitio de Querétaro: La memoria vive en los lugares que presenciaron el fin del Imperio

Llamada por algunos como la segunda independencia nacional, la Restauración de la República no puede entenderse sin el Sitio de Querétaro y el fusilamiento de Maximiliano, cuyos escenarios y edificios se mantienen en pie hasta nuestros días. Su importancia se rescata en la obra Guía Histórica del Sitio de Querétaro de Andrés Garrido del Toral, quien fuera cronista del estado hasta su fallecimiento el año pasado.

En nuestras calles, plazas y colonias de la capital se vivieron enfrentamientos, asesinatos y persecuciones en una época de luchas ideológicas entre dos grandes proyectos de nación. El sitio de Querétaro fue la última etapa de la guerra contra el imperio en el país; duró desde el 6 de marzo al 15 de mayo, cuando se rindió Maximiliano de Habsburgo.

A continuación, rescatamos una selección de lugares de la investigación que Garrido del Toral hizo sobre este momento de la historia nacional, uno de los más crudos que se vivieron en la ciudad, sobre todo por las secuelas sociales y económicas de la guerra.

San Pablo. El alguna vez pueblo de indios, vio pasar batallas por su control estratégico para entrar a la ciudad de Querétaro. El ejército imperialista de la mano del general Severo Castillo fue el encargado de atacar la zona, el 12 de marzo de 1867, para conquistar la garita, los recursos y el templo de San Pablo.

Ambos edificios siguen aún en pie; la garita es hoy la casa ejidal; además la calle Real vio pasar a la princesa Salm Salm, como una de las últimas esperanzas de Maximiliano por obtener el perdón juarista, pero el fracaso llegó pronto cuando su carruaje se estampó en un muro.

La Cruz. El ejército imperialista tenía montado un hospital y sus almacenes de artillería en el cerro del Sangremal, en La Cruz, por lo que Maximiliano fue a visitar la región el 8 de marzo de 1867. Durante días se fortificó la zona, incluido el templo y poco a poco esta locación se convirtió en el cuartel general del ejército imperialista.

El 13 de marzo comenzaron las hostilidades; por primera vez en su historia el templo de La Cruz recibe cañonazos de guerra que tiran lentamente el fuerte. Los imperialistas quedan sitiados, aunque reciben apoyo desde diversos puntos de la ciudad; es cuestión de tiempo para que caigan, aunque resisten hasta el 15 de mayo de 1867, cuando Querétaro cae bajo las fuerzas republicanas.

Los Arcos. La enorme obra arquitectónica a cargo del marqués de la Villa del Villar del Águila, Juan Antonio de Urrutia y Arana, no se libró de los estragos del sitio de la ciudad. Una de las estrategias del ejército republicano fue romper el tercer arco del acueducto, lo que privó de agua a toda la ciudad. Rápidamente las fuentes y pozos se quedaron vacías y provocaron una crisis.

Bruno María Reynoso encabezó uno de los intentos por traer agua a la ciudad, poner pencas de maguey en donde los soldados republicanos habían roto, para que al menos un chorrito de agua llegará a la ciudad, al templo de La Cruz, donde el agua tenía destino.

Cimatario. La batalla más emblemática en este cerro ocurrió el 27 de abril de 1867, cuando el ejército imperialista, comandado por Miguel Miramón, logró vencer a los republicanos en el monte, dándoles vía libre para escapar de la ciudad. No obstante, la decisión que tomaron los imperialistas los condenó y decidieron contraatacar en lugar de huir.

La jugada terminó en tragedia y tuvieron que volver a la ciudad, derrotados y sin suministros para alimentar al ejército o a las personas.

En la Congregación. El 2 de mayo, a las siete de la mañana, lloró Maximiliano. Sus lágrimas acompañaron a las de los presentes, soldados y ciudadanos, que se reunieron en La Congregación para dar una última despedida a Joaquín Rodríguez, general del ejército imperialista, que fue abatido en la batalla.

Teatro de la República. El 12 de junio de 1867, tuvo lugar el juicio en contra de Maximiliano de Habsburgo, Miguel Miramón y Tomás Mejía, dentro de la ciudad de Querétaro. El único lugar capaz de albergar a tantas personas era el teatro de Iturbide, así que a primera hora de ese día miércoles, comenzaron los alegatos de los abogados.

A pesar de su esfuerzo por evitar la pena de muerte, se decretó la pena de muerte para los acusados, en nombre de la presidencia de Benito Juárez.

Segunda Casa de Mariano Escobedo. Ubicada en la calle Hidalgo, la segunda casa de Mariano Escobedo, fue el sitio desde donde esté escuchó el fusilamiento de Maximiliano, Miramón y Mejía. El líder republicano escuchó desde temprano como los militares marchaban para custodiar el cerro de las Campanas, lugar donde se llevó a cabo del fusilamiento.

Pasó el tiempo y desde el segundo piso de su casa, ubicada frente al templo de Capuchinas, escuchó las campanas que anunciaban el final del imperio y la que para él fue “justicia nacional”.

Memoria perdida

Para Eduardo Rabell Urbiola, cronista de la capital del estado, el abandono de la memoria histórica de los lugares que fueron parte del Sitio de Querétaro, obedece a la inestabilidad política que reinaba en la época pese al triunfo de la República y el que Benito Juárez decidiera prolongar su tiempo en la presidencia de la República. Posteriormente, Porfirio Díaz tampoco dio importancia a la memoria de esta etapa.

Por otra parte, sobre el procedimiento realizado a los líderes imperialistas,  Rabell Urbiola puntualizó que pese a las polémicas “el juicio público fue cumplir con una ley, para mostrar que sí se cumplían las disposiciones de ley”. Recordó que había disposiciones de ambos bandos para fusilar a sus opositores: la llamada Ley contra Conspiradores, promulgada por Juárez en 1862 y la Ley para castigar bandas armadas y guerrilleros, de Maximiliano en 1865.

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