Cultura

SJR: las estrellas de Cri-Cri

¿Qué tienen que ver una taza gigante, un grano de café gigante, un hipopótamo promedio, un grillo cantor de casi dos metros, tantas palomas acurrucadas en el balcón de la Iglesia y esa estrella que siempre está aun cuando el cielo ni siquiera es buenas noches?: Francisco Gabilondo Soler, Cri-Cri.

   —Mira, Cri-Cri —platica emocionada una señora a su hija pequeña; iban caminando por la Plaza Independencia y se encontraron con una exposición.

   —¿Quién es? —responde la niña, que está más emocionada por ir a ver al hipopótamo.

   —“¿Quién es el que anda ahí? Es Cri-Cri, es Cri-Cri” —canta la mamá y enseguida le dice a su hija que pose junto al grillito para una foto.

 La exposición se llama Explora Altas Montañas, es promoción turística de Orizaba, Veracruz. La trajo el gobierno de San Juan del Río, en un “hermanamiento de municipios”, “porque Orizaba es un referente en Latinoamérica, la ciudad más limpia y con un modelo económico turístico”. Hay que ser como Orizaba. ¿En qué cerro pondremos el teleférico? Quién sabe, por ahora ya empezamos con reubicar a las vendedoras y boleros del Jardín.

En Orizaba nació Francisco Gabilondo Soler, por eso allá todo lleva su nombre: calles, escuelas, parques. Por eso lo traen junto a las fotos del Palacio de Hierro (hecho por el mismo que hizo la torre Eiffel), “en su momento la gente se opuso a su construcción, porque era un municipio pobre para esos lujos —comentó el alcalde de Orizaba al alcalde de aquí—, pero ahí está y es muy bonito”.

Y durante su discurso de agradecimientos, el nieto de Cri-Cri aseguró que San Juan fue muy especial para su abuelo, porque aquí venía a ver las estrellas. Es que él era astrofísico.

   —¿Por qué venía a San Juan del Río?

   —Aquí se veían las estrellas muy bien. Mira, todavía se ven.

 De la biografía de Gabilondo Soler, en la Sociedad de Autores y Compositores de México: “Decía que mucha gente pensaba que la astronomía consistía en “estar viendo pa´arriba”, aseguraba que era falso y citaba una frase escrita en la entrada de la Escuela de Platón, en la antigua Grecia: “No entre quien ignore la música y la astronomía”.” No hay que contar estrellas, quizá sólo recostarse inmóvil esperando a que las estrellas nos cuenten, y si nos movemos las haremos perder la cuenta y tendrán que volver a empezar: una taza gigante, un grano de café gigante, un hipopótamo promedio, un grillo cantor de casi dos metros, tantas palomas acurrucadas en el balcón de la Iglesia.

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