Cultura

Toy Fest Querétaro: Un Festival que despierta la nostalgia y la alegría en las familias

Domingo por la tarde y el Centro Histórico de la capital queretana está concurrido. En el camino hacia el Jardín Guerrero se pueden ver personas que vienen de un evento; se distinguen no sólo por los coloridos disfraces que hacen alusión a personajes de animaciones japonesas, sino también porque llevan en las manos juguetes de todo tipo, modernos y antiguos.

Una joven ataviada con un traje detallado de su personaje favorito, práctica conocida como cosplay, enseña animadamente un peluche a quienes la acompañan. A lo lejos se puede escuchar música, una banda en vivo que hace covers de canciones japonesas; se vislumbran las carpas blancas que resguardan a los visitantes del sol de la tarde. Se trata de la segunda edición del Toy Fest que se celebra en Querétaro; anunciada como el máximo evento para coleccionistas de juguetes, el festival está a rebosar, no solo de coleccionistas, sino también de familias.

Madres, padres, abuelos y nietos se reúnen alrededor de los puestos donde se muestra todo tipo de mercancía, desde juguetes de los años sesenta todavía resguardados en sus cajas, hasta las simpáticas figuritas de lucha libre con sus poses estáticas. Este es el segundo día del Toy Fest y aunque la venta dio inicio desde temprano, el público no deja de llegar; los vendedores no se dan abasto, contestando preguntas sobre las piezas, los precios, mostrando a chicos y grandes todo tipo de juguetes, peluches y coleccionables.

Entre los puestos se encuentra Katia, coleccionista de muñecas Barbie y Monster High. Menciona que lo que más le gusta de ser coleccionista es la nostalgia que trae esta actividad, pues desde niña colecciona muñecas, incluso tiene en exhibición su primera Barbie. Para Katia, eventos como este son importantes para crear comunidad. En su mesa tiene una gran variedad de muñecas, algunas todavía en sus cajas.

Exhibidos en mesas y cercados por un cordón amarillo para evitar que la gente se acerque demasiado, los visitantes miran maravillados escenarios en miniatura de los juguetes Playmobil: casas, carros, parques y gimnasios donde las figurillas de plástico colorido se vuelven una exhibición de galería que las personas fotografían. Además de estas mesas, de los puestos de coleccionistas, el festival prometió a los asistentes invitados especiales que animan a quienes, cansados de pasearse entre los juguetes y la nostalgia, toman asiento frente al pequeño escenario al fondo del jardín.

Las personas pasean entre los puestos con sus compras en una mano y bebidas coloridas en otra. Además de los puestos de coleccionables, hay vendedores de comida, bebidas frescas, playeras y pósters de personajes populares de animaciones japonesas. Aunque el estelar del Toy Fest son los juguetes, los coleccionistas también traen entre sus cajas y exhibiciones productos retro que atraen a los adultos a recordar épocas de antaño.

Un ejemplo de esto es Miguel Ángel Lomelí González, que lleva dos décadas como coleccionista y casi 15 años vendiendo juguetes antiguos, vinilos, revistas y antigüedades en general. Entre sus colecciones personales se encuentran los cómics mexicanos de los años sesenta, setenta y ochenta. A Miguel Ángel le complace escuchar entre la gente que se acerca a ver y comprar cosas como «ay, yo jugaba con esto» o «ay, yo tenía esta pieza» o «ay, me acuerdo cuando yo iba y hacía esto…»; lo que hace agradable el arte de preservar los recuerdos que conlleva una pieza vintage.

Los vendedores coinciden en que este día el festival se rodea de un ambiente más familiar, pero esto no se limita al público, pues detrás de una de las mesas se encuentra Olivia Velazco, cuyo puesto lleva el nombre de Colector Toys con la cara sonriente del personaje animado el gato Félix. Olivia comenta que esta caricatura es una de las favoritas de su esposo para coleccionar y es justamente él quien inició coleccionando y vendiendo todo tipo de juguetes, nacionales e importados. Así como su familia se dedica a la venta de artículos coleccionables, Olivia dice que ha visto el festival muy familiar, y que es bueno para que la gente salga y se distraiga en familia.

Entre los puestos, una de las mesas exhibe naves espaciales y figuras, aún en su empaque original, de personajes de la famosa franquicia de Star Wars. Erwin Mercado, coleccionista desde los ocho años, lleva 25 años aproximadamente especializado en la venta de la línea vintage del 78 al 85 de Star Wars. Muestra con orgullo su pieza más costosa: un Luke Skywalker con un valor de 11 mil pesos, mientras que la más antigua de su mesa se trata de un Jawa primera edición del año 1978.

Para Erwin es importante este tipo de espacios pues al final del día todos somos coleccionistas de una forma u otra. Menciona que este festival abre la puerta a que el público pueda buscar ese elemento de su infancia o ese elemento que les da nostalgia o que los lleva a un lugar especial. Esto tiene que ver con lo que más le gusta de ser coleccionista: buscar la pieza que tanto quieres.

Erwin también menciona lo que los demás vendedores han dicho, hoy es un poco más familiar. Señala que la gente viene más por curiosidad que para comprar, pero esto no significa que se han detenido las ventas y queda claro cuando ves a los grupos de amigos, familiares y parejas con juguetes y productos en mano. El evento cerró con una asistencia de más de 20 mil visitantes que se dieron cita en el Jardín Guerrero, coleccionistas y compradores en general con el corazón lleno de felicidad por encontrar esa pieza faltante que les trae recuerdos de otras épocas.

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