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De las muchas maneras de acercarnos al 68 mexicano

Existen diversos problemas en torno a lo que se ha producido del tema, algunos ocasionados por el propio proceso de asimilación del hecho histórico, pero lo importante es que su estudio continúa.

Mucha tinta se ha gastado al hablar del movimiento estudiantil del 68 en México: novelas, poemas, cronologías, libros testimoniales, artículos, investigaciones académicas y un largo etcétera engrosan las filas de los textos que tienen como tema central al movimiento estudiantil; de igual forma existen películas, documentales, monumentos y museos que lo estudian. Pero, a pesar de todo, el tema no se agota y tampoco llega a todos los mexicanos.

Aquí cabría cuestionarnos ¿qué ocurre con todo lo que se publica sobre el movimiento y qué tipo de conocimiento es el que impera? Para empezar, lo más conveniente es organizar los diferentes tipos de soportes que tiene la producción del 68; hay que pensar primero en los textos y después en el material audiovisual. Para otra ocasión se deja lo generado en los espacios públicos, como museos o marchas.

Existe un gran número de textos que tienen como tema central el movimiento estudiantil, pero una manera simple de englobarlos puede ser por décadas. Los de las primeras, que comprenden los sesenta y setenta, son esencialmente cronológico-testimoniales; es decir, se enfocan en describir qué ocurrió y en qué orden; todo esto normalmente narrado por los directamente involucrados.

Esto ocasiona que surjan las voces hegemónicas del Movimiento, quienes durante un largo periodo acapararon la posibilidad de hablar del tema. Este tipo de relatos son comunes después de un proceso tan violento y traumático. Quienes escriben tratan de entender lo sucedido, de explicarse inclusive a ellos mismos lo que vivieron.

Con el paso del tiempo muchos de estos textos se convirtieron en clásicos; el problema es que aunque relatan los primeros meses, algunos se enfocan en el punto más alto de violencia que se vivió, el 2 de octubre; lo cual ha ocasionado que el Movimiento no se entienda como un proceso sino que se centre en lo ocurrido en un solo día, y esto limita el entendimiento y los alcances del 68.

Difundir el saber

En los textos publicados a partir de los años noventa se puede notar un cambio, pues aparecen nuevos enfoques y sujetos de estudio; al menos en lo que a textos académicos se refiere. Ya se sabe lo que pasó, la cronología se tiene clara, inclusive se conocen los nombres de los culpables. Entonces, es momento de analizar las diferentes aristas del tema, ahora hay que enfocarse en quienes no han tenido voz hasta el momento.

De esta manera se comienza a pensar en los más jóvenes, en las mujeres, en el tipo de memoria que se ha creado, en la base estudiantil y su organización. Esto no quiere decir que todos los textos anteriores a los años noventa sean solo cronológicos o testimoniales, ni que todos los posteriores sean novedosos: simplemente es un parámetro práctico para poder entender la tendencia en la producción escrita del movimiento.

Si bien se ha creado una gran cantidad de nuevo conocimiento sobre el tema, este se queda, como siempre, en tesis de universidades -a las que los ciudadanos de a pie no tienen acceso-, en revistas especializadas y -en el mejor de los casos-, en libros a los que no se les da la suficiente difusión por más intentos que hagan los autores.

Riesgo y vicio documentales

En cuanto al material audiovisual, se tiene en cuenta un documental y dos películas: El grito de Leobardo López Aretche (1969), Rojo amanecer de Jorge Fons (1989) y Tlatelolco, verano del 68 de Carlos Bolado (2013). Aquí hay que recordar dos cosas: que la ficción se da ciertas licencias con las que la historia no cuenta y que al ser este tipo de soporte el que llega con mayor facilidad a las personas, se tiene que tener especial cuidado en cómo se retrata el hecho histórico.

A diferencia de lo que ocurre con los textos, para las películas y el documental es complicado hacer un corte cronológico, sobre todo porque la película de 2013 no es necesariamente el trabajo más innovador que exista sobre el movimiento.

Sin embargo, se pueden notar ciertas coincidencias en las tres producciones, por ejemplo: todas manejan un discurso donde personajes totalmente buenos se enfrentan a personajes totalmente malos, centran su discurso en lo violento del movimiento, colocan como punto más álgido de sus tramas lo ocurrido en Tlatelolco el 2 de octubre y muestran la imagen de un movimiento completamente homogéneo, donde no existían las divergencias, primaba la unidad y nunca existió la violencia.

Venden una idea blanca del movimiento, cuando esto no fue así. Había muchas ideas en las que no coincidían. Ponerse de acuerdo en las juntas del CNH no siempre fue sencillo y aunque en evidente desigualdad de condiciones, nunca se podrán comparar piedras con armas, los estudiantes se defendían como podían. De hecho en los primeros días, en esa resistencia radicaba uno de los elementos más importantes e interesantes del movimiento.

Uno de los graves problemas de estas tres producciones es que, al no ser tan claro el conocimiento que difunden sobre el hecho histórico, el espectador puede terminar confundido con los acontecimientos y sobre todo con su relevancia. Lo más recomendable es tener conocimientos previos para entender las referencias y poder ubicarse sin problemas en el espacio-tiempo.

A pesar de los señalamientos, las producciones audiovisuales son un interesante primer contacto con el 68, además de que pueden generar en el espectador cuestionamientos que lo acerquen a investigar más al respecto, y con eso, todos ganamos.

Asimilación histórica

Existen diversos problemas en torno a lo que se ha producido del tema, algunos ocasionados por el propio proceso de asimilación del hecho histórico, pero lo importante es que su estudio continúa, cada vez desde más perspectivas, lo que diversifica el conocimiento, genera entendimiento sobre lo ocurrido e impide que el 68 se mitifique y se convierta en algo intocable.

Ahora el reto radica en que ese nuevo conocimiento se difunda y logre llegar al mayor número de mexicanos. Ojalá se consiga paulatinamente y no tenga que transcurrir otro medio siglo para que se haga justicia al movimiento, no sólo política, sino intelectual.

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