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De tradición, familia y disciplina: la vida de un luchador queretano

“…La arena estaba de bote en bote, la gente loca de la emoción…” y los protagonistas del ring con los nervios al máximo, recibos por pagar y heridas que aún no han cicatrizado.

Las vidas de los artistas del cuadrilátero mexicano engloban un sinfín de historias inspiradoras, tal es el caso de “Kisin” el luchador oriundo de Querétaro, que se gana honradamente lo suyo, defendiendo su máscara noche tras noche en la mítica Arena Querétaro, donde “el respetable” puede deleitarse con la tradicional lucha libre mexicana, una disciplina que enamora a cualquiera, pero no es para cualquiera.

“Es algo difícil de decir, en qué momento decidí ser luchador, ya que desde pequeño siempre me llevaban a las funciones de lucha aquí en la Arena Querétaro o las que hacían en la calle y para mí los luchadores fueron como superhéroes de la vida real.

Además, mi papá y tíos son luchadores y eso era lo que me inspiraba en convertirme en uno, durante un tiempo en mi infancia yo entrene este bello deporte, pero hubo un lapso de casi 10 años, en los que yo abandoné ese sueño, pero… por ciertos problemas un poco fuertes que pasé, fue que retome mi entrenamiento y pude cumplir un sueño que daba por imposible para alguien como yo”, comenta Kisin.

La lucha libre en México representa mucho más que un deporte, esta es una tradición que se hereda generación tras generación, y no solo en la práctica, la mayoría de los luchadores al momento de retirarse, otorgan las botas, la máscara y hasta el bando a sus hijos y nietos, quienes retoman la difícil tarea de mantener el legado familiar intacto. 

Mientras que, al mismo tiempo, balancean sus días con una vida hogareña común, hijos, cuentas, estudios, incluso otro trabajo o emprendimiento.

Sumado a ello, la mayoría que quiere incursionar en el negocio, cada año ha visto más ennegrecido el objetivo, teniendo que enfrentarse a adversidades que irónicamente son ajenas al deporte, como la mafia que lo corrompe, las sobre oportunidades a atletas sin talento, pero con contactos, o la dureza que la disciplina exige.

“No cualquier persona puede llegar a ser un gran luchador y no lo digo para desanimar a nadie en que lo pueda lograr, mientras sea disciplinado y escuche a sus maestros, claro que puede ser alguien a quien admirar. A lo que me refiero es que se trata de tener un amor al deporte, pero no cualquiera, sino incondicional, que no importa nada ni nadie jamás te alejara de este deporte. 

Esto es por todo el celo que hay dentro del ambiente, que muchas veces el aficionado no ve y hay quienes por este celo ponen el pie a varios compañeros para que estos no lleguen a más, cosa que no debería ser así, pero a veces las oportunidades se las dan a sus amigos y no a quien realmente las merece”, afirma Kisin.

El bando también es muy importante, en la arena, los técnicos son los superhéroes, los buenos, los que los niños juegan a ser, mientras que los rudos son los villanos de la historia, los más extremos y quienes insertan mucha energía al espectáculo.

“Aunque no hay un estilo con el que mi familia esté casado, yo la verdad me identifico más con el bando rudo, aunque en ocasiones me ha tocado ser técnico y se trabaja con el mismo amor al deporte y al respetable público, claro está”.

En una familia luchadora, los ídolos son aquellos que transmitieron la pasión por la lucha en el hogar, en el caso de Kisin, su padre: “El Universitario”, es en parte responsable de que ahora él, se eleve por encima de las tres cuerdas. 

“Mis ídolos en la infancia fueron mi papá ‘El Universitario’ (QEPD), mis tíos ‘Estrellita Queretana’ y ‘El Drabek’, ya si hablamos de estrellas a nivel nacional serían, ‘Máscara Sagrada, ‘Abismo Negro, ‘Texano’, ‘Hijo del perro Aguayo’ y ‘Último Guerrero’”.

A pesar de la inmensa representación e importancia nacional, la lucha libre mexicana enfrenta y conlleva barreras importantes para todos aquellos que la hacen posible, la falta de apoyo económico por parte del gobierno, falta de patrocinios y exhibición en medios masivos, regulación, mafia, y sedes en pésimas condiciones agravan el problema.

“Lamentablemente es algo que no podemos cambiar de manera inmediata, esto tomaría mucho tiempo y esfuerzo, pero esperó algún día poder hacer un cambio”, sentencia Kisin.

Angel Avila Zapata

Periodista/escritor. Me gusta escribir sobre lo que sé y leer sobre lo que ignoro.

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