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Debate al III distrito federal o de cómo la democracia queretana puede provocar llanto

Por Víctor Pernalete

Pocas veces podría un ciudadano sentir más pena por su democracia, que en un debate para candidatos al III distrito federal de Querétaro.

Más que desnudarse a sí mismos (a sí mismas, tomando en cuanto el género mayoritario) las y el protagonista del debate abrieron una brecha profunda en la corteza de la clase política queretana, dejando ver que allá en el Olimpo, también se sangra.

El pasado martes 12 de junio se efectuó, una vez más en el Centro Integral de Medios (CIM) de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UAQ, un debate político de cara a las elecciones del próximo 1° de julio.

Con el aval del Instituto Federal Electoral (IFE), y la moderación del académico Gabriel Corral Velázquez, el candidato Marcos Aguilar Vega, del Partido Acción Nacional (PAN), y las candidatas María del Socorro García Quiroz, del PRI; María del Rocío Landa Medina, del PVEM; María Barraza Portillo, de Nueva Alianza, y María Fernanda Ledesma Figueroa, de la coalición progresista (PRD-PT-MC); se dispusieron a contrastar propuestas en un debate de cara a la ciudadanía.

Esta vez, la realidad no pudo estar más alejada de la aspiración.

El ejercicio llevado a cabo por Marcos y las Marías fue una triste pérdida de tiempo y más allá de ser una píldora para conciliar el sueño, el simulacro de debate apenas sirvió para despertar la rabia interna de aquellos que ven con desaliento la actualidad política de Querétaro.

Con discursos desgastados, que ni siquiera fueron merecedores del mínimo esfuerzo de las candidatas para ser memorizados, las aspirantes procedieron a leer las notas que llevaban preparadas, acto llevado a cabo, además, con una profunda falta de pericia, dando el entendido de que las implicadas apenas y habían aprendido a leer.

Candidatas abusaron de leer en sus intervenciones

Sólo Marcos Aguilar, quien con experiencia en el manejo de la tribuna, pasó someramente el examen, aunque hay que decir que el actual diputado local con licencia entró a la cancha apenas a pelotear, sabiendo de la competencia con la que se enfrentaba, sin tomarse la molestia de darle algo de altura al triste espectáculo.

María Barraza, quien no dejó nunca de mostrar su chapa de profesora, llevó al límite de la paciencia a los espectadores, con su terrible falta de ritmo y un desorden indignante en las hojas que llevaba, que no dejaba de mover y pasar una tras otra, sin entender que el sonido de las mismas eran causal de risa y llanto al mismo tiempo.

“Chio” Landa Medina, por su parte, comenzó su participación con atrevimiento; una desfachatez que sus contrincantes no pudieron lucir; se presentó sin guión.

Sin embargo, el nerviosismo emanado de su voz y su mirada poco pudieron decir a las personas que pretendían encontrar en el debate argumentos para otorgar su voto a algún candidato en específico, pero que terminaron más cerca de no votar por nadie.

María Fernanda Ledesma se mostró como una digna representante de la coalición PRD, Movimiento Ciudadano y PT, profiriendo ataques, sobre todo, a la candidata priista.

Entre lecturas y memorizaciones de primaria, la candidata naranja se apoderó del beligerante discurso de Movimiento Ciudadano, mostrándose como un apéndice de los señores José Luis Aguilera, ya que si la concurrencia no hubiera escuchado a la candidata hablando, habrían podido pensar que eran los dirigentes del partido quienes se encontraban en tribuna.

Por último, la intervención de María del Socorro García Quiroz se convirtió en una lacerante hora que lastimaba los oídos y los ojos de los presentes, quienes ocupaban más su tiempo pensando cómo era posible que la señora en cuestión fuera titular de un escaño federal.

Su falta de ritmo fue tan evidente que incluso el moderador consideró terminada una de sus participaciones cuando Coco guardó un lapidario silencio, ya que su concentración estaba enfocada en encontrar la siguiente hoja, traspapelada entre las múltiples notas con las que estaba armada.

Al manifestar su rechazo al fuero político, candidata de Panal dijo “¡sí al fuero!”

El colmo del ridículo llegó cuando fue el tiempo de las réplicas y contrarréplicas, en las cuales las candidatas disponían de sus notas para contestar lo que, supuestamente, no sabían con anterioridad.

María Barraza cerró con broche de oro una tarde-noche para el olvido, cuando en el segmento de las preguntas del público, se les cuestionó a los candidatos sobre el fuero político.

La maestra de Nueva Alianza se animó a declamar un soliloquio, esta vez sin notas, en el que explicó el por qué está en contra del fuero político, con la bandera de “todos los mexicanos somos iguales ante la ley”, que culminó de manera magistral, aseverando “¡Sí al fuero político!”.

Ya finalizado el debate, y con los candidatos en una suerte de penitencia tras el pobre espectáculo, se retiraron calladamente de las instalaciones; todos menos Coco García Quiroz, quien puso más empeño en organizar el postdebate que el debate en sí.

Un grupo de personas la esperaba a las afueras del CIM, ataviados con camisetas de su campaña (quienes venían por cierto, en camiones del transporte público) que muy contentos con sus aguas embotelladas marca “Coco” le regalaron vítores a la candidata priista, quien posó para las cámaras y celebró con el brazo en alto.

Atrás, escondiéndose tímidamente, Enrique Aquino, el community manager de Enrique Peña Nieto, no dejaba de mover la cuenta de Twitter de la senadora-candidata.

Así dio fin un ejercicio perfectamente olvidable. Al otro día, cuando recordar el “debate” parecía más bien la reminiscencia mental de una mala pesadilla, Coco García Quiroz hizo gala de chequera, al pagar una inserción de plana completa en cada uno de los diarios de circulación local, en la que aseguró ser ganadora del debate entre candidatos al III distrito federal.

A Coco se le olvidó que en ese ejercicio, ni siquiera hubo competidores.

 

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