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Del campo a la burocracia: “no sé si sería una lástima o una leyenda, pero aquí estoy”

“No sé si sería una lástima o una leyenda, pero aquí estoy”
Gabino Gómez Rangel, quien trabajó durante 28 años en el gobierno del estado de Querétaro, hace un repaso de su tránsito laboral de las últimas tres décadas del siglo XX, desde la construcción del Centro Universitario, hasta su relación con el Partido Revolucionario Institucional (PRI). A 25 años de su jubilación, aún recuerda las acciones que llevó a cabo: “estuvimos dispuestos y estamos todavía. Hay viejo para rato”.

El inicio de la trayectoria: CU UAQ

Dos años después de haberse casado, Gabino Gómez Rangel, de 19 años, llegó a la conclusión de que sembrar las milpas de su papá ya no sería suficiente para mantener la familia que comenzó a formar de la mano de María Rangel López, quien tenía la misma edad. Con esto en mente, decidió buscar trabajo en la ciudad de Querétaro, y lo encontró en la Dirección de Obras Públicas en 1972.

Su primer empleo fue en la Junta de Caminos, en donde se desempeñó como reparador de calles, o “bacheador”; y después de su primera quincena, el coordinador de dicha instancia, Odilón Cabrera, trasladó a todo el personal hacia el Cerro de las Campanas, donde comenzaría la construcción del Centro Universitario (CU) de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ).

Por iniciativa del rector José Guadalupe Ramírez Álvarez, y en compañía del entonces gobernador electo de Querétaro, Antonio Calzada Urquiza, y del presiente de la República, Luis Echeverría Álvarez, la obra fue inaugurada en agosto de 1972, “un año que, por cierto, no llovió nada”, recuerda Gómez Rangel. Del mismo modo, señala que, tanto el presidente, como el gobernador, eran calvos, usaban lentes y ambos portaron aquel día una guayabera blanca, por lo que “parecían hermanos”. Sin embargo, Gabino no se quedó a concluir CU, dado que fue asignado a la construcción de la Unidad Deportiva de Corregidora, misma que “estaba en pleitos para pertenecer a la Universidad”.

Al año siguiente, y a través de maquinaria pesada y jornadas que iban desde las siete de la mañana a las 11 de la noche, fue que, el 8 de diciembre de 1973, se inauguraron las instalaciones de la UAQ con el primer edificio de Rectoría y las primeras aulas de la Facultad de Derecho.

Nace el STSPE

Con apenas 20 años, Gabino se enfrentó a los grupos anticomunistas de los años 70 con motivo de modificar sus condiciones de trabajo, puesto que sus derechos laborales se tornaban cuestionables: “cuando nos vimos tratando de organizar nuestro sindicato, nos quisieron amedrentar unas personas. Según ellos, nos iban a golpear y encarcelar por agitadores”, recuerda Gómez Rangel.

No obstante, él siguió defendiendo la causa: “yo era el primero que les respingaba: ¿y con qué derecho? Si nosotros, como trabajadores, tenemos derechos y queremos que se nos reconozcan. Es lo único que buscamos. Yo no les tenía miedo”, apunta anímicamente el señor Gómez. En esta búsqueda de justicia, estaba dispuesto a llegar a los extremos con sus amedrentadores, a quienes respondía: “nosotros no buscamos pleito; pero si se llega a dar, con todo gusto le entramos. Veían que no era un hueso blandito de roer”, expresa con orgullo.

Finalmente, en ese mismo 1973, se logró el objetivo de los trabajadores, “y para que la cuñita apretara, el padrino de ese sindicato fue don Rafael Camacho Guzmán. Se firmaron los acuerdos, y tuvo vida” el aún Sindicato de Trabajadores al Servicio de los Poderes del Estado (STSPE); mismo que cumplió 50 años en 2023. “Me hicieron el favor de invitarme” a la ceremonia del quincuagésimo aniversario, “cosa que agradecí mucho”, expresa don Gabino.

El dinosaurio queretano

Posterior a la fundación del STSPE, Gómez Rangel siguió trabajando en la Dirección de Obras Públicas, pero esta vez como checador de materiales. No obstante, tiempo después, y gracias a sus capacidades estratégicas y numéricas, tuvo un ascenso que lo llevó a trabajar a la sede del gobierno estatal como asistente de Oficialía Mayor, el puesto que ocupó hasta el primero de febrero del año 2000.

Gabino afirma que “cuando había trabajos de confianza para hacerle a la esposa del gobernador, particulares” y amigos de ellos, él siempre fue designado para ejecutarlos. Entre aquellas acciones, recuerda claramente que hacía depósitos de cheques dobles, esto “por las pólizas de servicio y la cantidad que se pagaba”: “podía apostar que se duplicaban”. Gómez puntualiza, además, que realizaba los depósitosa cuentas que no eran de gobierno”, sino “a cuentas particulares”: “yo hacía las fichas; y, obviamente, ya me sabía las cuentas”.

– ¿De quiénes eran las cuentas?

– “Del señor gobernador, del oficial mayor, del secretario general de gobierno y del de finanzas”.

Ante la cuestión sobre qué gobernador fue quien más robó en su estancia laboral, Gabino contesta: “si los ponemos a rifa, todos salen; el que no se robaba una vaca, se robaba dos”.

Entre aquellas “vacas”, ilustra que el arquitecto Calzada Urquiza (1973 – 1979), en su segundo año de gestión, “mandó a hacer un Partenón en Sanfandila, municipio de Pedro Escobedo”, mismo que contenía “una pista para caballos y un terrenote”: “considero que no le costaron 3 centavos”. Además, menciona que, en el resto de su sexenio, Calzada “compró una ex hacienda en el municipio de Apaseo el Alto, Guanajuato”, la cual se llamaba La Tinaja, pero la renombró después: “también tenía pista para caballos y albercas termales”, puntualiza Gabino.

En cuanto a Rafael Camacho Guzmán (1979 – 1985), recuerda claramente que “compró una exhacienda que se hacía llamar Lagunillas, la cual reconstruyó a su manera” con campos de golf “y le cambió el nombre a Las Adelitas”, pero no de manera oficial.

Sin embargo, Gómez Rangel afirma que le guarda “todavía mucha admiración” por cómo el gobernador Camacho Guzmán se portó con él. “Siempre me decía: ‘ven acá, ‘Prieto’”, por lo que no tenía que anunciarse con su secretaria Concepción Martínez. En tales situaciones, recuerda que el gobernador le indicaba: “‘no le avises a esa pendeja, tú vente de paso, mándala a la chingada’”.

– ¿Era consejero de Rafael Camacho?

– “No tanto así, pero me preguntaba algunas cosas”. Con claridad y franqueza, Gómez narra que el exgobernador lo consultaba para tener en cuenta su opinión acerca de las solicitudes de apoyo: “‘estos cabrones quieren que les dé esto y lo otro. No les voy a dar nada, ¿o tú cómo ves, Prieto?’”, a lo que Gabino respondía: “como usted vea, señor”. Seguido de ello, “agarraba las solicitudes, las partía y las tiraba a la basura. Nunca había apoyos, nunca se los daba”.

Al cuestionar al señor Gómez sobre las tentaciones por tener a disposición los recursos del gobierno del estado, afirma que “si se trataba de hacer cobros de algunos cheques, así como los cobraba, así los entregaba. Nunca me pasó por mi mente tocar un centavo de ese dinero”, asegura.

-Entonces, ¿esta cercanía le trajo un ascenso en su sueldo?

– “Sí, una compensación quincenal, la cual me ayudó mucho; y como digo, nunca me pasó por la mente hacer cosas indebidas, y creo que eso fue lo que me valió estar tanto tiempo allí. Porque una vez Rafa Camacho me dijo: ‘Tú sí eres honesto, cabrón’”.

Don Gabino

Nacido en la comunidad de La Sabanilla, Jerécuaro, Guanajuato, con solo la primaria concluida y más de 50 años de matrimonio, Gabino lamenta la oportunidad de no haber estudiado, por lo menos, la secundaria: “otro gallo me hubiera cantado; pero tuve que conformarme, y me conformo, con lo que pude hacer, con lo que ahora soy. No sé si sería una lástima o una leyenda, pero aquí estoy”, recalca el padre de cinco hijos, abuelo de nueve y bisabuelo de dos.

Actualmente, Gabino Gómez Rangel, al lado su esposa, María Rangel López, sostiene que ha vivido “sin miedo a la vida ni a la muerte”. “Estuvimos dispuestos y estamos todavía. Hay viejo para rato”, afirma con humor a los 71 años.

– ¿Se arrepiente algo?

– “A lo mejor de no haber sido un buen hijo”, reconoce con nostalgia.

Christopher Chávez Gómez

Periodista en formación por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UAQ. Interesado por la Lingüística y las redes sociales. Cuando menos se lo esperó, un orgasmo de tinta corrió por él; y después de un arranque textual, bien supo cual era el punto final.

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