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Del país de la confianza al de los negocios: vivencias de un cubano en México

Por Víctor Pernalete

Con 28 años de edad, Roberto García Padrón es director de su propia banda musical. El Team de La Habana es un grupo que llegó a Querétaro hace ya más de un año y que toca música contemporánea cubana, la Timba: un ritmo que mezcla el tradicional son cubano con notas de jazz.

En otros países, él sería Roberto Junior, ya que su padre lleva el mismo nombre. Pero en Cuba no, el cariño y la calidez entre todas las personas va inmerso en cada palabra, así que todos le conocen como Robertico, el Roberto chiquito.

Claro que el Team de la Habana le hace a todo; desde los ritmos de cincuentones de Buenavista Social Club, el puro son cubano, hasta salsa puertorriqueña. Y es que mientras Robertico y su banda se abren paso en la escena musical, trabajan en antros de temática cubana para vivir, mientras la carrera musical rinde sus frutos.

La vida del músico es difícil. A escasos días de haber finalizado su contrato con un antro de la ciudad, Robertico y su grupo se preparan para regresar a su tierra natal. Y es que para sorpresa de muchos, el Team de la Habana no es uno de esos grupos que se fugaron durante un festival, abandonando su familia, su pasado, su tierra.

El Team de la Habana tiene un contrato con el Ministerio de Cultura de Cuba, instancia a la que el grupo le paga un impuesto mensual. De esta manera, ellos se convierten en abanderados de la cultura cubana en todo el mundo, menos en Estados Unidos.

A Robertico le causa gracia esta concepción cultural, de que el cubano que está fuera de la isla, es un exiliado.

Pero pronto, en cuestión de unas semanas, Robertico y sus músicos estarán de vuelta en México. Ahora buscando alguna oportunidad en Cancún, mientras el sueño de sacar un disco nuevo se concreta.

“En Cuba trabajamos diferente”

Su banda consta de alrededor de 10 personas. Pero ninguna de ellas ha tenido que sufrir como él el choque de dos mundos (Cuba-México). El de la confianza contra el de los negocios. El de la calidad contra el del dinero. Él funge como capitán del barco, suaviza los golpes que sus muchachos puedan llegar a recibir.

Y es que aquí todo tiene que ver con el trabajo. Y Robertico lo sabe. Al preguntársele sobre la diferencia entre trabajar en México y Cuba, sorprende con su respuesta.

“Nosotros en Cuba estamos acostumbrados a trabajar de manera diferente. En Cuba una demanda no camina, se pudiera meter años elaborarse, en salir. Y si ganas una demanda el precio que vas cobrar no va a estar en correspondencia ni al dinero ni al tiempo perdido. Estamos más acostumbrados a trabajar en base a la persona, en confiar en las cosas. Te hablo en mi negocio de la música”, manifiesta.

Y es que si algo ha sufrido el director del Team de la Habana, ha sido la cuestión de la confianza. En México hay un dicho, “papelito habla” dice la gente por la calle. Robertico lo ha entendido, con tristeza.

“Aquí en México he confiado en personas que me han dicho ‘vamos a trabajar y después se te paga’, y aún no lo han hecho. Me siento mal porque confié, y además porque tengo que darles una explicación a los músicos de que les dije que iban a cobrar y no se puede. Eso me ha pasado aquí”.

Robertico lo tiene claro. En México vale poco la palabra de los hombres.

“Desde que tú eres niño en México te enseñan que un papelito con una firma es muy importante para definir cosas futuras en tu vida. En Cuba no nos enseñan esas cosas, creo que tiene que ver con la crianza y el desarrollo”.

Si algo le ha sorprendido a los integrantes del Team es la actitud de muchos grupos mexicanos que piden la mitad antes de subir el escenario, la otra apenas bajando y ver todo el dinero antes de empezar.

“Mi trabajo es para el pueblo”

El Team de la Habana es profeta fuera de su tierra. Robertico asegura que ninguno de sus músicos tiene vínculo formal ni con él, ni con la marca. Todos trabajan con él por el gusto de hacerlo, por el convenio de la palabra y por la experiencia recogida.

No sólo trabajan, sino que viven. Una pequeña casa es albergue de toda una banda. Se respira energía, se respira comuna.

“Si tú le haces estas preguntas a una persona de aquí, probablemente no sepa qué responderte. Están acostumbrados, desde niños están con esa crianza, y salen y lo primero que te dicen es que su grupo cuesta tanto, y fírmame aquí”.

Otro cantar es con el gobierno. Finalmente, Robertico y su banda son embajadores de la cultura cubana, por así decirlo. Además, él está convencido de que el arte es del pueblo. Y su trabajo es del pueblo.

Debido a esto, el Team de la Habana ha tenido la oportunidad de interpretar su música en plazas públicas en eventos organizados por diferentes órdenes de gobierno en Querétaro. De aquí, Robertico ha sacado sus peores experiencias.

“Me he encontrado personas a las que les he dicho que mi trabajo es para el pueblo, si él no tiene con qué pagarme. Hemos hecho conciertos gratis en el centro, del Día de la Familia o el Día de las Madres, por ejemplo. Les he regalado el concierto, pero en realidad se lo doy al pueblo.

“Pero en otra ocasión me dijeron que me iban a pagar, y no me pagan. Si tú sabes que te lo voy a hacer gratis, ¿para qué me dices que me vas a pagar? ¿Por qué las mentiras?”.

Trabajar con empresarios privados y con el gobierno es diferente. En un año, Robertico ya lo sabe. Aunque acepta que cada uno tienes sus pros y sus contras.

“Cuando uno trabaja con un empresario, tiene más visión, es el medio en el que se relaciona. Pero me gusta trabajar en el gobierno porque te dan más el respeto de artista. En un antro puede ser que te paguen más rápido y mejor, pero te tratan como un empleado. Con el gobierno te dan el respeto del artista. Pero el antrero sí es más seguro en cuanto al pago”, expresa.

Y es ese trato de los locales comerciales el que más lastima a Robertico. Él asegura que el Team de la Habana es un grupo de carrera, no una banda que se formó para trabajar en antros y bares.

Mientras aquí cuesta 5 mil pesos registrar el nombre del grupo, en Cuba es gratis

Robertico se sabe artista, escribe sus canciones y las interpreta, al mismo tiempo que realiza covers de otras bandas, requerimiento básico para trabajar en estos lugares. Pero el pronto cheque no es la felicidad total para él.

“Te llegas a sentir de todas las formas, soy de las personas que dicen que si tú no te respetas, nadie lo va a hacer. Yo respeto mi trabajo muchísimo. Pero sí en ocasiones me he llegado a sentir sin respeto y me molesta.

“Quizá a un grupo que hace solamente covers y lo hace por hacer un grupo nada más, pero nosotros que hacemos música, tenemos que ser creativos, pues molesta que te traten como un empleado más”.

Robertico es, precisamente, un artista. Y como artista, el registro de su obra es un requisito en básico. Eso hasta en Cuba. Lo que cambia son las formas… y como no podía ser de otra forma, los costos.

“En Cuba registrar una canción te sale en 10 pesos cubanos, que representan más o menos 50 centavos de dólar, y aquí te sale en 177 pesos mexicanos. Fuera de eso es exactamente lo mismo.

“Pero la diferencia más grande fue el registro del nombre. En Cuba sale totalmente gratis, sólo cotejan que nadie más lo tenga, y te queda. Aquí cuesta cinco mil pesos. No entiendo la diferencia, y no es de por vida, hay que renovarlo cada año o dos”.

Las diferencias pululan. Sorprende además que sea en un ámbito tan concreto como la música. Otra figura infernal de la concepción capitalista se asoma en la conversación: el manager.

En Cuba hay managers, dice Robertico. Él mismo tiene uno, más concretamente una empresa, en Cuba. Pero esta empresa trabaja para el Ministerio de Cultura. Pura difusión y gestión cultural.

“En Cuba el manager responde al director del grupo, a lo que yo impongo en nuestro caso. Yo le digo lo que quiero hacer y en esa base él funciona, le pago una parte de las ganancias, pero bajo lo que yo digo.

“En los países capitalistas el manager viene siendo un empresario. Tú eres el producto, él te vende, te hace, te saca y cobra. Hace de ti lo que él entiende que debes de ser tú para que triunfes. En Cuba no es así”.

En el capitalismo priva la desconfianza

Robertico se las ha visto negras, como dicen en Cuba. El dinero muchas veces ha faltado, pero nunca ha tenido un trabajo que no tenga que ver con la música. Durante dos años compartió la profesión y el placer de la música con otra actividad.

Estudió Matemáticas Cibernéticas en la Universidad de La Habana. La dejó a medio camino porque resultó imposible compaginar la pasión estética con el talento y capacidad mental.

El director del Team de la Habana cierra una conversación muy cálida, en la humilde sala de su casa. Músicos entran, músicos salen. Nadie tiene llave. Su casa es como en Cuba, las puertas siempre abiertas. Durante la hora de conversación, Robertico pone los cigarros en la mesa.

“Las personas en México y en Cuba se parecen mucho”, dice Robertico. Tiene amigos aquí, incluso dice tener una familia, personas que lo acogieron como a un hijo y con quienes está muy agradecido. Pero la diferencia está en la entrada. Lo que separa a Cuba y México, más que el Golfo de México, es el valor de la confianza.

“Se vive muy rápido en el capitalismo. México tiene mucho en común con Cuba en cuanto a las personas, pero tiene puntos muy diferentes por la cultura capitalista. He vivido en varios lugares de Querétaro, en Cancún, Mérida, el DF y en Guadalajara, y no te puedo decir el nombre de tres vecinos míos.

“En Cuba me conozco la cuadra, el barrio y la manzana. Me mudé a un lugar nuevo allá y en tres meses ya conocía a todo el mundo. Aquí, ya cuando las conoces se es tan amigo como allá, ése no es problema, pero lo difícil es la entrada. Tú a tú asunto y yo al mío, esa desconfianza la da el capitalismo”.

La conversación se extiende. La entrevista se ha terminado pero la plática es riquísima. Robertico acompaña a la puerta. Está viviendo sus últimos días en Querétaro.

En pocas semanas estará en Cuba disfrutando de su familia, y pronto de regreso en México para seguir el sueño. Y así, el Team de la Habana seguirá enseñándole a este país, lo que es la Timba cubana.

 

 

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