“DENTRO DE MÍ”: ADOLESCENCIA

‘Buenas tardes Óscar. Mi hija Luciana fue beneficiaria del PECDA, la convocatoria 2024, y presentará su pieza coreográfica en la inauguración de la muestra PECDA, el jueves 8 de mayo, en la Galería Libertad a las 18:30 horas. Es un evento organizado por la Secretaría de Cultura del Gobierno del Estado de Querétaro. Me gustaría que estuviera presente. Le agradezco de antemano. Saludos.’
Teniendo memoria queretana de Juan Olvera Cordero desde las lecciones tomadas en un aula universitaria dedicada al ballet, con el bailarín cubano Fernando Jhones; su paso por el Colegio Nacional de Danza Contemporánea como integrante de la única generación que optó por la Coreografía como salida de licenciatura; como bailarín y coreógrafo del Ballet Clásico y Contemporáneo “Jorge Bustabad”, y maestro de danza en el taller de dicho ensamble. Tras la muerte del bailarín y coreógrafo cubano, y todavía con el nombre del artista antillano, Juan y Daniela Camacho Trejo-Luna, haciendo nueva cabeza del ensamble dancístico, presentaron en el Teatro del Seguro Social un programa que incluía la coreografía “Anima Mundi”. «Ahí está su nombre», les dije, y así ha sido desde 2007, pues parentela, que ni al funeral asistió, aparecieron para monetizar el uso del nombre del fenecido. He atestiguado desde los tiempos de Jorge y después con Juan y Daniela, en el salón ocupado en las antiguas instalaciones de Sol y luna, al mando de la pintora Lily Wüotto, en la pequeña calle de Ángela Peralta, frente al templo de San Antonio de Padua, la creación y preparación de montajes y la impartición de enseñanza y entrenamiento dancístico.

Juan y Daniela, haciendo la vida con la docencia de la danza y con ésta misma, no quisieron dejar a su primogénita al cuidado de nadie. Tratándose de Asistencia y Puntualidad, si materia fuera, Luciana Cordero Camacho siempre estuvo en el Cuadro de Honor de la escuela-estudio de la compañía Anima Mundi Danza Contemporánea, sin salir del Centro Histórico queretano, pero en la calle de Madero, a media cuadra de Ezequiel Montes.
En la camaradería con otras alumnas, Luciana tomó nota del Centro de Educación Artística (CEDART) “Ignacio Mariano de las Casas”. Ahí acreditó sus estudios de Secundaria. La afirmación ‘cursó’, en medio del aislamiento pandémico, quizá resultaría exagerada para las artes escénicas, tan demandantes de convivencia, trato personal y personalizado, mínimo el contacto visual. Media etapa la hizo en línea. Tengo entendido que las peripecias de docentes y alumnado para inventarse espacios de actuación y filmación harían un expediente muy choncho de creatividad y desesperación.
Vaya que la trillada sabiduría popular ha perdido cartel y confiabilidad. “Enero y febrero, desviejadero” yace RIP. Además de correr mayo, en lapso de treinta días, contamos con el mutis eterno de Fernando Flores Trejo, escenógrafo, Tonatiuh Pérez Molina, bailarín, David Hernández Quintero, maestro de teatro y director escénico, y Ulises Rangel Pérez, bailarín y coreógrafo, que ni canas alcanzaron a peinar, o escasísimas. (Nótese la parcialidad genérica de la Parca).
La comunicación dominical de Juan, 4 de mayo, resultó gratísima. «¡PECDA vive!», me dije. «¡Cuan gratificante experiencia deben vivir estos padres!», identificados entre sí desde sus siete años estudiantiles en el Colegio Nacional de Danza Contemporánea.

La puntualización del proceso de creación de “DENTRO DE MÍ”, dentro del programa “Paso a pasito”, no deja tanto crédito artístico en Juan y Daniela, sino más bien en la creación y alimentación del contexto familiar, en un amplísimo sentido de entidad biopsicosocial.
Por entrevista telefónica con el padre, entendí que el motor de esta obra está en la inquietud personal e intelectual, surgida desde el manejo de la naciente adolescencia de Luciana. Sin que sea la muy bien puesta en Querétaro “Curva peligrosa”, del dramaturgo juarense Pilo Galindo.
Oriundo de Ciudad Netzahualcóyotl, Estado de México, Juan Olvera es un convencido de cuánto el arte y la cultura son un recurso para la superación de un ambiente poco, o nada, edificante, sino de pudrición y malvivencia. Sin embargo, ha decido lo más posible, no ser un manipulador del camino que Luciana escoja para recorrer por la vida. Inevitable el asombro y admiración del padre cuánto quiere ella hacer valiéndose de la danza. En la médula de su abordaje está la interlocución con sus pares: adolescentes en la Secundaria; las posibilidades de hacerla con la danza. Juan está consciente de la dureza despiadada de semejante público. (Recuerdo, en una función de “Diálogo entre jóvenes”, por parte del CNDC, en el Teatro del Seguro Social, el diálogo entre dos alumnos asistentes: «Si así dejan meter mano, yo si le entro».) De ocho presentaciones unipersonales, antes del jueves 8 de mayo en la Galería Libertad, gracias a las relaciones profesionales de sus padres con colegas docentes, le facilitaron la consecución de espacios y públicos, incluso ante una audiencia de setecientos escolares Luciana obtuvo la interlocución buscada: el encuentro adolescente, a lo adolescente. Retiene, con asombro y satisfacción, la intervención de una estudiante, cual se tratase de un libreto, despepitó o tradujo la expresión de Olvera Camacho, participante en la categoría Adolescentes Creadores Nuevos Talentos, reafirmándola en su inquietud e intención: la identificación adolescente, expresada en adolescente.

Cuando llevaba uno obra para la convocatoria “Premio Nacional de fotografía Francisco Barrera”, se acudía a la Galería Libertad, perfectamente identificable por su respectiva placa. Dos puertas de madera, de similar apariencia, al lado del restaurante “1810”, me dejaron indeciso por dónde acceder a la “Muestra PECDA-2024”. Dos mujeres en el escalón de entrada del portón derecho, me respondieron que ahí se encontraba dicha galería y ahí sucedería tal muestra.
Un ambiente distendido podría ser la intención de ausencia de sillas; por ningún lado, en el primer nivel, había un tablado o un entarimado, tampoco ningún espacio reservado con linóleum. Mala señal, me dije, de chambonería, de desconocimiento o incomprensión del trabajo dancístico.
Creo que a esta distensión la llaman gentrificación. Dos perros también recorrieron la sala, uno grandote, babeante, y otro pequeño, lamiendo las babas caídas; adolecían de la galanura tanto como los individuos, en fachas veraniegas, que sostenían el extremo más elevado de las correas. Hablaron unos burócratas, ellas con más gracia que ellos. Desfajado y despeinado, uno pasaría por beodo, a media calle, máxime en día de quincena. Tras el segundo vaso servido de las vitroleras, habría que tomar con previsión y precaución un tercero, me comentó un asistente robusto.
Los burócratas terminaron sus alocuciones casi al conjuro de: ¡Hagan una rueda!, equivalente al reclamo del merolico callejero: ¡Atrás de la línea, que estoy trabajando! Tendría lugar la actuación de Luciana Olvera Camacho. La maestra de ceremonias, patito, le antepuso el remoquete de ‘maestra’. Adolescentes no hubo, tampoco conversatorio. El eterno chupagratis de muchísimas inauguraciones culturales, no dejaba de circular como mosco fumigado. Bien que con esta actuación, Luciana Olvera Camacho cerró la primera temporada de “Dentro de mí”. Ojalá la chambonería de los burócratas culturales y la descuacharranguez pierdan carta de naturalidad. Muy de agradecerse la climatización del local. No estaría de más avisarlo para aquellos que resienten los cambios bruscos de temperatura. El cuidado de la salud en el país continúa siendo una extravagancia: nos la han prometido danesa, pero han traído personal antillano, hasta Marx Arriaga —perla de la lealtad, más que la competencia— tiene un dislate geográfico; la gentrificación cultural resulta pecata minuta.



