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Denuncia profesor de la UAQ extorsión de Policía Federal

“Por no llevar a cabo un acto inmoral… que se llama soborno, soy el que paga las consecuencias”, lamentó Lutz Alexander, académico de la UAQ

Por: Redacción

Foto:Mariana Díaz

Cuando Lutz Alexander Keferstein se orilló en su automóvil la madrugada del 16 de septiembre para atender la señal de una patrulla de la Policía Federal a las afueras de la ciudad, no imaginó que las siguientes horas transcurrirían en una agencia del Ministerio Público, y menos, que en los días siguientes debería comprobar ante la autoridad que el vehículo le pertenece.

 

Todo inició cuando tres elementos de la Policía Federal lo detuvieron al tiempo que regresaba de Dolores Hidalgo, Guanajuato, bajo el argumento de que conducía a exceso de velocidad.

“Se acercó uno de los oficiales y me pidió mi licencia de manejo”, recordó.

Luego de la parafernalia que los elementos policiacos acostumbran llevar a cabo antes de pedir al conductor que salga de su vehículo, el federal le dijo que no era válido el permiso para circular de su automóvil, recién sacado de la agencia automotriz.

Más tarde, en la agencia del Ministerio Público, otro de los elementos se preguntaría en voz alta cómo es que un doctor que imparte clases en la Facultad de Filosofía de la Universidad Autónoma de Querétaro no sepa la forma en que se solucionan esas cosas.

En ese momento, le dijeron que tendrían que remitirlo al ministerio público porque el permiso con que circulaba ya no podía expedirse en las agencias, cosa que Keferstein no sólo aceptó sin objeción alguna, sino que invitó a los elementos a llevar a cabo el procedimiento necesario.

“Lo primero que uno piensa es ‘estos cuates quieren inventarme absolutamente cualquier cosa con tal de posteriormente pedirme dinero’”.

El trayecto rumbo a las instalaciones de la Policía Federal en Querétaro estuvo plagado de dudas. “No confío en los policías. Vivimos en un país en donde de unos años para acá se ha puesto sumamente violento el asunto. Tú ves a cada rato en las noticias cómo presentan personas como habiendo cometido un delito, cuando en realidad no lo cometieron”.

Por eso, al seguir a la patrulla 12701, que se conducía por las principales avenidas de la ciudad a altas velocidades con su licencia de conducir, optó por llamar al 088 y enterar a quien se encontraba del otro lado de la línea de la situación en la que se encontraba.

“No hay un solo indicador que te diga, que te haga suponer, que puedes confiar en que la autoridad con la que estás tratando es honesta, si te para sin ningún motivo”.

Sin despegarse del manos libres, Keferstein hizo lo que los policías le indicaron y colocó su vehículo hasta el fondo del estacionamiento, no sin antes cuestionarse “¿por qué tengo yo que meter mi vehículo a este lugar, y más hasta el fondo?”.

Cuando los policías se percataron de que los había reportado, la situación atestiguó un giro de 180 grados: “nosotros ya lo íbamos a dejar ir”, recordó que le dijo uno de los elementos.

Indignado porque a raíz de su reporte tendrían que levantar un acta, e ir al Ministerio Público para que Keferstein comprobara que su permiso de circulación era legítimo, el policía no comprendió cómo alguien tan letrado no entendiera que esas cosas se solucionan fácilmente, y de otra manera.

Al final, su auto recién sacado de la agencia fue puesto a disposición del Ministerio Público y el incidente fue suscrito en la averiguación previa 3A/1884/2012, dado que la pericia y experiencia de los uniformados les permitió encontrar elementos suficientes para suponer que el permiso de circulación podría ser falso.

“Es una burla (…)… por no dejarme extorsionar, y por no llevar a cabo un acto inmoral (…) que se llama soborno, soy el que paga las consecuencias”.

A la fecha, y tras no rebasar los tres meses de establecerse en el estado de Querétaro, ha tenido que presentar todo tipo de papeles que prueben la validez de su permiso de circulación, que el automóvil no es robado y hasta ha tenido que recurrir a dos testigos para que den fe de su persona.

Le enfurece que los ciudadanos más honestos sean los que pagan la corrupción del país. Si le entras al círculo de corrupción, dijo, las cosas ruedan. Si no le entras, se traba el engranaje del sistema.

Ellos saben, lamentó, que no hizo nada y que el permiso de circulación no es apócrifo. “Ya uno no sabe qué tanto pueda confiar en las autoridades mexicanas”, concluyó.

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