Deportes

Gol contra el machismo

Cuando pensamos en deporte, por lo general nos creamos una idea preconcebida socialmente: la gimnasia y los deportes de apreciación para las mujeres; los deportes de contacto y fuerza para los hombres. Así nos enseñaron, así lo aprendimos, así lo vivimos.

Esta idea también es una forma de violencia no solo porque ha retrasado la profesionalización de las ligas femeniles, sino porque, además, cosifica y sexualiza la figura de las mujeres deportistas.

La búsqueda de la equidad de género dentro del fútbol en México comenzó a finales del 2016, cuando fue aceptada en la Asamblea de Dueños de los equipos de la Liga BBVA MX, la iniciativa de la Federación Mexicana de Fútbol, de crear una liga femenil conformada por los equipos representativos que se encontraban en la Liga Mx varonil.

Fue así como se creó la Liga BBVA  MX femenil, que desde entonces, ha tenido 8 temporadas finalizadas. Este camino  aún se encuentra en construcción y las jugadoras se han topado  con desigualdad y falta de oportunidades, ya que las condiciones que enfrentan ni de cerca son similares a las que los varones viven dentro del fútbol.

El principal indicador de discriminación por razones de género lo encontramos cuando hablamos del salario.  La brecha salarial en el medio deportivo es diametralmente distinta entre mujeres y hombres  ya que estos, ganan aproximadamente  99.53 % más que las mujeres.

De acuerdo a datos emitidos por Sport Intelligence en su número especial, The Gender (In) Equality Issue, las jugadoras de la liga Mexicana en promedio tienen un salario anual de dos mil 184 dólares o su equivalente a 50 mil pesos; mientras que un jugador varón, puede llegar a ganar hasta tres millones 800 mil pesos mensuales.

Otro acto de violencia que recientemente mostró la discriminación y el machismo dentro de este deporte en nuestro país fue la solicitud realizada por la Federación Mexicana de Futbol para sancionar a la selección femenil en vez de sancionar a la varonil, luego de que la FIFA señalara el uso indebido del famoso grito homofóbico en los partidos de futbol en nuestro país.

Ante esto la jugadora de Pachuca Ana Paola Lopez decidió alzar la voz y dar su postura:

“Esto es no tener madre. La audacia de la @FMF de pedir esto es reflejo del mismo fenómeno detrás del grito homofóbico por el que nos sancionaron: una cultura discriminatoria, que 1) la manifestamos inconscientemente en todos los niveles.  2) No creemos que es sancionable.”

Pero la desigualdad no queda únicamente en la brecha salarial, los castigos injustificados y el fútbol, en los recientes juegos Olímpicos de Tokio 2020, pudimos ser testigos de varios indicadores de violencia, como la cosificación de la mujer a través de los uniformes.

La cosificación de la mujer es cuando se hace  uso de su imagen para fines que no la dignifican como ser humano. En estos juegos olímpicos el equipo de Balonmano de Playa de Noruega fue sancionado con una multa de mil 764 dólares, debido a que las atletas decidieron dejar de usar el diminuto uniforme que establece la Federación y utilizar uno que las hiciera sentir cómodas y desempeñarse de la mejor manera. 

Los uniformes de sus similares de la varonil están comprendidos por una playera de Tirantes y un short, mientras que las mujeres utilizan un top deportivo y la parte inferior de un bikini; ¿Si los hombres pueden jugar a la perfección con shorts por qué las mujeres no podrían hacerlo y por qué deberían ser sancionadas por esto? Este es un claro ejemplo de cosificación y sexualización de las atletas.

Por su parte la selección alemana de gimnasia decidió llevar a los olímpicos la lucha contra la sexualización, utilizando un leotardo de cuerpo completo en todas sus presentaciones ya que para las deportistas es muy importante sentirse cómodas y eso incluye no sentirse sexualizadas por la ropa que están utilizando.

Antes de los Olímpicos la   gimnasta Elisabeth Seitz declaró a los medios que “Puede haber diferentes opiniones al respecto. Y eso también está perfectamente bien. Pero lo que ya no debería existir son las gimnastas que ya no quieren practicar el deporte debido a sus atuendos ajustados. Y debería haber incluso menos gimnastas que se sientan sexualizadas.”

Si bien es cierto, el camino del reconocimiento apenas comienza, el paso ya está dado y ahora toca a las instituciones promotoras del deporte, aceptar y modificar sus estructuras para incluir con una perspectiva de género, a hombres y mujeres por igual. Que ninguna se sienta usada, excluida o violentada mientras lo que buscamos es destacar en igualdad.

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