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Mari Lara: “La vida es como una jugada de ajedrez” sumérgete en este mundo de destreza y habilidad

San Juan del Río, Qro. – De sus 22 años de edad, los últimos 15 los ha entregado al ajedrez, una gran pasión la ha llevado a recorrer México y tres países latinoamericanos. Su mira la tiene puesta hoy en Rusia, nación que congrega a los mejores talentos de este deporte-ciencia. Dice tener algo muy claro: el ajedrez es su vida y no se retirará sino hasta el fin de los tiempos. Ha hecho del ajedrez “un estilo de vida” pues lo tiene ya integrado en su existencia.

María Elizabeth Lara Santana, mejor conocida como “Mari Lara”, además de dedicar su vida en este ejercicio, es educadora de este deporte intelectual en que empezó a dar algunas clases particulares aproximadamente desde los 18 años. Posteriormente, se integró a un colegio llamada “Instituto Mexicano del Ajedrez”, una escuela nacional conectada en todo el país, en la que ella imparte clases en línea, ¿Pero fue acaso el destino, que la orillo a perseguir el ajedrez?, ¿Como se dio cuenta que en realidad es lo que le apasionaba?

Bueno, pues en su trayectoria como jugadora, Mari Lara, con amabilidad nos platicó un poco de su vida y de este deporte tan complejo.


“Cuando empecé a jugar tenía siete años, te voy a ser sincera, a mí no me gustaba el ajedrez. Yo estaba chiquita, todavía no sabía jugar, pero mis hermanos sí. Mi papá es de las personas que aprendía algo, llegaba a la casa y nos lo enseñaba. Nos enseñaba a jugar algún deporte, algún juego de mesa y, un día causal, llegó con el ajedrez a enseñarle a mis hermanos. Como yo era muy pequeña no me enseñó a mí, pero yo de curiosa veía como estaban jugando, me quedaba muy atenta a lo que hacían, porque me causaba mucha curiosidad lo que estaba pasando”.

Mari Lara continuó relatando: “Mi hermano grande un día me enseñó, y empecé a jugar con él. Un día me hizo una pregunta muy importante: ´Oye, ¿te gustaría ir a participar a los torneos de ajedrez? ´ Ya sabes que como niños no sabemos decir a veces que no, porque normalmente decimos que sí a todo. Pues se dio cuenta de que era yo buena. Le agradezco a mi hermano Marco, que fue mi entrenador muchísimo tiempo, ya que siempre buscaba la forma de llevarme a los torneos y pagarme las competencias”.

“Yo decía si a todo a lo que me preguntaba él. Entonces empecé a jugar torneos, y ahí empezó a gustarme. Al principio, lo hacía porque prácticamente me sentía como obligada, pero una vez que empecé a involucrarme un poquito más en los torneos, con las personas y los viajes, fue cuando me empezó a gusta”.

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