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Derechos, respeto y preservación: retos con la población indígena

Varias personas de origen indígena entrevistadas por este medio señalaron que el gobierno ya no debe de usarlos como un “atractivo turístico” y que la gente debe de verlos como personas que también pueden aportar algo a la sociedad.

Según el delegado estatal de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI), Aurelio Sigala Páez, los principales temas por atender en Querétaro respecto a los pueblos indígenas son el reconocimiento legal de los derechos de sus comunidades, fomentar el desarrollo socioeconómico y la preservación de sus identidades culturales.

Respecto al reconocimiento de derechos, Sigala Páez señaló que es necesario “armonizar” las leyes estatales con respecto a la Ley de la CDI en diversas materias como salud y educación, así como necesidades particulares, como los servicios de intérpretes y traductores.

Actualmente los pueblos indígenas representan una minoría a niveles geográficos desde lo local a lo nacional. Las principales problemáticas que enfrentan los pueblos indígenas se relacionan con sus derechos, el desarrollo social y económico, la organización y participación de sus sociedades en el diseño y coordinación gubernamental, la preservación y el fomento a su patrimonio cultural y la inclusión social.

En torno al empleo y desarrollo socioeconómico, el delegado estatal señaló: “tenemos un estado con 80 mil personas de origen indígena, de los cuales todos los del semidesierto no tienen programas productivos. Trabajan en la ciudad, de albañiles, en los servicios, pero particularmente las personas indígenas de Amealco tienen una alta tasa de migración a las ciudades, principalmente hacia Ciudad de México, León, Guadalajara, Toluca, Querétaro mismo. [La migración] impacta también en la cohesión de la vida familiar y comunitaria”.

Indigenas provienentes de la comunidad de San Idelfonso que trabajan en las calles de Querétaro explicaron que muchos se dedican a la venta de muñecas porque es más redituable que otros empleos, como la albañilería, en el cual pagaban mil 200 a la semana. Afirmaron que no sólo se dedican a la venta de muñecas, sino también a la producción y compra. Destacaron que otro giro comercial al que recurren es la venta de dulces y ropa.

Sigala Páez agregó que el fenómeno de la migración también impacta por el cambio sociocultural que tienen los individuos en entornos ajenos a su comunidad, con lo que “problemas que traen, como adicciones, cuando vuelven a su pueblo natal, evidentemente rompen también con las costumbres y tradición de la comunidad”.

Margarita y Elena, comerciantes originarias de Chiapas, señalaron que desde hace dos años radican en la ciudad; no obstante, antes se dedicaban a la agricultura pero indicaron que no era tan redituable como la venta de muñecas. Ambas reciben un apoyo de Chiapas para pagar su renta en la ciudad; sin embargo, de la administración queretana afirmaron no haber recibido algún apoyo hasta el momento.

Alejandro Vázquez Estrada, investigador de la Facultad de Filosofía de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ), mencionó que el proceso de migración de Amealco hacia Querétaro es un fenómeno con 60 años de antigüedad. Enfatizó que hace falta hacer intervenciones culturales por parte de los municipios para establecer formas de comunicación con ciudadanos que provienen de otros grupos étnicos, ya que existen más de 26 grupos etnolingüísticos a nivel nacional que implican una lógica intercultural y hacia otros pueblos.

Indígenas, una mercancía turística

La excoordinadora de la licenciatura en Sociología de la UAQ, Lorena Erika Franco Osorio, señaló que los indígenas son usados como mercancía, además de ser parte del folklor de la ciudad. Sin embargo, destacó que esto es usado como una estrategia de la población indígena para la venta de sus productos, ya que a pesar de tener una herencia o una cosmovisión, tienen la capacidad de crear más y poder lucrar.

Varios de los comerciantes y personas de origen indígena entrevistadas se quejaron al decir que el gobierno ya no debe de usarlos como un “atractivo turistico” y que la gente debe de verlos como personas que también pueden aportar algo a la sociedad.

La académica de la UAQ explicó que la migración indígena se presenta de manera interna e internacional; se detonó en la década de los sesenta y en la entidad queretana se dio principalmente por personas de Huimilpan hacia la Ciudad de México, en el “periodo bracero”. Recordó que los primeros migrantes tenían “un mejor trato” que incluía transporte y prestaciones auspiciadas por el gobierno.

Franco Osorio señaló que cuando las -mal llamadas- “marías” llegaron a la capital se dedicaron al comercio de artesanías. Con el paso de los años tuvieron una demanda importante, con lo que lograron desarrollar un nicho de mercado en el turismo. Destacó que no puede existir una pérdida de cultura a pesar de los procesos migratorios. Explicó que en esta transición los indígenas tienen a conservar su cultura.

Franco Osornio destacó que algunas de las medidas para erradicar la pobreza es un fortalecimiento del mercado interno y la creación de políticas públicas que ayuden a las necesidades de todos los sectores de la población.

Abusos de “inspectores”

Personas de origen otomí que se dedican a la venta de “canasta” en las calles del centro de Querétaro indicaron que constantemente tienen problemas con inspectores, personajes que no señalan de qué dependencia provienen, los obligan a desplazarse a otro sitio a vender sus productos o se los decomisan sin decirles en dónde acudir a recogerlos. La multa que han pagado algunos de ellos ha sido de 100 pesos, cuando encuentran dónde hacerlo.

Josefina Asunción, proveniente del municipio de Amelaco se dedica a la venta de servilletas bordadas y chalinas. Lamentó que a pesar de contar con un permiso para vender, los inspectores tratan de quitarle su mercancía. Afirmó que se quedan en la ciudad cuatro días a trabajar y regresan a pasar otros tres a su pueblo de origen, a pesar de las dificultades.

La vendedora indicó que cuando están enfermas buscan apoyo del programa de inclusión social Prospera para adquirir medicamentos; sin embargo, señaló que no siempre las atienden, por lo que tienen que recurrir al Seguro Popular o al Hospital General.

Defensa de lo inmaterial

En el tema de la preservación cultural, Sigala Páez indicó que es necesario el fomento a la protección de sus identidades en lo relativo a la lengua, el idioma escrito, las tradiciones, los usos y costumbres, así como el resto de aspectos que “dan valor a la cultura indígena como la comida, el vestido, la música, sus festividades y danzas”.

Respecto al fortalecimiento de las culturas indígenas, indicó: “particularmente hay algunas instituciones que tienen programas -aunque marginales- para ello. Nosotros tenemos un programa de fortalecimiento cultural de las comunidades… cada año les damos recursos a diferentes grupos de Amealco, Tolimán, Cadereyta, para todo lo que es la ritualidad”.

Sigala Páez resaltó también los programas de preservación lingüística que llevan a través de talleres literarios en cuatro municipios y mediante clases de lenguaje entre adultos y jóvenes. “Hay toda una serie de programas, pero hay que fortalecerlo. Generalmente los recursos públicos se van a obra social -a obras de estas que se ven- pero estos aspectos culturales que son inmateriales tenemos que dedicarles más recursos”, señaló.

Conservar la cultura

Es difícil que un joven indígena o una muchacha se case con un mestizo o joven de la ciudad. Cuando sucede, existe un proceso de sincretismo, pero eso sucede muy raras veces. Se casan con gente de su propia comunidad para conservar su cultura” explicó la investigadora de la UAQ, Lorena Franco Ororio.

Los vendedores concordaron en que aún se conserva la cultura en sus hijos. Ya que para ir a la escuela llevan su vestimenta bordada, pero subrayaron que los niños ya no quieren ir vestidos así; pues ahora quieren usar pantalón de mezclilla. Destacaron que a pesar de su constante migración conservan tradiciones como la preparación de comida con nopales, esquites o nixtamal, además enseñar otomí a sus hijos y mostrarles vestimentas típicas.

“Querétaro, desde el punto de vista del reconocimiento por parte de la sociedad, yo percibo ahora menor discriminación que hace 10 años. En contraparte, hay un mayor apego y orgullo de la identidad de las personas de origen indígena. Hoy los ves en las calles, con sus trajes, hablando ñañú, cosa que no se veía por temor, por miedo y por una sociedad mucho más excluyente”, indicó el delegado.

Catalina Margarita García, también originaria de Amealco, explicó que se dedica a la venta de muñecas desde hace 20 años. Destacó que en todo el tiempo que lleva en la ciudad, el trato con la gente ha sido amable y señaló nunca haber sido discriminada de alguna manera.

Por su parte, Vázquez Estrada, también excoordinador de la licenciatura en Antropología de la UAQ, destacó que la discriminación es generada por la sociedad ya que desconocen las culturas. Explicó que las medidas de prevención deben de ser promovidas por la sociedad.

José Antonio McGregor Campusano, coordinador de Gestión Cultural de la Facultad de Bellas Artes de la UAQ, señaló que las lenguas indígenas se pierden por culpa de las sociedades urbanas, ya que no se enseñan o mantienen un legado cultural de estas. Querétaro alcanza el segundo lugar del país en diversidad cultural por los 68 idiomas indígenas que condensa, pero advirtió que muchos de estos están a punto de extinguirse.

Más poblados, con más problemas

Sigala Páez indicó que los municipios con mayor población indígena en Querétaro son Amealco, Tolimán y Cadereyta. Especificó que Tolimán comparte con Colón una región cultural, pero también de problemáticas relacionadas a la densidad de población: “En la sierra hay muy pocas localidades indígenas y están muy dispersas. Sus actividades productivas son distintas a las de acá”.

Indicó que la mayoría de problemas relacionados a la CDI -los cuales provienen de aquellos tres municipios con mayor población indígena-, están relacionados a la violación de sus derechos, conflictos internos y delitos; aunque aclaró que la CDI sólo tiene competencia en ilícitos menores, pero cuentan con programas de asesoría legal, pago de fianzas y de intérpretes cuando son necesarios. Agregó que la comunidad otomíes de Querétaro es “muy participativa y muy propositiva”.

Herencia, sólo del “hombre”

Paula Porfirio Florentino, comerciante perteneciente a una comunidad otomí cerca de San Idelfonso, indicó que una de las principales causas de migración hacia la ciudad es la insuficiencia de oportunidades de trabajo para todos. Lamentó que cuando ya no pueden trabajar deben regresar a su pueblo, sin embargo, no tienen una “herencia”.

Si nos va bien como mujer, encontramos un marido que nos da lo que necesitamos y tenemos algo. Nunca tenemos nada porque la herencia es del hombre, no es de la mujer. En mi caso me quedé en Querétaro porque aquí vive mi mamá, pero en pueblo no tengo herencia”, comentó.

La comerciante destacó que el entonces alcalde Marcos Aguilar Vega anunció que dio permisos de comercio a 500 indigenas, sin embargo, indicó que ninguno de sus compañeros de trabajo obtuvo estas credenciales. Aunado a esto, explicó que trataron de hablar con la dependencia de inspección; sin embargo, no obtuvieron respuesta.

CDI y Congreso local aún sin mediación

Finalmente, Sigala Páez declaró que hasta el momento no ha habido acercamiento con la Comisión de Asuntos Indígenas del nuevo Congreso local, pero aseguró que la Ley de la CDI se actualiza constantemente.

El delegado estatal de la CDI acotó que a pesar de que la ley de derechos lingüísticos establece que a todas las personas que soliciten servicios públicos se les debe de atender en su idioma, “es muy complejo que todo mundo tenga sus intérpretes”. Indicó que algunas dependencias con intérpretes son las secretarías de Salud y la de Educación.

Catalina, comerciante de muñecas, opinó que no existe un apoyo de las autoridades. Explicó que desde hace un mes trató de que el Gobierno del Estado le ayudara para que sus dos hijas tuvieran uniformes escolares, pero hasta el momento no ha obtenido respuesta. En su pueblo natal no posee casa, por lo que tiene que quedarse en un albergue.

Querétaro, 150 comunidades

Querétaro pertenece a las regiones otomíes de Hidalgo-Querétaro y mazahua-otomí; no obstante, ninguno de los 18 municipios en los que cosiste es oficialmente indígena. Por otro lado, la población indígena ha incrementado desde 1990 hasta 2010 en casi 20 mil habitantes, al pasar de 36 mil 848 a 56 mil 664 individuos. En la región otomí de Hidalgo y Querétaro se excluyen los municipios de Tierra Blanca -Guanajuato- y Ezequiel Montes -Querétaro- pues no tienen núcleos importantes de población indígena.

De acuerdo con estimaciones recientes, la población indígena de Querétaro asciende acerca de 60 mil individuos, que en el 2010 representaba el 3 por ciento de la población estatal. La mayoría de la población indígena se encuentra distribuída en aproximadamente 150 comunidades. La otra parte de la población se localiza en la ciudad de Querétaro.

Los tres más poblados

La población indígena del estado está integrada por otomíes o ñañú. Representan el 80.8 por ciento de los hablantes de alguna de las lenguas indígenas en el estado. Los grupos otomíes se localizan, principalmente en los municipios de Amelaco y Tolimán mientras que en Cadereyta, Ezequiel Montes, Colón y Peñamiller existe una menor cantidad.

Acorde al documento ‘Regiones indígenas de México’ de la CDI y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) de México, el grupo otomí de Hidalgo y Querétaro es uno de los de mayor dispersión en la zona central del país, lo que dificulta la delimitación de una zona geográfica que incluya toda la población. Por ello, en esta región sólo se ha llegado a contabilizar el 25.2 por ciento del total de otomíes en el país.

Día de la raza, homenaje a españoles

El Día de la Raza en México se ha convertido en un “homenaje a la raza española y a la mezcla de razas, pero no en celebración de las razas autóctonas. Esas se recuerdan el 19 de abril, Día Americano del Indio, conmemoración que surgió en la década de 1940 y que a partir de los setenta se volvió cada vez más decadente, al menos en México”, dice el artículo Hay de fechas a fechas de Verónica Zárate Toscano.

Casi 400 años después de que Colón llegó a América, el 24 de septiembre de 1892, el Congreso de la Unión decretó que este día -y no el 12 de octubre-, fuera declarado fiesta nacional. En plena Revolución, a iniciativa del presidente Venustiano Carranza, se le denominó el “Día de la Raza”.

“Racismo” sutil

En México se piensa que el racismo es un problema entre personas “negras” y “blancas”, que se trata de segregación o simplemente de algo que sucede en otras partes del mundo. “Sin embargo, el racismo se da entre ‘menos güeritas’ y ‘más morenitas’; entre ‘diferentes’ y ‘normales’; entre ‘citadinos’ y ‘pueblerinos’; entre ‘indios’, ‘nacos’ o fuereños”, según una infografía del Instituto Mexicano de Derechos Humanos y Democracia (IMDHD).

“En términos generales, se puede afirmar que el racismo sucede cuando se descalifica a un individuo o grupo de personas por su forma de vivir, por su apariencia física, costumbres o color de piel”, indica la infografía.

Según el documento, esto sucede porque integrantes de un grupo dominante intentan conservar sus privilegios y su poder, usando como estrategia la imposición de ciertos parámetros (prejuicios y estereotipos) sobre otro grupo que está en desventaja. Estos parámetros, como decir que las personas blancas son más bonitas o exitosas o que “los indios tienen en su sangre el ser flojos”, no tienen ningún fundamento científico pero han logrado establecerse en nuestra sociedad como algo “natural”.

Máscaras de discriminación

Hay diferentes manifestaciones del racismo. Una clasificación del IMDHD es la siguiente: institucional (acciones públicas que favorecen una población -mestizos- y afectan o ignoran a otras como los indígenas o afrodescendientes), sistémico (cuando la sociedad en su conjunto piensa que son mejores que otras) e individual (prejuicios personales). “Mujeres y hombres en lo individual discriminamos; también lo hace nuestro gobierno a través de leyes y formas de hacer las cosas”, detalla el documento del Instituto.

“En el caso de México existe un racismo muy particular, que es resultado de una política de nación y Estado: el racismo hacia la población indígena. Este racismo es parte del proyecto nacional de mestizaje en el que la ‘raza de bronce’ producto de la mezcla de nuestra raíz española con la indígena, se valora, mientras que no se reconoce a los pueblos indígenas actuales como herederos de ese pasado glorioso prehispánico”, señala el documento.

En el párrafo cuarto del artículo 1 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos se prohíbe “toda discriminación motivada por origen étnico o nacional”, además de que existe la Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU), instituyó en 1966 el 21 de marzo como el Día Internacional para la Eliminación de la Discriminación Racial y el 2011 como el Año Internacional de loa Afro-descendientes. No obstante, hay que recordar que la ONU, a pesar de las varias declaraciones, conferencias, convenciones y tratados, su poder es prácticamente nulo en las decisiones de cualquier país soberano.

Los pueblos en números

Conforme al Censo de Población y Vivienda del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), para 2010 existía una población de 15.7 millones de indígenas en México. De estos, 6.6 millones eran hablantes de una lengua indígena, 9.1 millones no y 400 mil de los hablantes no se consideran indígenas.

Hasta los años 90 del siglo pasado, el único indicador con el que se contaba para identificar a la población indígena de México era la cifra global de aquellos que habían declarado hablar una lengua indígena, con edad mayor a los cinco años.

En grandes rasgos, existen 68 principales pueblos indígenas en México, pero al interior de los mismos existe una gran diversidad lingüística, cultural e incluso religiosa. De las poco más de 192 mil localidades del país, en 34 mil 263, el 40 por ciento o más de sus habitantes son indígenas. De ese total de localidades, casi 22 mil tienen menos de 100 habitantes.

Las áreas de mayor concentración de población indígena son las regiones interiores del país de difícil acceso y en zonas desérticas, montañosas o selva. Las regiones indígenas más notorias son la Tarahumara, la Huicot o Gran Nayar, la Maya, la Huasteca, la montaña de Guerrero, la Lacandona así como la Mixteca y los valles Centrales.

En más de 80 de las 176 Áreas Naturales Protegidas (ANP) de competencia federal, la presencia de 267 mil indígenas destaca que han preservado en buen estado los diversos ecosistemas y su biodiversidad, conservando así una parte importante del patrimonio natural del país.

La Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas identifica 25 regiones indígenas en 20 estados del país; sin embargo en todas las entidades federativas se encuentra población indígena. De los 2 mil 456 municipios existentes en México, 624 son indígenas y se concentran principalmente en los estados de Chiapas, Chihuahua, Guerrero, Hidalgo, Oaxaca, Puebla, San Luis Potosí, Veracruz y Yucatán. El municipio con mayor población indígena -el 97.4 por ciento- es San Juan Tepeuxila, del estado de Oaxaca.

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