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Desfile de las Flores, un jardín andante que exige el cese de la violencia en Cadereyta

Al llegar a la plaza principal había una multitud esperando el desfile floral. Traían consigo una gran energía.

Cadereyta de Montes, Qro. – El aire de esa mañana era fresco, casi frío, y el cielo más bien era gris. Pero no un gris de tristeza, más bien uno resplandeciente; era un día para el cual estaba reservada la alegría del color en las calles cadereytenses. El viento hacía bailar algunas de las hojas que caían de los árboles de la plaza de San Gaspar, lugar de salida para el tan esperado Desfile de las Flores en conmemoración del Día de la Mujer.

Poco a poco la plaza fue llenándose de mujeres, niñas, adolescentes y hombres; algunos se reunían en diversos grupos, otros compraban algún desayuno que ofrecían los diferentes puestos que rodeaban plaza. El tan agradable aroma de los tamales agotó su existencia de inmediato junto al exquisito atole, además de los típicos tacos de canasta. Otras más repartían claveles rojos a sus compañeras, todo ello para estar listos antes de arrancar con la caminata pacífica.

Al sonido de los tambores y trompetas de la banda de guerra de la escuela primaria Encarnación Cabrera, las personas se fueron colocando para dar inicio a este gran desfile. “A la mujer no se le toca ni con pétalo de una flor”, exclamó Isabel Olalde, encargada del área de Cultura del Municipio. Con aquella metáfora de las flores recuperó el momento preciso para exigir el respeto hacia las mujeres.

Durante el trayecto se sumaron más personas. Algunas, intrigadas por lo que ocurría, salían de sus casas para presenciarlo; se quedaban en las entradas de sus puertas y ventanas: gritaban y aplaudían a la marcha. En algunos de los negocios, las personas que se encontraban ahí dejaban de hacer lo que hacían para contemplar a las mujeres caminando, todas ellas con flores en la cabeza y manos, era como contemplar un bello jardín andante.

Al llegar a la plaza principal había una multitud esperando el desfile floral. Traían consigo una gran energía: niños sonrientes corriendo por toda la plaza, mujeres abrazándose y tomando fotografías: era una gran pintura de felicidad. Para continuar con más sonrisas y energía, se pusieron en acción los acordes de la banda de rock Le Shamue, recordándonos con la canción de Café Tacvba: “La vida es un gran baile y el mundo es un salón, y hay muchas parejas bailando a nuestro alrededor”.

Una vez disuelta esta gran multitud, en una de las últimas sillas azuladas del escenario estaba la única mujer que, en lugar de flores, portó una consigna, que decía: “¡Ni una más, Ni uno menos!”. Dobló cuidadosamente su cartel y lo guardó en su mochila azul cielo, como quien conserva un gran tesoro. Volteó a todo su alrededor y se fue lentamente, perdiéndose en una de las calles.

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